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Fabiola Santiago

Cuando alguien pide: ‘Recen por Las Vegas’, qué dice Dios sobre el control de armas

Ryan DiDonato, Heather Gyurina y Tracy Gyurina participan en una vigilia en por su amiga, Teresa Nicol Kimura y otras víctimas de la masacre en Las Vegas, en la escuela Sierra Vista Elementary en Placentia, California, el 8 de octubre.
Ryan DiDonato, Heather Gyurina y Tracy Gyurina participan en una vigilia en por su amiga, Teresa Nicol Kimura y otras víctimas de la masacre en Las Vegas, en la escuela Sierra Vista Elementary en Placentia, California, el 8 de octubre. AP

“Rece por Las Vegas.”

La frase se ve en las vallas de publicidad y memes en los medios sociales en momentos que la cifra de víctimas de una nueva matanza masiva en el país aumenta a 58 fallecidos hasta el momento y 489 heridos, esta vez obra de un hombre blanco de 64 años.

Esta vez ocurrió en un lugar distinto, un festival de música country, y la protagonizó otra clase de terrorista o loco (o las dos cosas), pero sigue usándose el mismo tipo de armas de asalto capaz de disparar en ráfagas.

Y no me queda otra cosa que preguntarle a todos los estadounidenses de buen corazón que acatan el llamado nacional a la oración: ¿Qué les dice Dios?

Ya oramos por Dallas, Orlando, Fort Lauderdale, San Bernardino, Colorado Springs, Roseburg, Chattanooga, Charleston, Marysville, Isla Vista, Killeen, Washington DC, Santa Mónica, Newtown, Brookfield, Minneapolis, Oak Creek, Aurora, Oakland, Seal Beach, Tucson, Manchester, Huntsville, Killeen, Binghamton, DeKalb, Omaha, Blacksburg… ¿sigo?

¿Se acuerdan de lo ocurrido en Columbine el 20 de abril de 1999, los 12 alumnos y un maestro que perecieron, y los 21 heridos?

Después de lo ocurrido, el lema del momento era: “Recordemos a Columbine”. Pero no lo recordamos, ¿cierto? No aprendimos las lecciones de horror de los dos alumnos que atacaron con armas de guerra el campus de una escuela secundaria, y los tiroteos masivos se convirtieron en la nueva norma; los asesinos suben la parada como si fuera un concurso por la mayor masacre a tiros en la historia de Estados Unidos.

No nos acordamos de Columbine con más propósito del que ahora rezamos por Las Vegas.

Los rezos no devuelven a los muertos. Las familias que han perdido a seres queridos siguen devastadas y adoloridas, sus vidas cambiaron para siempre, en un instante, por un disparo, que como dijo el presidente, es “un acto de pura maldad”. Una maldad perpetrada gracias a lo fácil que es comprar armas que no tienen lugar en una sociedad, pero que se venden como si fuera un servicio público, aunque el presidente Donald Trump, defensor de la NRA, no lo dijera.

¿Y qué vamos a hacer esta vez que no sea rezar para consolarnos a nosotros mismos y ocultar la culpa de preferir las armas por encima de la vida?

Todos sabemos con seguridad que un ser querido puede ser la próxima víctima. Es una ruleta rusa. En la próxima escuela, cine, centro de trabajo, festival de música, ahí caen los próximos.

Recen todo lo que quieran, hermanos y hermanas, lo necesitamos. Pero los gestos vacíos que no llevan a medidas significativas a raíz de lo ocurrido en Las Vegas no erradicarán las masacres en Estados Unidos.

En la Florida, donde el asesino de la masacre de Las Vegas vivió unos años, el gobernador ordenó que la bandera se izara a media asta en honor a las víctimas. Hay mucha hipocresía en que el gobernador haya echado mano a tal símbolo de una manera tan facilista.

Esta es una imagen más relevante: los cabilderos de la industria de las armas imponen su propósito en la Florida. Si los políticos pudieran modificar el sello de la Florida, diría “En las armas confiamos”. Un hecho incluso más relevante: en la Florida un menor es herido de bala cada 17 horas. El estado tiene el mayor índice de muertes accidentales de niños por armas de fuego, pero las muertes como la de una niña de 4 años en Tampa, que metió la mano en el bolso de su abuela buscando caramelos y sacó un arma y se disparó no provoca la menor reacción, más allá de la curiosidad. Agréguese a esto la rutina de los adolescentes que balean a otros adolescentes y el cónyuge molesto que mata a tiros a una familia.

Sin embargo, en la administración del gobernador Rick Scott, la cultura de veneración a las armas ha llegado a nuevas alturas. La cantidad de fabricantes de armas establecidos en el estado se ha cuadruplicado, gracias a los incentivos fiscales para servir a los intereses de la poderosa National Rifle Association, que financia campañas políticas.

En junio pasado, la NRA se jactó de que Scott firmara dos proyectos de ley “que lo hemos exhortado a firmar”, que dejaron sin efecto cualquier “deber de retirarse” de una persona que porte armas, y dificulta a los jueces y fiscales llevar agresores ante la justicia en casos en que se alega la defensa propia. La aprobación de esos proyectos de ley fue obra de la Legislatura de la Florida, dominada por los republicanos, llena de biografías de legisladores que anuncian con orgullo que pertenecen a la NRA.

Las armas matan. Las armas no son para pelar manzanas o naranjas, ni para cortar vegetales o madera. Se fabrican con la única intención de matar.

Usted, rece si tiene que hacerlo, pero las vallas de publicidad y los memes sirven mejor para solicitar donaciones de sangre, dinero para enterrar a las víctimas y pagar los estudios universitarios a los huérfanos.

Rece si eso lo hace sentir mejor, pero vote con el mismo fervor y conciencia.

Rece para que todos los legisladores estatales y federales comprados por los cabilderos de la industria de las armas sean expulsados de sus cargos a través del voto, de manera que puedan aprobarse leyes sensatas sobre el control de armas. Los cabilderos de la NRA son cada vez más codiciosos. Imagínese un escenario incluso más sangriento que Las Vegas si la NRA se sale con la suya y consigue que se apruebe un absurdo proyecto de ley que se discute en el Congreso que contempla permitir la venta de silenciadores y balas que perforan chalecos antibalas como si fueran armas, es decir, como si fueran caramelos, disponibles en todas partes y dañinos.

Los rezos por Las Vegas deben llevar a un mayor control de las armas de fuego. El pecado original –y el gran mal de Estados Unidos– es la proliferación sin límites de las armas de asalto. Nadie necesita esas armas para proteger su hogar o su negocio. Tampoco las necesita para cazar.

Si hay un Dios escuchando las oraciones, tiene que habernos estado diciendo todos estos años que hagamos nuestra parte para ponerle fin a las matanzas.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de octubre de 2017, 2:16 p. m. with the headline "Cuando alguien pide: ‘Recen por Las Vegas’, qué dice Dios sobre el control de armas."

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