JORGE DÁVILA MIGUEL: La Habana en el Hudson
Cuando Andrew Cuomo, gobernador de la ciudad de Nueva York, llegó este lunes a La Habana, traía a su padre con él. Andrew portaba una amarillenta foto como talismán: el viejo Mario Cuomo ––entonces gobernador de Nueva York–– visitando a Fidel Castro. Ambos visten traje oscuro, corbatas azuladas y conversan alrededor de una sencilla mesa de cristal donde hay un hermoso plato de cerámica cuyo autor fue probablemente Luis Rafart.
Cuomo fue a La Habana muy entusiasmado. Llevó con él una delegación empresarial que va desde la poderosa MasterCard, Pfizer, los aviones de Jet Blue, y más de diez corporaciones de importancia, que incluyen a la compañía biotecnológica Regeneron, y al Roswell Park Cancer Institute que logró uno de los dos acuerdos comerciales alcanzados en el viaje: realizar en Estados Unidos las pruebas clínicas para una vacuna cubana contra el cáncer de pulmón.
Es como un romance en el Caribe; corren para ser los primeros en llegar. ¿Y quién dirá que esto se puede parar? Lo dice el líder de la mayoría republicana John Boehner ––que estará agotado ya de escuchar a Marco Rubio. Entre los dos le van a parar los pies no solo a Obama, sino a la Jet Blue, la Pfizer, MasterCard, American Express, Agrilife Extension, Pepsico, Chobani, Cayuga Milk Ingredients, Caterpillar, Cargill, Archer Daniels Midland y la Marriott, entre otras. Será a finales de este mes, cuando recorten los presupuestos en el comité de asignaciones del Congreso. Aunque ese método nunca les ha salido bien.
Se especula que las relaciones Cuba - USA y el levantamiento del embargo serán empujados por los demócratas pero resistidos por los republicanos en una batalla campal. Marco Rubio ––siempre en la vanguardia–– ha prometido que en caso de no poderse evitar dicho desastre, en cuanto jure la presidencia en el año 17 romperá de nuevo relaciones con La Habana. Pero el senador, que debe de ser un hombre inteligente, se dará cuenta que eso es imposible ––no lo de llegar a la presidencia, que solo es improbable–– si no de que si llegara a presidente se iba a atrever a algo tan osado. Los políticos batallan en el campo inofensivo de la palabra, los estadistas se arriesgan en el peligroso campo de los hechos, buscando a veces el bien común sobre las pedestres divisiones partidistas y otras rompiendo el futuro con grandeza. Marco Rubio no muestra tener esa madera. En una posición privilegiada, con su talento, su juventud y su carisma, repite lo mismo que los mil y un políticos cubanoamericanos anteriores. Casi palabra por palabra. Con todo respeto, senador: ¿Qué hay de nuevo y de valiente en eso? ¿Qué arrojo podríamos esperar después? No hace falta que apoye lo de las relaciones, sino que cuando se oponga, diga algo diferente.
Aunque más que probablemente no habrá batalla entre demócratas y republicanos; todo esto de Cuba ha sido o está siendo decidido por el tercer gran partido americano, el del billete. Digamos la Cámara de Comercio de Estados Unidos, entre otros acaudalados militantes, que ya abogan por las relaciones diplomáticas y el levantamiento del embargo ––si el precio es justo–– y cuya esfera de influencia no es otra que el GOP republicano.
Por todo eso, la misión comercial del gobernador de Nueva York, Andrew M Cuomo, que no ha sido la primera y tampoco será la última, es buena. Lo que lamentarán algunos cubanoamericanos que apostaban por el derrumbe, es que son otros los que van y que ellos no podrán llegar a Cuba a poner McDonald’s después de otro primero de enero irrepetible. Hay un largo camino hacia la normalización, no solo de unas relaciones diplomáticas y comerciales, sino de un país llamado Cuba. Personalmente dudo que en el corto plazo ese país compre mucho yogurt Chobani o los ingredientes lácteos de Cayuga; pero por lo menos últimamente, en estos tiempos tan revueltos por el mundo, en esta esquina de América se habla no de confrontación, sino de acuerdos.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de abril de 2015, 0:00 p. m. with the headline "JORGE DÁVILA MIGUEL: La Habana en el Hudson."