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Opinión Sobre Cuba

En Cuba, el que investiga termina siendo investigado

Una enorme pancarta con la imagen de un joven Fidel Castro es colocada sobre el edificio de la Biblioteca Nacional en La Habana, el 27 de noviembre del 2016.
Una enorme pancarta con la imagen de un joven Fidel Castro es colocada sobre el edificio de la Biblioteca Nacional en La Habana, el 27 de noviembre del 2016. AP

Es difícil encontrar información e ingresar a los archivos en Cuba.

Para acceder a la tesorería de la Biblioteca Nacional, por ejemplo, necesitas una carta de cierto centro laboral que te ampare, un documento del CDR o de alguna institución que responda por ti. No cualquiera puede entrar y sentarse a leer un periódico de otras décadas, certificados o documentos que puedan regalarte una pista sobre la historia oficial.

Todo esto se convierte en una trampa, pues, al pedir permiso para investigar ya estás siendo investigado.

En las venas de la memoria histórica habita el verdadero misterio de un país, los entresijos sociales, los pequeños residuos del ayer, los hechos que flotan entre paréntesis bordados de misterios que señalan a sus protagonistas como héroes o culpables.

La casa de Celia Sánchez –una de las colaboradoras más cercanas de Fidel Castro desde los tiempos de la Sierra Maestra– en La Habana se custodia con una posta en la calle 12 que resguarda, no solo aquel espacio construido como hogar para ella, su familia y Fidel. Ese apartamento de El Vedado almacenó con celo el verdadero intríngulis de lo que un día sucediera en la Sierra Maestra y los acontecimientos acaecidos durante los primeros años de la Revolución cubana, esos que algún día historiadores, autores literarios y académicos tendrán derecho a consultar y a descifrar.

En 1958 Celia le explica a Fidel la importancia de recoger para el futuro todos los documentos, pequeños papeles y pistas que explicarían la compleja realidad que ellos estaban viviendo.

“Hay muchos papeles sin importancia hoy, pero que para un futuro y para la historia serán de gran valor. Mi interés en esto ha sido para que cuando se escriba esta historia sea lo que realmente es y no dejen estos papeles escribir historietas. Nada prueba más que los documentos, por lo que todo importa después”.

En 1963 Celia procesa y archiva todos los manuscritos como parte de sus funciones como secretaria de Estado. El 4 de mayo de 1964 y bajo su iniciativa se funda la Oficina de Asuntos Históricos de Estado (OAHCE), que atesora más de 159,000 fondos fotográficos en 28 colecciones y más de 56,000 fondos documentales. Su apartamento quedaba ya pequeño a todos estos documentos, y así fue como se creó un espacio en el otrora Banco Hipotecario Mendoza, ubicado en el Palacio Aldama.

¿Supo Celia lo difícil que sería un día como hoy para una escritora cubana entrar a consultar este archivo?

Cómo penetrar estos asentamientos, quién o quiénes tienen el derecho a estudiar o a contar la historia. Me pregunto si no se han borrado, eliminado o expurgado zonas complejas de estos hechos.

Cuál será el período de tiempo en el que los documentos deben permanecer en los archivos de gestión y en los archivos centrales, antes de su destrucción o transferencia a los archivos históricos.

¿Quién vigila a la vigilancia histórica?

Si difícil es encontrar el modo de leer un periódico en una biblioteca normal, cómo acceder al nudo del conflicto épico y, bajo todas estas circunstancias, cómo creer en las batallas que se narran en los libros oficiales bajo esta situación de absoluto misterio.

Para acceder al Archivo Nacional se necesita también realizar un trámite, mediante una petición formal, carta personal (que se tomará o no en consideración) y o la carta oficial de una institución remitida a Martha Ferriol, directora de dicho archivo. Nadie puede entrar libremente a consultar ningún papel o libro dentro de este espacio u otros espacios de consulta. Debes explicar cuál es el destino final de tu investigación y esperar a ser o no ser aprobado.

En el artículo 7 del decreto ley No. 265/2009 “del sistema nacional de archivos de la república de Cuba” se plantea: “La dirección de cada archivo, atendiendo al estado de conservación, a la confidencialidad de la información que contienen, y a la protección de los derechos de las personas naturales y jurídicas refrendados legalmente, puede restringir el acceso a determinados documentos”.

Esto es comprensible pues en todas partes del mundo existe limitación o restricción, plazo de retención de ciertos documentos, y la desclasificación es parte paulatina del descongelamiento de la información teniendo en cuenta los compromisos históricos o éticos circunstanciales con esta memoria viva. Es lógico que no se pueda acceder a una zona aun vedada de la información, pero me pregunto por qué las bibliotecas no dejan fluir libremente a los curiosos asistentes sin necesidad de cartas oficiales. Por qué en dichas bibliotecas no hay libre acceso a internet, por qué entrar a ellas es como pasar una línea de fuego armada de tu carnet de identidad, un espacio vigilado, custodiado donde te hacen sentir culpable de lo que aun no has investigado.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de mayo de 2017, 8:51 p. m. with the headline "En Cuba, el que investiga termina siendo investigado."

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