Mario Bencomo: poesía visual en el Aeropuerto de Miami
En las artes plásticas se pueden encontrar a grosso modo dos tipos de pintores, los que buscan el orden y los que reflejan el caos. Del caos sacan su energía que a borbotones se planta sobre la tela, el papel o la madera, traduciendo las emociones, la tensión de vivir en un planeta, en una cultura, en una sociedad. No tienen que hablar, aunque quizás hablen mucho, solo tienen que expresar lo íntimo a través de esa explosión simbólica de sus deseos, de sus preguntas, de sus razones.
Así veo a Mario Bencomo, como el pintor que refleja la intensidad que vive a diario. Del mismo modo que algunos pintores se inspiran en la música a él lo energiza la poesía. “Es mi inspiración constante”, confiesa. Sus pinturas son poemas visuales.
Ahora reúne rasgos de esa veta de su personalidad artística en un sitio increíblemente sugestivo y guardado, donde para entrar hay que tener permiso. Si usted no es un viajero no puede ver la muestra. Ese es su secreto. Pero tiene la ventaja de que miles acuden de modo cautivo a ese pasillo todos los días, porque está centrada en el pasillo o vestíbulo Norte 29 D de American Airlines en el Aeropuerto Internacional de Miami. El que viaja por esos vericuetos no la puede ignorar. Está expuesta en vitrinas especialmente diseñadas para guardar sus cuadros y libros, y salta a buscarle a uno con el atractivo de su impronta.
La instalación “Elegy to Poetry / Le Cabinet de Poesie” (Elegía a la poesía/ La vidriera de la poesía”) ha sido organizada por Yolanda Sánchez, directora de la Division of Fine Arts and Cultural Affairs de MIA, y estará expuesta hasta enero del 2017. Sánchez ha publicado además un excelente catálogo con sus propias palabras preliminares e hizo la curaduría de la muestra.
“Yolanda es amante de la poesía y este proyecto nunca hubiera ocurrido sin su apoyo”, afirma Bencomo.
Son pinturas centradas primeramente en la poesía del granadino Federico García Lorca y su libro “Poeta en Nueva York”, ciudad donde primeramente vivió Bencomo cuando llegó a Estados Unidos. La exposición es un cúmulo de símbolos, explica el artista. Nos había acostumbrado en los 80 a una explosión de color, casi como de llamaradas. Pero “una exposición en blanco y negro es un reto mayor, y representa la escritura”, comenta Bencomo.
“En los principios de 1980 usé el azul cobalto, el naranja y el verde en una serie titulada ‘Noche insular: jardines invisibles’, que se fundamentaba en un poema de Lezama Lima [José, el poeta cubano]”, cuenta Bencomo. “Fue mostrado en el show de 1983 ‘The Miami Generation: Nine Cuban American Artists’ en el Museo Cubano en Miami, ahora está en el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami”. Todos los siete trabajos mostrados en aquella exposición “The Miami Generation”, en octubre de 1983 fueron parte de la serie lezamiana. Son obras completamente abstractas; compuestas de plantes de color.
Mientras que, por contraste, en “Elegía a la poesía” resalta el blanco y negro con círculos en rojo. Son fragmentos de poemas de poetas fallecidos: Severo Sarduy, Walt Whitman, Constantin Kavafys, Federico García Lorca -y especialmente de este poeta andaluz: “Poeta en Nueva York”, “Oda a Whitman”, “Son de negros de Cuba”, escrita en La Habana en 1930. Además, se encuentran ahí obras de Saramago, Pasolini, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Rilke.
El tono y la manera de los aspectos pictóricos fueron basados en la naturaleza de la poesía. “Por ejemplo, en ‘Ode to Whitman’, de ‘Poet in New York’, yo pinto flores con alquitrán negro y ruedas dentadas en un ambiente deshumanizado, donde las maquinas aceitadas de la producción obliteran al ser humano”, describe el artista. “El poema de Lorca describe los horrores de la Revolución Industrial, durante los años de la Depresión en Nueva York. Para Lorca solo Whitman es puro, intocado por la suciedad y decadencia de la ciudad”.
La paleta es en blanco y negro con un rojo ocasional, para evocar la escritura del poema en papel. Los segmentos del poema son manuscritos por Bencomo. “Me gusta cómo está organizada la instalación al estilo académico”, define el pintor. “Porque incita al espectador a leer, a darle la bienvenida a la maravilla de la poesía, el arte con la literatura, la palabra y lo plástico, en una poesía visual”.
“Incluyo también un poema que Severo Sarduy escribió y me dedicó, ‘A Mario Bencomo’, sobre una de mis obras en su colección y que fue publicado en su libro de poemas ‘Un testigo fugaz y disfrazado’ (1985). Fue nuestro amigo Ramón Alejandro, el que hace muchos años me presentó a Severo en París, nuestra amistad continuó hasta su muerte [que fue en 1993]. Mi dibujo sobre su poema es la tapa del catálogo”.
Bencomo cuenta que lleva cuatro décadas trabajando y exponiendo obras dentro de esta serie: “Elegy to Poetry”. La trabajó desde el principio, y las primeras obras de la serie fueron en homenaje a Marguerite Yourcenar. “En 1981 tuve un show personal en Michigan, ‘Archipielagum’, en homenaje a su novela ‘Memorias de Adriano’. José Gómez Sicre me regaló el libro cuando nos encontramos en Meeting Point Gallery en Coral Gables, en 1979”.
“Yo era muy joven cuando comencé a pintar y a exponer. A través de todos esos años el trabajo evoluciona y cambia. El uso del color, las imágenes, el sentimiento, las dimensiones, los materiales, todo eso que define períodos en el trabajo de un artista está siempre fluyendo”, confiesa Bencomo. “El arte se mueve y evoluciona y continúa hasta que el hacedor para de hacerlo y muere”.
El nos recuerda que Picasso tenía el periodo azul, el abstracto, el cubista, etc. Y todo eso es producto del tiempo y las circunstancias, los eventos que afectan al artista y su ambiente. Bencomo trabaja en series, “The Torquemada/ Inquisition”, por ejemplo, la comenzó a principios de los 70, e incluye esculturas, mayormente en madera, y en mimbre.
“Los colores negro, blanco y desvaído en esa serie son así, porque trata de los horrores de la Inquisición española, y no de la exhuberancia de la naturaleza o de los jardines ni de las formas orgánicas”, explica el artista. “Cuando uso el rojo es porque tiene un propósito, en relación con la Inquisición, puede ser que alude al sufrimiento, a la pena, o al fuego [que se usaba para quemar a los herejes]. En otras series puede significar pasión, coraje, amor”.
El artista usa su “alfabeto de símbolos”, para pintar formas orgánicas de modo ambiguo. “Nunca he pintado una fruta como fruta, sino la ambigüedad de las formas naturales, es una forma de que encuentre su propia metáfora, su propia poesía, su maravilla”.
Cuando le comento que sus pinturas de antes me recordaban llamas y frutas, él responde que “se refieren a fuego forestal y hojas y pétalos indefinidos, ambiguamente naturales o imaginadas formas que parecen orgánicamente vívidas”.
Esa definición se puede ver en una serie titulada “Utopia: If Quebec Were in the Tropics”, que se inició en The Americas Collection, de Dorita Valdez-Fauli en el 2004. Montreal es como un segundo hogar para el artista. Aunque nacido en el trópico, se siente muy bien entre los afrancesados de la gélida ciudad.
Otra serie, “The Wind Paintings”, fue comenzada en abril de 1986. Bencomo estaba en París cuando el incidente nuclear de Chernobyl en Ucrania. Y vio cómo el material radioactivo fue llevado por el viento al oeste de Europa.
“La idea de que el viento pudiera traer muerte por los patrones del clima me hizo pensar en La noche estrellada de Van Gogh”, explica. Entonces la idea de la serie comenzó a dilucidarse.
“Definitivamente ese instante cambió mi obra”, concluye, “al acercarme a un modo diferente de pintar, de comprender el movimiento y el color”.
Serie “Elegy to Poetry / Le Cabinet de Poesie” (”Elegía a la poesía/ La vidriera de la poesía”), hasta enero 2017 en el Pasillo (concourse)Norte 29 D de American Airlines, en el Aeropuerto Internacional de Miami.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2016, 5:24 p. m. with the headline "Mario Bencomo: poesía visual en el Aeropuerto de Miami."