Orlando González Esteva da vida y voz a los muertos
Si alguien consigue que se encumbre el verso desde una aparente sencillez, y que éste crezca hasta alcanzar un toque heroico, ese hombre, ese poeta, es Orlando González Esteva (Palma Soriano, 1952).
Las elucubraciones del escritor nos sorprenden y nos llevan por senderos pocas veces transitados. En su nuevo libro, Las voces de los muertos (Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, España, 2016), encontramos su andar por los caminos de la muerte y el exilio, como aquello de que el exilio es la muerte misma. González Esteva nos recuerda que no es la primera vez que aborda estos temas en su obra, por lo que este libro se jerarquiza en su cronología más personal: “No podía haberse escrito antes porque quienes lo inspiran, mis mayores estaban vivos. El libro es hijo de la muerte”.
Ya en los años ochenta (cuando aún era muy joven) había escrito versos como estos: “Sácialo, muerte, termina/ de una vez con esa extraña/ voluntad de poseerlo/ todo. Quítate la máscara”. En Las voces…, con una óptica mucho más cercana a lo insondable, se desdobla con estas visiones que retumban en esta décima: “Los muertos son más joviales/ si habitan tras los espejos/ donde se vieron de viejos/ y hoy se saben inmortales”.
Los poemas de este libro nombran a la muerte, dentro de un largo exilio que no tiene fin. El autor comenta: “A la palabra exilio quizás debamos añadir la palabra histórico, para que se nos entienda mejor (aunque la frase pueda divertir a algún cínico). El libro es una elegía por los miles y miles de cubanos que abandonaron la isla en los años sesenta y setenta, aún jóvenes, y que luego de una vida de sacrificios para sacar adelante a sus familias, envejecieron, enfermaron y murieron soñando con un destino mejor para Cuba; la desaparición de esos cubanos es la desaparición de todo lo que ellos encarnaron, y mucho de lo que encarnaron fue admirable. La crónica es personal porque más que historiar fríamente una serie de hechos, historia lo que sentí ante el destino de esos cubanos y, si no me equivoco, lo que sintieron muchos de ellos al final de sus vidas”.
Estos poemas no nacen del optimismo. Su fundamento es la muerte y el final. Son textos punzantes, con estructuras disímiles, donde todos los poemas se funden en una cadenciosa marcha fúnebre indetenible, en la que el silencio sosegado, glorifica una musicalidad que apacigua la muerte, en los 38 poemas de Las voces de los muertos.
González Esteva escribe estos versos: “el infinito placer de estar muerto”. Luego invita a “celebrar la lucidez de nuestros restos mortales”. El autor de Los ojos de Adán percibe la muerte como algo natural. “En el libro tan pronto me sitúo entre los difuntos como entre quienes se disponen a serlo. Sin embargo, la muerte de mis seres queridos y de un puñado de amigos mucho mayores que yo me ha lastimado profundamente. Es posible que este libro no sea más que un testimonio de amor a todos”.
Quizás por ello uno de los poemas más conmovedores del libro sea Colillas. El autor lo explica: “Colillas alude a la tragedia de mi padre, a quien el hábito de fumar devastó. En la primera de esas estrofas doy por un hecho que no cesaba de fumar porque ésta era su única forma de repatriarse, de sentirse en Cuba, aunque al hacerlo se matara: Mi padre fuma/ demasiado. La muerte/ le sabe a Cuba”. En esa misma corriente de textos muy personales está el bello soneto La casa de mi infancia no está fuera. Su casa en Palma Soriano: “esa casa continúa significando tanto para mí, me la sé tan bien desde el portal a la azotea, que en el poema acabo confundiéndome con ella o acaba ella confundiéndose conmigo: No tengo más ventanas que sus ojos./ No tiene más familia que mis huesos”.
Leer Las voces de los muertos es como si la vida que resta estuviera rodeada de cenizas, de la cual no hay escape. Quizás por ello leer estos poemas sea una experiencia dolorosamente edificante y renovadora, por los guiños que nos brinda González Esteva alrededor de los devaneos de la vida y de la muerte.
Envejecer en el exilio deja una huella que cada cual afronta desde su sensibilidad y propia realidad. El autor de este libro señala que para él ha sido algo natural. “He lamentado y lamentaré siempre que mi juventud no transcurriera en Cuba. Lamentaré que estos años, los que corren, y los años que aún pueda vivir tampoco transcurran en ella. Pero estoy donde moralmente debo estar, quiero estar. Mientras los responsables de la catástrofe que ha sufrido y sufre el país continúen en el poder no hay más alternativa que permanecer en el exilio”.
Orlando González Esteva escribe un libro sobre el morir en el exilio, pero, sus textos los universaliza una visión mucho más grandiosa, donde los espacios y las sombras se articulan para urdir poemas sobre “sueños incumplidos” e historias “tantas veces injustas”.
‘Las voces de los muertos’ se presenta el sábado 25 de junio a las 4:30 p.m., en el Koubek Center del MDC, 2705 SW 3ra Calle. Teléfono: 305 237-7750. El evento es gratis y abierto al público.
@Luisdelapaz1956
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de junio de 2016, 10:43 a. m. with the headline "Orlando González Esteva da vida y voz a los muertos."