Venezuela y Cuba, canteras de experiencias invalorables
Las historias de Cuba y Venezuela durante las últimas décadas son canteras inmensas de enseñanzas invalorables sobre los mejores modos de alcanzar la liberación de un pueblo, así como para evitar que en el futuro esos males vuelvan a repetirse, lecciones difíciles de resumir en un simple artículo. Pero es preciso, antes de un bosquejo sobre esas experiencias, detenernos entre las similitudes y diferencias entre ambas realidades.
En ambos casos el caudillo se impone como supuesta solución de problemas previos. Esto es, el nuevo líder se presenta como un salvador que llega a poner remedio a males que ya existían, lo cual nos recuerda la reflexión de Martí sobre “los peligros que tiene la idea socialista”. Uno de esos peligros era, para él, el de los ambiciosos que para imponerse, se presentan como “frenéticos defensores de los desamparados”. ¿Cómo es posible que en uno de los países más ricos del mundo hubiesen tantos pobres hacinándose en casuchas en los cerros de Caracas, sin luz eléctrica y pasando tantas necesidades, y que en Cuba, que estaba a la cabeza de América Latina en muchos índices económicos y culturales, hubiese tantas familias pasando necesidades en barrios marginales, solares y sobre todo en los campos, con tantos hambrientos que en el tiempo muerto de la zafra dormían en los portales de los pueblos y mendigaban las sobras de las comidas casa por casa? Tanto cubanos como venezolanos deben cuidarse de que en el futuro no se repita la historia de corrupción y de olvido de los pobres, que la patria futura sea, en este sentido, diferente no sólo del presente sino además del pasado, tener siempre presente que lo que hoy se cosecha, fue lo que ayer se sembró.
Como consecuencia de lo anterior, en ambos casos se empieza a practicar el culto a la personalidad del nuevo líder, ovacionado y aplaudido por grandes multitudes, no importa lo que dijese o hiciese. “Si lo dice él, está bien”. Si elevas a un caudillo a un altar, desde ese nicho regirá tu destino con mano de hierro.
Entre las diferencias, la principal es el modo en que el caudillo llega al poder, en Cuba en un vacío, al frente de un nuevo ejército, mientras que de hecho el viejo Estado se ha desmoronado, y de la nada comienza a levantarse otro donde el líder va a ir adquiriendo facultades omnímodas que le permiten establecer las nuevas reglas de un régimen totalitario; en Venezuela, por medio de elecciones, donde el caudillo se encuentra con las limitaciones del viejo orden que sigue en pie: un ejército, una asamblea legislativa, más gobernadores y alcaldes que no pueden ser removidos si no es por elecciones. Por esta razón, no puede establecerse de inmediato un régimen férreo como el cubano, por lo que la oposición encuentra firmes asideros para la Resistencia.
De lo anterior se desprenden las formas de la oposición y la represión. En Cuba, desde un inicio, miles de cubanos opuestos violentamente a una nueva dirigencia que se negaba a restaurar la constitución violada y a restablecer elecciones libres, fueron exterminados mediante el fusilamiento –durante años se escuchaban, noche tras noche, en la fortaleza de La Cabaña, las descargas de fusilería–, y fueron encarcelados decenas de miles, todo esto bajo el desamparo de un pueblo engañado y una comunidad internacional incrédula y apática, hasta que en los años 80 comienza a surgir un movimiento pacífico de derechos humanos, muchos de cuyos activistas fueron enviados a las cárceles, y otros continuaron sus actividades a través de marchas y protestas públicas. En Venezuela los partidos de oposición se coaligaron en la Mesa de la Unidad Democrática y ganaron la Asamblea Nacional por medio de los votos. Las arbitrariedades del presidente sucesor Maduro desataron las manifestaciones de protesta multitudinarias de 2014 y 2017 integradas principalmente por jóvenes estudiantes, en las cuales fueron asesinados 43 manifestantes en 2014 y 42 en 2017 hasta el momento en que escribo.
El único movimiento de oposición que no ha podido ser exterminado, ni en Cuba ni en Venezuela, es el pacífico, ya sea mediante la denuncia o la manifestación pública, y aunque la dictadura ejerza la represión mediante la agresión, el encarcelamiento o el asesinato, paso a paso el pueblo gana conciencia, y cuando esa luz se enciende, no hay fuerza terrenal capaz de detenerlo.
Escritor e historiador.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2017, 6:52 p. m. with the headline "Venezuela y Cuba, canteras de experiencias invalorables."