Desfile de modelos III: la educación en Cuba
Me bastó con un viaje a Cuba (el primero, en mayo del 2002) para comprobar la falsedad de otra de las tantas mentiras que la propaganda infantil dirigida desde Miami por alguno que otro “zorro” le quiere hacer creer a la humanidad toda: que los cubanos en la isla son gente sin educación que no sabe nada de lo que pasa en el mundo que los rodea... Y es que el cubano promedio que uno puede encontrar al azar, caminando por cualquier calle de La Habana (o en las de Miami, si se trata de un cubano llegado a ésta en los últimos treinta y tantos años, incluidos muchos que vinieron a través del Mariel) es infinitamente más educado, creativo, enterado y con mayor empatía con el resto del mundo (especialmente con el resto de nuestro hemisferio) que quienes se criaron aquí.
Esos cubanos a quienes ahora se les ha dificultado el acceso a los EEUU (es absurdo decir que les han cerrado las puertas) son diferentes a nosotros –y a los hombres y mujeres de otros pueblos– pero no son menos educados que nosotros. La educación en Cuba siempre tuvo muy buen nivel, pero es ridículo sostener que ese nivel decayó después de 1959, porque la evidencia es, claramente, otra.
Además, quienes se educan en Cuba, a pesar de vivir entre carencias y pasar necesidades ajenas a la experiencia de muchos de nosotros, no tienen la presión que tienen nuestros estudiantes, muchos de los cuales viven buena parte de sus vidas atribulados por la obligación de pagar las deudas siderales que contrajeron para poder estudiar: como la medicina, la educación en Cuba es gratuita.
Pero claro, uno no puede sino preguntarse cómo se justifica que un sistema capaz de educar y generar tanto talento, pueda sentirse luego acosado por quienes utilizan esa educación para cuestionarlo. Cómo se puede reprimir la brillantez de jóvenes como Karina Gálvez, la economista pinareña, o la creatividad de Danilo Maldonado Machado, más conocido como “el Sexto”, exponentes ambos del alto nivel educacional cubano, por el solo hecho de decir lo que piensan. A qué le teme ese sistema cuyos miedos lo llevan a “comerse” a sus propios hijos.
Para muchos la respuesta puede parecer obvia, pero para mí esa respuesta es lo de menos, porque esos temores, tarde o temprano, cederán ante ese caudal de talento. Lo que cuenta es el ejemplo que le dan hoy a otros muchos cubanos tanto Karina como Danilo.
Porque esa formación que recibieron Karina, Danilo y muchos otros cubanos, tiene, por necesidad, que convivir con una naturaleza humana que no es creación del sistema, aunque el sistema pueda, circunstancialmente, intentar condicionarla. Y es esa combinación de educación y naturaleza la que convierte a las generaciones más recientes de cubanos en la isla en el activo más importante con el que cuenta la nación cubana.
De ahí que basurear al sistema educacional cubano en aras de una vocación ventajera e infantil –y también circunstancial– por desacreditar todo lo hecho por la Revolución cubana no es sino una muestra más de la senilidad, la idiotez y la falta de ideas de algunos cubanos envenenados por sus sentimientos “anti” que todavía prefieren apostarle al Séptimo (al de caballería).
Yo le apuesto a cubanos como el Sexto, como Karina, y como otros muchos cubanos educados en Cuba diferentes a mí en muchas cosas, pero que me confirman la idiotez supina de quienes describen al ser humano como “un animal tan feroz que es necesario encadenarlo para que no destroce a dentelladas a su semejante”… Gente que así piensa tiene un represor en un rinconcito de su corazón, ya sea parte del sistema imperante en la isla o postulante para remplazarlo.
Abogado cubanoamericano, presidente de World Wide Title Inc.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2017, 5:01 a. m. with the headline "Desfile de modelos III: la educación en Cuba."