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Fabiola Santiago

El voto de Rubio por DeVos, la genuflexión más reciente ante Trump y el dinero

Los senadores Marco Rubio (centro) y Pat Toomey, en el Capitolio, Washington,el 3 de febrero.
Los senadores Marco Rubio (centro) y Pat Toomey, en el Capitolio, Washington,el 3 de febrero. AP

Decir de la recién confirmada secretaria de Educación Betsy DeVos que es una “activista por la opción de escuelas” es decir poco.

Ella es una amenaza para la educación pública.

DeVos nunca ha sido maestra, ni tampoco funcionaria escolar. Su misión en la vida no es educar en base a los fundamentos de la enseñanza: expandir la mente, desarrollar el pensamiento crítico y preparar a los más jóvenes para que puedan florecer en un mundo complejo. No, su propósito explícito es “propugnar el reino de Dios”. Como tal, ella ha sido una defensora de las escuelas religiosas y chárter con ánimo de lucro. Su idea de una buena educación implica el adoctrinamiento religioso de la misma manera en que las escuelas de un régimen totalitario requieren la militarización del pensamiento para que coincida con la plataforma del gobierno.

Todo esto hizo que DeVos fuera una de los más polémicos entre los nominados al Gabinete de Donald Trump. Y una vez más, el senador Marco Rubio estuvo en una posición en que podía hacer la diferencia. Pero no lo hizo.

Cientos de constituyentes lo llamaron y le escribieron cartas pidiéndole que votara “No” a la nominación de DeVos. Tantos trataron de contactarlo que su teléfono daba perennemente ocupado y su buzón de mensajes estaba siempre lleno. Dada la falta de experiencia de DeVos, la falta de preparación que demostró en sus audiencias de confirmación y otras deficiencias, demasiadas para poderlas enumerar, fingir que le importaba el destino de la educación pública era lo mínimo que Rubio podía haber hecho por los floridanos.

Pero DeVos fue siempre un voto de “Sí” seguro en el caso de Rubio, quien se mantuvo ausente de su puesto en el Senado durante los últimos cuatro años a un nivel crónico, pero que ahora está trabajando duro para validar la plataforma de un presidente a quien él calificó de “timador” durante su campaña.

Al postularse para ser reelegido en Miami, Rubio se vendió a sí mismo como un senador que ejercería su papel de control y contrapeso a la posible presidencia de Trump.

Pero su voto de confirmación para DeVos es la genuflexión más reciente por parte de Rubio ante Trump, y ante el dinero.

Primero estuvo el espectáculo entre Rex Tillerson y Marco Rubio en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado: el amigo de Vladimir Putin contra el senador y guerrero anticastrista. Rubio le debía la pelea a su base electoral cubana de Miami.

Rubio le fue arriba a Tillerson con toda la energía de un abogado litigante, interrogándolo y enfrentándose a él. ¿Diría Tillerson que Putin es un “criminal de guerra” en base a sus acciones en Siria? Tillerson dijo que él no lo llamaría así. Rubio dio toda una charla sobre derechos humanos. El echaba fuego. La Internet lo vitoreó. ¡Rubio estaba de vuelta en su trabajo!

Rubio pudo haber torpedeado la nominación de Tillerson allí mismito. Pero, como todos sabemos, él anunció en Facebook que iba a votar para confirmar su nominación. (La elocuencia del senador necesita más caracteres de los que Twitter le brinda.)

Y así lo hizo: se echó atrás y votó para confirmar al adorador de Putin y amigote de Trump.

Su voto a favor de DeVos, por muy deficiente que ella sea, no debería sorprender a nadie.

DeVos es una generosa donante republicana que contribuyó cientos de miles de dólares a los senadores republicanos que votaron el martes para confirmarla. De todo el dinero que ella y su familia, fundadores de la compañía de ventas estilo pirámide Amway, han dado a los republicanos electos al Congreso a través de los años, Rubio es el mayor beneficiario: $98,000, de acuerdo con el Centro por el Progreso Estadounidense (Center for American Progress).

Encima de eso, la multimillonaria DeVos es una partidaria descarada de las escuelas con afán de lucro. En la Florida, esas escuelas han proliferado como la mala yerba, gracias a una Legislatura y unos gobiernos locales dominados por los republicanos que aprueban la zonificación y la construcción de escuelas que desvían los fondos de la educación pública.

Así es que el comportamiento de Rubio con respecto a las preocupaciones de sus contribuyentes es consistente con la manera en que ignoró sus súplicas para que votara a favor de la Ley de Atención Médica Asequible y de que actuara con respecto a la reforma migratoria. A él no le importan aquellas personas que no piensan como él o que no pasan su examen ideológico.

Si fuera de verdad un senador que hiciera el papel de “control y contrapeso” como ha afirmado ser, Rubio podía haberlo hecho ya dos veces. Dos republicanos de Maine y Alaska rompieron filas con su partido y votaron con los demócratas para bloquear la nominación de DeVos. Solamente se necesitaba uno más.

Pero ¿por qué iba Rubio a apartarse de la política de su partido cuando republicanos respetados como John McCain votaron a favor de DeVos, y cuando el ex gobernador de la Florida Jeb Bush le dio su apoyo público, abriendo el paso a los republicanos razonables para que siguieran la línea de su partido?

Cuando la votación quedó empatada 50 a 50, el vicepresidente Mike Pence, un inveterado ideólogo católico, se lanzó a votar para salvarles la situación a Trump, DeVos y el Partido Republicano, el cual cuenta con la mejor oportunidad que haya tenido nunca para traer de vuelta el proselitismo a la educación pública.

De acuerdo con el historiador del Senado, esta fue la primera vez que se llamó al vicepresidente para romper un empate en una nominación al Gabinete presidencial. Pero, a pesar de todos los sentidos en que se está haciendo abominablemente famosa por ser la primera en esto o en aquello, la presidencia de Donald Trump está probando que nada es una casualidad.

La confirmación de Betsy DeVos es prueba fehaciente de que los republicanos se sienten como en su casa con el nuevo líder de su partido y con su plataforma.

Y el camaleónico senador de Miami no es la excepción de la regla.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2017, 8:33 p. m. with the headline "El voto de Rubio por DeVos, la genuflexión más reciente ante Trump y el dinero."

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