SANTIAGO CÁRDENAS: Un encuentro con las Damas de Blanco en La Habana
En los alrededores de la Quinta Avenida y la calle 26, en el barrio habanero de Miramar, se desarrolla cada domingo un drama épico. Hacia allí me dirigí a las diez de la mañana del domingo 4 de octubre del 2015.
Una decena de Damas de Blanco conversaban y se saludaban, cuando me les acerqué con los atributos correspondientes a su organización, un pulóver y una gorra blancos, y les pregunté dónde estaba Berta Soler. “A sus espaldas”, me respondieron. Berta daba muestras de asombro. Comenzó a llover y todos nos refugiamos en la pérgola del parquecito cercano al templo y allí improvisé unas palabras.
“Vengo desde lejos de manera totalmente pacífica y legal para demostrarles mi aprecio, como el de tantos miles de cubanos del exilio, una mayoría silenciosa, que desearían estar junto a ustedes en estos momentos”.
“No tengan miedo; manténganse firmes; no traigo ningún mensaje en particular; solo mucho amor. No pertenezco a ningún partido ni organización; sin embargo, espero que mi ejemplo se multiplique a pesar de tantos viajes frívolos e indiferentes que se hacen a Cuba día a día”.
Eran mujeres sencillas, de pueblo, a las cuales abracé con los ojos humedecidos y les di una palabra de aliento. Comenzaron las fotografías con una vieja cámara de flash, pero el esposo de Berta Soler me preguntó si podía subir una foto digital en Facebook. “Por supuesto que sí”, le dije. En un aparte con Berta sostuve: “Nunca acepten condiciones para integrarse en la llamada oposición leal que ya se está conformando bajo los auspicios del castrismo”.
“Olvídese de eso, doctor –respondió–, nosotros sabemos a donde vamos y lo que deseamos. Y por favor, no camine con nosotros, que la marcha es un asunto propio; nuestro y muy especial”.
Eran casi las diez y media y la misa comenzaba. La homilía estuvo dedicada a la reciente visita del papa Francisco a Cuba, dentro de una comunidad de laicos muy acogedora. De frente al altar, a la izquierda, una treintena de Damas de Blanco se sentaron en varios bancos. Por las ventanas vi que en los parquecitos contiguos aguardaba un grupo similar, que no entró en la iglesia. Al finalizar la misa, de una manera sorprendentemente rápida los dos grupos se pararon en la escalinata de la iglesia. Un hombre tomaba un video desde unos metros de distancia y a su izquierda un fotógrafo con trípode tiraba fotos.
Con una perfecta y rápida organización, ya en la acera, formaron filas de a dos, con unas flores en la mano. Eso se hizo en segundos y me parecía que cada pareja tenía asignado previamente su lugar. El silencio era absoluto; nada de consignas; nada de gritos. La vanguardia llevaba una gran bandera cubana. Mi impresión es que se trataba de una ceremonia bien organizada. En los rostros de esas mujeres no había el más mínimo rastro de odio, ni de temor. Eran como sesenta caras de una placidez firme, mirando al frente, sin sonrisas, pero trasluciendo cierta felicidad íntima.
Caminaron a paso normal por Quinta Avenida y doblaron a la izquierda en la calle 27. No vi asomo de policías, ni de tropas especiales. La comunidad católica quedó, básicamente, dentro del templo en los trámites de despedida propios de las iglesias cristianas.
Entré de nuevo en el bonito templo, ahora semivacío donde el párroco José Félix, viejo conocido mío, era consultado por feligreses tardíos. Al final me acerqué e improvisé una despedida de ocasión: “Padre, dígale a los obispos, en especial a su Eminencia Cardenalicia, que los quiero y los respeto mucho. Que continúan siendo mis pastores. Dígales, además, que no estoy de acuerdo con la pastoral política que le están imponiendo a la Iglesia cubana. Y por favor cuide a las “muchachitas”. Adiós”.
Me siento en paz, con la tranquilidad absoluta que da el deber cumplido. Orgulloso y agradecido porque Dios me permitió viajar y encontrarme con esas valerosas mujeres que desarrollan cada domingo un drama épico generalmente ignorado, que la historia se encargará de valorar en su justa dimensión.
Médico cubano.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2015, 1:42 p. m. with the headline "SANTIAGO CÁRDENAS: Un encuentro con las Damas de Blanco en La Habana."