ORESTES RODRÍGUEZ: Y la libertad, ¿qué?
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.
Cervantes
Desde el pasado 17 de diciembre en que el presidente Obama anunció su política de restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen castrista, se ha desatado todo un enjambre de opiniones en pro y en contra de ese gesto sorprendente. El argumento que esgrime el presidente Obama es que ello constituye una vía para lograr la democratización de Cuba sobre la base de las inversiones, el turismo y otros rubros. Sin embargo, un examen objetivo de tal tesis informa que el Presidente está errático en su juicio y que, en resumidas cuentas, tal gesto no es más que oxigenar a un régimen que padece de un crónico y progresivo desgaste.
El criterio de que la política precedente durante más de cinco décadas no ha funcionado, no es así. Lo que no ha funcionado es no haberse cumplido las directrices del embargo tal y como fue concebido, como le fue aplicado a Sudáfrica en su momento exitosamente. A pesar del embargo, Cuba es el quinto socio comercial de EEUU, además de que Cuba puede comprar y vender sus productos a otras naciones, como ha venido realizando. Desde luego que el embargo no tuvo por finalidad la desaparición del sistema socialista.
La apertura de una embajada de EEUU en Cuba no resuelve el problema de fondo que padecemos los cubanos, como es el retorno a un Estado de Derecho, pues el régimen ha reiterado que su sistema no cambiará y que jamás regresarán al capitalismo, entendido como la plena libertad empresarial, con diferentes fuerzas productivas, que son ajenas a la supuesta apertura del régimen con limitadas producciones y, menos aún, que puedan ser comercializadas a través de la exportación. Todo continúa bajo el monopolio estatal.
El estancamiento político, económico, social y cultural de Cuba no se resuelve con débiles aperturas controladas por el Estado socialista, y cuando se alzan voces dentro de la isla recabando cambios profundos, como vienen realizando la oposición y disidencia interna, el resultado es el apresamiento de sus integrantes y, en su caso, el encarcelamiento, como es conocido.
El incremento del turismo desde esta orilla a la isla constituye una fuente de recursos para el régimen, puesto que los visitantes no podrán realizar ninguna labor política con el pueblo cubano, so pena de que sean regresados, ipso facto, al lugar de procedencia. En última instancia, al turista tampoco le interesa la situación en que se halla el pueblo, sino que solo va a la isla en función de distracción y disfrutar del panorama geográfico de suyo atractivo desde que Colón descubrió a la mayor de las Antillas.
Mientras tanto, se ha lanzado una nueva edición del libro Estados Unidos: el precio del poder, en el cual su autor, Alejandro Castro Espín, reafirma la política del régimen y que “cuando uno termina de leerlo (el libro) siente que tiene más argumentos para ser radicalmente antiimperialista”, lo que no genera mucho esfuerzo para entender que no existe la menor sombra de un real cambio en la isla y, simultáneamente, es un mensaje al presidente Obama de que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tienen que ajustarse a las directrices del régimen, con lo cual es bueno estimar que si la pretendida tesis de que no ha funcionado las medidas aplicadas al régimen durante más de cinco décadas, esta de ahora, emprendida por el presidente Obama, tampoco dará los resultados que arrojen la libertad del pueblo cubano.
¡Cómo recordamos al Quijote en su diálogo con Sancho, como se expresa en el frontispicio de este artículo!
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de marzo de 2015, 11:00 a. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Y la libertad, ¿qué?."