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Opinión Sobre Cuba

Viaje de Obama reaviva el dolor de una familia cubana en Miami

El presidente Barack Obama se reúne con el gobernante cubano Raúl Castro en el Palacio de la Revolución en La Habana el 21 de marzo.
El presidente Barack Obama se reúne con el gobernante cubano Raúl Castro en el Palacio de la Revolución en La Habana el 21 de marzo. AP

Otra pérdida. Eso es lo que siente en buena parte de Miami incluso antes de jugarse el “histórico” partido de béisbol. Es como si los cubanos que huyeron de su país y llegaron a Estados Unidos no hubieran sentido suficientes derrotas a lo largo de las décadas. La niñez perdida. Raíces perdidas. Familias perdidas. Tierra perdida. Libertades perdidas. Vidas perdidas en el mar que divide a Cuba de Estados Unidos, como los millones de millas de distancia que hay entre la desesperación y la esperanza.

Esta semana arranca llena de cobertura feliz en la televisión. ¡Una visita histórica! Estados Unidos y su béisbol celebran. Obama, Jeter y ESPN hacen escala en tierra comunista como si fuera otro puerto cualquiera. Muchos símbolos estadounidenses descienden en una isla que se pudre fosilizada en los años 1950, y eso no se ve bien en Miami, porque es como ver un funeral que se convierte en una fiesta. Se siente como si la historia de mi propia gente fuera ignorada o quedara pisoteada, y no estoy seguro de cuál de las dos cosas es peor.

No soy una persona muy emotiva, no me deprimo con facilidad. Pero lloro cada vez que escribo de Cuba. Mi dolor es prestado. Mis abuelos y padres lo sufrieron para que mi hermano y yo nunca tuviéramos que pasar por eso. Pero duele igual. El miedo y la desesperación de mis abuelos se combinan con el sufrimiento y los sacrificios de mis padres para generar esta rara mezcla de pena, culpa y gratitud.

Yo nunca he vivido otra cosa que la libertad. Mis abuelos y padres se aseguraron de que fuera así. Pero mis abuelos ya fallecieron y mis padres están mayores, y el régimen cubano que los avasalló sigue ahí … y ahora juega a la pelota con nuestro país esta semana. Estados Unidos le extiende la mano a un dictador que tiene las manos manchadas con la sangre de mi pueblo. Y ahora mis padres, viejos exiliados, tienen que ver a Obama, a Jeter y a ESPN hacer una fiesta en la tierra que le robaron a mi familia … mientras el resto de Estados Unidos celebra. Eso duele, sin importar la postura política de uno.

El embargo no funcionó. Lo entiendo. Estados Unidos tiene relaciones con dictadores. Lo entiendo. Y mis padres no son cerrados de mente, gente sin corazón, ni están ofuscados por el odio. Ellos apoyarán la normalización de las relaciones con Cuba si eso ayudar a los cubanos. Es posible que a final de cuentas sea así. O no. Pero, ¿qué razón tendrían mis padres para confiar en un gobierno comunista levantado sobre una infinidad de mentiras?

Mis abuelos subieron a mis padres a un avión para venir a Estados Unidos cuando eran adolescentes, sin saber si los volverían a ver alguna vez. ¿Qué grado de desesperación hay que tener para enviar a un hijo de 16 años a otro país sin saber si lo va a poder ver de nuevo? En Cuba han sucedido muchas cosas desde que mis padres se fueron. Pero el cambio no es una de ellas.

El mar que divide a nuestros países está lleno de cadáveres de cubanos que cuentan la historia, vidas perdidas en la desesperación, que tenían la esperanza de llegar a tierra estadounidense, tierra de posibilidades, en embarcaciones precarias hechas de neumáticos viejos, de pedazos de madera, de lo que queda de la pobreza. En esa Cuba que todavía rodea el diamante beisbolero donde se jugará el partido del martes no hay libertad de prensa, no hay elecciones ni libertad. Esa es la Cuba donde la gente todavía se sube hoy a cualquier cosa que flote huir.

Toda esta cobertura noticiosa feliz ha hecho que mi madre quede abrumada por los malos recuerdos. Ella sufre de estés postraumático del comunismo. Se le rompe el corazón cada vez que tiene que enviar medicinas a su hermano, quien todavía vive en la isla. Se lo siente el esófago, que no le ha funcionado bien desde que abordó aquel avión. El comunismo literalmente le roba parte del aliento cada vez que respira.

Cuando vivía en Cuba le intervinieron el teléfono, tuvo que soportar que los espías del barrio entraran a su casa cada vez que querían. Asistió a sepelios de estudiantes e intelectuales que perdieron la vida luchando por elecciones y una Constitución. La policía la persiguió por las calles por asistir a esos funerales. Su hermano fue preso político. Cada vez que lo visitaba en la cárcel, se preguntaba si la sangre fresca que había en el paredón de fusilamiento sería la de él. Su hermano pasó 10 años preso por sus posturas políticas. ¿Por qué habría ella de confiar hoy en ese mismo régimen?

Pero hay que entender algo: mis padres son exiliados, no inmigrantes. La diferencia es enorme. Ellos no vinieron a este país a buscar trabajo y ganar dinero. Ellos dejaron atrás el dinero y vinieron aquí a correr el riesgo de ser pobres. Se marcharon de un país del que no querían irse y que todavía extrañan, una tierra que no visitarán hasta que este régimen no esté en el poder o vean cambios reales en que puedan confiar.

Mi abuela subió a mi madre a aquel avión creyendo que se reencontrarían en tres meses. Pero fueron 12 años. Mi abuela la subió al avión porque no podía soportar la idea de que sus dos hijos, el varón por sus ideas políticas, la mujer por tratar de ir a la iglesia a recordar a los muertos, fueran encarcelados a la vez. Tres milicianos con metralletas entraron a la fuerza en su casa a las 3 de la madrugada buscando a mi madre unos pocos días después de huir. Mi abuela ya no vive.

Nuestro dolor no es único en estos lares. En Miami hay muchas historias similares. Las escuchas en cualquier parte. Así que perdónenme si no estamos de ánimo para jugar pelota con un dictador que todavía tiene en las manos las sangre de mi pueblo, no importa lo mucho que ESPN, Obama y Jeter lo disfracen.

Fidel Castro sobrevivió a mis abuelos. Su régimen sigue persiguiendo a mis padres exiliados y ancianos. Es posible que mi dolor sea prestado. Pero, maldita sea, en momentos que se me humedecen los ojos, se siente muy real.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de marzo de 2016, 6:45 p. m. with the headline "Viaje de Obama reaviva el dolor de una familia cubana en Miami."

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