PEDRO CORZO: Las crisis migratorias del castrismo
Cada drama o tragedia humana tiene sus particularidades y dolientes. La intensidad de la pena es proporcional a los vínculos con las víctimas. Es evidente que todas estas situaciones afectan, pero conmueven mucho más cuando las ha padecido un familiar, un amigo o un simple coterráneo.
La emigración masiva hacia Europa y las imágenes de los que han perdido la vida en el intento, en particular los niños, es devastadora.
Paralelo a la crisis migratoria causada por las migraciones africanas y mediorientales en Europa, en América, en mucha menor escala, se está desarrollando una situación en la que miles de personas, aunque no viven en un estado en guerra o en conflictos religiosos, deciden abandonar su país para recuperar la esperanza de tener una vida mejor.
Estas fugas no son nuevas. El castrismo, independiente al costo político que implique, ha demostrado que es partidario de una estrategia de migraciones masivas porque siempre le han redituado concesiones favorables de Estados Unidos
Castro inició la crisis de Camarioca, que derivó en los Vuelos de la Libertad, por los que salieron 260, 000 cubanos. Por el Mariel se fueron 125,000 y La Habana fue el principal promotor de la crisis de los balseros de 1994, abandonando la isla más de 32,000 personas.
La inmigración ilegal cubana siempre intentó arribar directamente a Estados Unidos. Una minoría de los que huían del castrismo carenaban en alguna nación caribeña, menos en Centroamérica, lo que hacía que el éxodo fuera visto a distancia por el resto del continente.
En la actualidad realizan un maratón por ocho países, lo que debería obligar a más personas a preguntarse por qué los trabajadores deciden abandonar su paraíso.
En septiembre del 2014 la Cepal informó que Cuba era el cuarto país del hemisferio en número de inmigrantes en términos absolutos, 1,293,000, a esa cifra hay que sumar que este año han ingresado solo a Estados Unidos más de 43,000 cubanos, un incremento del 77 por ciento en relación al 2014, sin incluir a los miles que se encuentran entre Ecuador y México.
Es el año que Washington y La Habana restablecieron relaciones diplomáticas. Otra particularidad es que la inmensa mayoría de los que participan en la Gran Marcha lo hacen partiendo de Ecuador, un país aliado de la dictadura de Raúl Castro, que entrega visas a los cubanos con muy pocos requisitos y a sabiendas que el objetivo final de los viajeros es Estados Unidos.
La reforma migratoria de La Habana permite a los cubanos estar dos años residiendo fuera del país. La Ley de Ajuste Cubano estadounidense solo demanda la residencia por un año de los naturales de la isla, que se acogen masivamente a la misma por los privilegios que ésta les otorga.
La dictadura antes de iniciar relaciones con Washington demandaba constantemente el fin de la Ley de Ajuste, a la que calificaba de asesina. Sin embargo, no ha incluido ese punto entre sus muchos reclamos a la Casa Blanca.
Vale la pena preguntarse por qué Rafael Correa permite la entrada sin restricciones de miles de cubanos consciente de que seguirán viaje a otro país. Por qué Nicaragua, otro aliado del castrismo, trancó la travesía si desde hace varios años ese país es transitado ilegalmente por miles de cubanos que pretendían llegar a Estados Unidos.
Todo parece indicar que la dictadura está usando una vez más a los ciudadanos que abandonan el país como instrumento para gestar una nueva crisis migratoria. El objetivo sería el de siempre, obtener más ventajas en sus negociaciones con Estados Unidos, un país al que siempre considerarán su principal enemigo.
Periodista de Radio Martí.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2015, 11:27 a. m. with the headline "PEDRO CORZO: Las crisis migratorias del castrismo."