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Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: De bodegas y cimarrones

En la Ciudad de Sweetwater hay un pequeño mercado que se llama La Bodega y se precia de hacer los mejores chicharrones de puerco de la ciudad. De hecho así lo hacen saber en los polo shirts que los empleados utilizan como uniforme.

Para la cena de Thansksgiving allí encargué mi pavo a lo cubano relleno con carnes y, por supuesto, compraría los deliciosos chicharrones, ciertamente únicos en su consistencia y sabor.

Dos días antes recibo la llamada de la dueña del lugar para decirme que tuvieron un percance en el establecimiento: la cocina se había incendiado, pero que no me preocupara porque ya tenían acordado con el bakery de al lado para cumplimentar los encargos.

La noticia del fuego en La Bodega figuró en este diario y en los noticieros de televisión. Lo lamenté por ellos y, aunque nos habían dado su palabra, estaba un poco inquieto por la posibilidad de quedarnos sin pavo en la misma fecha de la importante celebración.

El jueves al mediodía fui a la dulcería indicada pero allí me dijeron que La Bodega estaba abierta y despachando sus propias órdenes. Parecían trabajar como en emergencia, con algunos lugares del inmueble iluminados mediante faroles pero todos los empleados, que son como una gran familia, felices de cumplir su cometido.

El dueño salió a mi encuentro para disculparse pues el pavo no estaba tibio, que es como usualmente lo despachan, pero me dio las indicaciones para recalentarlo. Los chicharrones, mágicamente presentes, así como el puerco asado y dulces criollos. Nada pudo impedir que estos laboriosos compatriotas satisficieran a su fiel clientela.

Uno de los empleados aprovechó para contarme su reciente viaje a Cuba, luego de 25 años de ausencia. Fue con sus dos hijos nacidos aquí. El menor, que me presentó, le dijo al visitar la casa donde había vivido: “Cómo no te fuiste antes de este lugar”.

Así parecen pensar los cerca de 5,000 cubanos, en su mayoría jóvenes, varados en Costa Rica ante la curiosa maniobra de las autoridades de Nicaragua de no dejarlos pasar en su peregrinación a la frontera de los Estados Unidos, donde –se ha dicho– serán bien recibidos.

Todo el operativo se presenta sumamente sospechoso. Otra vez el cuadro deprimente de cubanos que huyen en masa del agobiante paraíso proletario, a casi 57 años de haberse instaurado. Distinto a otros éxodos, estos comenzaron su camino en Ecuador a donde llegaron sin visas, luego de vender las pocas propiedades que poseían, por lo cual no está entre sus planes volver y así lo hacen saber con vehemencia.

Emprenden un recorrido insólito, inédito para los isleños, de cientos de millas por las selvas centroamericanas, cual cimarrones, huyendo de los mayorales de la finca que no parecen deponer el látigo, ni el cepo, aunque se especulen reformas que nunca benefician a quienes malviven en la isla-barracón.

Un pariente de visita por estos lares me cuenta del surrealismo nacional. La libreta de abastecimiento sirve para dispensar cuatro o cinco productos (frijoles, grasa, arroz) pues el resto ha sido “liberado” a mayor precio. Pero ese engendro del racionamiento también le permite pagar una dieta para personas con cáncer (algo más de pollo, leche y viandas), así como para “comprar” un hijo pequeño (más leche, en polvo, por supuesto y otros pocos alimentos).

A los efectos de la llamada OFICODA, oficina que controla estas componendas de la supervivencia y la miseria, mi familiar, aunque está sano, tiene cáncer, y un hijo fantasma, sobre el cual su anciana madre preguntó estupefacta: “¿Pero de dónde salió este nieto, que no conozco?”

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2015, 11:37 a. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: De bodegas y cimarrones."

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