ANÓLAN PONCE: Cuestión de ideología
La traición ha opacado a la infamia. A solo unos días del canje de Alan Gross, un hombre sin culpa, por los tres espías cubanos, poco se habla de ello. El foco de atención es el incondicional restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, y el río de concesiones que el presidente Obama ha otorgado a Raúl Castro. No solo Barack Obama se ha burlado del sistema jurídico norteamericano, también ha propinado una bofetada a la oposición cubana, al exilio, y a todo aquel que ame la libertad y la democracia.
Hay profundo dolor entre los familiares de las víctimas de Hermanos al Rescate– ¡el Presidente ha perdonado el asesinato de sus seres queridos! Hay mucha ira y dolor en el exilio cubano y entre los valientes opositores al régimen. Esta traición recuerda a otra: La perpetrada a los combatientes de Bahía de Cochinos, uno de ellos mi padre, por el Presidente John Kennedy al suspender éste toda la cobertura aérea a la Brigada 2506 cuando ésta ya navegaba hacia Cuba. Kennedy se sentía ambivalente sobre la invasión, y cuenta su historiador Arthur Schlesinger, Jr. en “Mil días: John F. Kennedy en la Casa Blanca”, que en privado le había confesado: “Si tenemos que deshacernos de estos cubanos, mejor tirarlos en Cuba, especialmente porque es allá donde quieren ir.”
Obama, a diferencia de Kennedy, nunca ha ocultado sus cartas respecto a Cuba; pero su decisión, sin obtener una sola concesión a favor de los derechos humanos del pueblo cubano y que premia la mala conducta del régimen—un enemigo jurado de Estados Unidos—demuestra una peligrosa parcialidad hacia este. De ello podemos deducir que es el resultado de su ideología, la misma que lo mantiene en un eterno “mea culpa” por los pecados de Estados Unidos en el mundo, y la cual lo ha llevado a esta solución salomónica justificada mayormente por dos puntos: (1) el contacto de pueblo a pueblo producirá un cambio en Cuba y abrirá las puertas a la democracia; (2) el embargo no ha funcionado.
Lo primero es falso, porque Cuba continúa siendo hoy un estado totalitario carente de derechos ciudadanos después de que por mas de 25 años, cubanoamericanos y turistas de todo el mundo han estado visitando la Isla. Los pocos cambios habidos han surgido por la necesidad del régimen de cimentar su sobrevivencia. La segunda afirmación, que el embargo no ha funcionado, posa la siguiente pregunta: de no haber existido el embargo, ¿podemos creer que Cuba sería un país próspero sin los Castro en el poder? Venezuela es el mejor ejemplo: sin sanciones, sin embargo y rica en petróleo, el comunismo la ha llevado a la ruina. Si no otra cosa, el embargo estadounidense ha servido para negar los créditos al régimen castrista evitando que su deuda recaiga sobre las espaldas del contribuyente norteamericano.
El Presidente Obama asume mucho, pero no explica como sus medidas abrirán las puertas a la democracia; como el que el cubano de a pie pueda reparar unas cuantas tablas podridas en su techo, o abrir un timbiriche conducirá a un estado de derecho, y que la cúpula gobernante ceda el poder. ¿Qué incentivo tendrán para ello? El retorno a la democracia sería el fin de su buena vida y de sus privilegios. Obama confía, como dijo en su discurso, en la “buena voluntad” del régimen liderado por Raúl Castro, el hombre que a sangre fría ordenó el asesinato de los muchachos de Hermanos al Rescate. Eso lo dice todo.
La razón indica que su decisión cierra las puertas a la democracia y a un estado de derecho en Cuba, encaminándola hacia una transición a un régimen estilo chino o vietnamita. Esta idea tiene adeptos entre algunos empresarios de Miami quienes han encontrado un gran aliado en La Casa Blanca. Las intenciones de ellos las delata el que ninguna de sus propuestas para invertir en Cuba estén condicionadas al respeto de los derechos humanos. Ellos se justifican con las mismas razones que Obama y la improbable suposición que, de alguna forma, el comercio y ayuda económica a un país totalitario conduce a la democracia.
Esta decisión de Obama favorece al régimen castrista porque lo atrinchera en el poder; mas lógico y justo hubiera sido cerrar el cerco a los Castro y ayudar a la oposición interna. Pero es cuestión de ideología. Para los que deseamos una libertad plena para nuestra patria, aun nos queda un arma en el arsenal, una que el largo brazo de Obama no puede tocar: el embargo, celosamente resguardado por el Congreso hasta el 2016. Entonces tendremos elecciones; recurramos al poder de las urnas y busquemos armonía ideológica entre el Congreso y La Casa Blanca. ¡Demos un paso al frente por la libertad de Cuba!
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de enero de 2015, 4:56 p. m. with the headline "ANÓLAN PONCE: Cuestión de ideología."