El poder de la no violencia
Con las ejecuciones extrajudiciales de Oscar Pérez y sus compañeros de lucha tras anunciar su rendición, puede decirse que todos los intentos violentos en Venezuela contra la imposición arbitraria e inconstitucional de un régimen de fuerza, han fracasado.
No basta con tener de su parte la justicia si los opresores no sólo cuentan con todos los medios bélicos para aplastar a quienes se rebelan, sino que además, no tienen el menor escrúpulo en asesinar a sus adversarios aun cuando se estén entregando, y aprovechan el menor acto violento de los oprimidos, aunque se trate de manifestantes, para acusarlos de “terroristas”. No importa que en las protestas murieran más de cien jóvenes por disparos de militares y paramilitares. Según la versión oficial, la violencia había sido iniciada por la oposición, y se usaban imágenes de los medios que mostraban a esos jóvenes lanzando piedras y cocteles molotov contra los militares, Muchos líderes opositores fueron encausados y encarcelados por supuestamente haber instigado la violencia. Aunque incluso la acción armada esté justificada contra las tiranías, una cosa es cierta: los líderes opositores no hicieron todo lo posible para evitar que aquellos jóvenes respondieran a la violencia con la violencia, no sólo para evitar la excusa de los encarcelamientos posteriores, sino sobre todo, para impedir que la gran mayoría de ellos, hoy mártires, perdieran sus vidas.
Ninguna oposición violenta ha triunfado contra poderes totalitarios. Sin embargo muchos se derrumbaron bajo la presión de movimientos pacíficos estudiantiles u obreros. En la Hungría de 1956 fue una marcha estudiantil pacífica hacia el Parlamento lo que logró aglutinar a miles de personas. Sólo hubo algunos disparos cuando Seguridad del Estado abrió fuego contra la multitud y varios militares intervinieron en defensa de los estudiantes. Se improvisaron consejos que arrebataron el control de los municipios al Partido Comunista, y un nuevo gobierno disolvió la Seguridad del Estado. La verdadera violencia ocurrió más tarde con la intervención rusa. En Polonia, por su parte, el sindicato independiente Solidaridad se inició en 1980 y creció rápidamente hasta alcanzar un año después, más de diez millones de afiliados, por lo que los comunistas quedaron totalmente desplazados. Pero los disidentes sabían, por las experiencias de Hungría y Checoslovaquia, que no podían tomar el poder sin que tropas rusas cruzaran la frontera. Por tanto, un general ocupó ese vacío. En ambos casos fueron movimientos pacíficos los que derrotaron a los opresores y habrían triunfado sin la intervención o la amenaza de una potencia extranjera. Pero cuando Gorbachev declaró su política de no intervención, casi todos los regimenes comunistas de Europa del Este se derrumbaron sin un disparo. Donde único hubo violencia, Rumanía, la liberación demoró más. Ante el descontento general, una facción del Partido, apoyada por el Ejército, apresó al dictador Ceaucescu y lo ejecutó junto con su esposa, gracias a lo cual ascendió un viejo miembro del Comité Central, Ion Iliescu, sin que se produjeran cambios reales. Pero las protestas obreras obligaron al régimen a celebrar elecciones libres. En 1996, finalmente, Iliescu perdió las elecciones. Lo importante es que si bien estos regímenes se preparan para aplastar cualquier intento opositor violento, les es muy difícil derrotar a los no violentos,
En Cuba, todos los intentos armados fueron aplastados. El único movimiento que no ha sido posible exterminar ha sido el de la disidencia pacífica. En sus manifestaciones, las Damas de Blanco, armadas sólo de flores, no responden a la agresión con la agresión, ni al insulto con insulto, y no se resisten a la hora de ser arrestadas. Actitudes como éstas son admiradas en silencio por gran parte de la población, como semillas lanzadas en el terreno ya fértil de la conciencia colectiva que no demorarán mucho en germinar.
El más grande ideólogo de la no violencia fue Jesús, quien exhortaba a no resistir al agresor. Sólo después de reflexiones de teóricos como Thoreau y Tolstoi, y las luchas cívicas de Gandhi y Luther King, se interpreta este mensaje, no como exhortación al sometimiento sino como la más radical estrategia de lucha, porque apela a la conciencia, como cuando se interpuso en el camino del más feroz perseguidor de los cristianos para preguntarle: “¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues?” El impacto fue tal que cayó de su caballo, y quien luego se levantó fue el más tenaz predicador de los cristianos.
Escritor e historiador.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de enero de 2018, 7:47 a. m. with the headline "El poder de la no violencia."