El entierro de las consignas
Hace apenas unos días quedó inaugurada en la Galería DOT Fiftyone del Distrito de las Artes en Wynwood, una exhibición personal del joven artista cubano –radicado en Polonia– Hamlet Lavastida (La Habana, 1983). Su insinuante título, Prophylactic Life (vida profiláctica, en español), alude a una suerte de estrategia de orientación ideológica, proveniente del entorno sociopolítico cubano de los años sesenta. Una época en la isla caribeña en que se estrenaba la aburrida y estandarizante noción de “el hombre nuevo”, entre otras utopías malogradas, no precisamente por falta de imaginación.
La muestra, comisariada por la especialista Janet Batet, consta de 11 piezas en total. Cinco de ellas, bidimensionales, las cuales guardan una estrecha relación entre sí, pues se trata –en su mayoría– de plantillas de papel calado con fragmentos de textos extraídos de la prensa oficial cubana sobre fondos de color. Una estética casi emparentada con el sistema de escritura braille por su esmerada cualidad táctil, aunque una de las obras ostenta, excepcionalmente, 21 posters con los emblemas de organizaciones de masa e instituciones políticas cubanas. La exposición incluye, además, cuatro videos, resueltos mediante la técnica de animación stop motion, acaso las piezas más contundentes, por reveladoras.
Lavastida, graduado en el 2009 del Instituto Superior de Arte (ISA) en La Habana, emerge en el escenario artístico cubano a partir de su vinculación con la Cátedra de Arte de Conducta, liderada por Tania Bruguera. Desde ese momento, sus trabajos cobran mayor fuerza como activista político mediante la performance de resistencia cívica, puesto que se interesa en desmontar la retórica del discurso socialista ortodoxo, eficaz entre 1960 y 1990 (fórmula lisiada a los ojos de una generación escéptica que ya no cree en el poder aglutinador de las consignas). No obstante, su mayor motivación radica en la recuperación del lenguaje plástico, contenido en la gráfica propagandística revolucionaria (herencia directa de la escuela soviética y en especial, del cartel polaco). Una iconografía que formó parte de la vida cotidiana del pueblo cubano, sepultada hoy por la amnesia colectiva y una pérdida sintomática de la memoria histórica.
Por esa misma razón el artista se apropia de los logotipos de instituciones tenidas por sagradas como el Partido Comunista de Cuba (PCC), el Ministerio del Interior (MININT) o las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), para luego desacralizarlos –como hicieran en su momento Marcel Duchamp o Andy Warhol con la Gioconda o Mona Lisa– ya sea confiriéndole un significado otro, más suspicaz, a estas siglas o variando la apariencia original de los carteles para establecer un juego formal que emula con el arte óptico o la portada de libros de ciencia ficción (este último es un matiz muy severo, aunque pertinente, si tenemos en cuenta la analogía).
Lavastida revela el sinsentido de estas marcas históricas y, al mismo tiempo, desmitifica el andamiaje coercitivo largamente utilizado para convocar a las multitudes, en un país donde la vigilancia, el enemigo y la necesidad de ahorro, más que palabras de orden constituyeron un modo de vida. Estas mismas ideas son esbozadas mediante un montaje audaz e irónico en los video-collages que integran la muestra. Allí, el artista reúne discursos grabados del líder histórico de la revolución cubana, Fidel Castro, junto a fotos de prensa y recortes de noticias para revivir momentos del pasado, pero no desde la nostalgia, sino desde un examen crítico.
En La era del carisma (2012), por ejemplo, la ridiculización de estos paradigmas viene acompañada de una estética pop, teniendo en cuenta los colores planos del fondo; y también de una dosis del clásico choteo insular, pautado por una música folclórica que le añade cierta dimensión onírica. Desde un punto de vista ético y conceptual, estas videocreaciones siguen una lógica similar a la de los Noticieros ICAIC-Latinoamericanos y la obra documental de Nicolás Guillén Landrián, otro cubano inteligente segregado por las sinuosidades del poder socialista.
Pero, lo más interesante de esta exposición es el momento histórico, la coyuntura actual en que, después de medio siglo de enemistad, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, establecen relaciones diplomáticas y abren embajadas en sus respectivos países. Lavastida ha encontrado un camino infinito para arriesgar sus ideas artísticas, tratándose de un fenómeno histórico-social que no se agota y sigue teniendo ecos en otras partes del continente latinoamericano. De modo que, mientras existan sociedades arbitrarias, el artista tendrá materia prima suficiente para ensanchar su currículo. Un creador que se autodefine como “nihilista y posmoderno”, no podía más que mostrar su inconformidad o indiferencia hacia una cultura rica, pero marcada por una ideología marchita, tautológica y falocéntrica.
Rubens Riol es crítico de arte, promotor cultural y experto en cine. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana en 2009.
rubens.riol98@gmail.com
La muestra ‘Prophylactic Life’ está abierta al público desde el 22 de agosto hasta el 10 de octubre en Dot Fiftyone Gallery. 187 NW 27th Street, Wynwood Arts District, Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de agosto de 2015, 7:31 a. m. with the headline "El entierro de las consignas."