Salud

Conmociones cerebrales, problema más allá del cine

Danielle Guillama, de 16 años, es examinada para ver alguna señal de conmoción cerebral después de haberse golpeado en la cabeza durante un juego de basketball en Miami Palmetto High.
Danielle Guillama, de 16 años, es examinada para ver alguna señal de conmoción cerebral después de haberse golpeado en la cabeza durante un juego de basketball en Miami Palmetto High. skaestle@miamiherald.com

Marquis Decius, que juega en la posición safety en el equipo de la Secundaria Booker T. Washington, acechaba al wide receiver y se lanzó hacia su objetivo. Chocaron casco con casco. El impacto se sintió como un choque contra una pared.

“Después de la jugada, salí, miré a la pizarra y no podía ver bien”, dijo Decius. “Me empezó a doler la cabeza”.

Los entrenadores atléticos del estudiante notaron la manera de actuar confusa de Decius mientras se tomaba un respiro. Se lo dijeron a la entrenadora Rheisa Burke, quien le hizo a Decius una rápida evaluación de trauma de la cabeza en su iPad, llamada la prueba King-Devick.

“Estaba aturdido”, dijo Burke.

Decius tenía una conmoción cerebral y el entrenador Earl Tillman le ordenó que no jugara más. Tres semanas después, luego de seguir un protocolo estricto de recuperación, Decius regresó a la acción durante la postemporada. El mes pasado, los Tornadoes ganaron su cuarto campeonato estatal consecutivo y Decius fue el astro de la defensa.

Estudiante de último año, Decius pudo no haber estado lo suficientemente saludable para disputar su mejor partido en su último encuentro en la secundaria si no hubiera sido por las medidas que tomaron sus entrenadores. Ellos son los participantes clave en una asociación pionera entre las escuelas públicas del Condado de Miami-Dade y la Universidad de Miami (UM), que ha hecho de la conciencia, prevención y tratamiento de las conmociones cerebrales una prioridad para los 12,000 atletas-estudiantes del condado.

La UM y el cuarto mayor sistema de escuelas públicas del país trabajan en conjunto para catalogar y tratar las conmociones cerebrales en cualquier secundaria pública, un proyecto que es único en el país, según su fundador. Desde que la iniciativa comenzó hace unos cuatro años, se han documentado casi 600 casos.

Esa cifra representa sólo el número mínimo de conmociones sufridas por atletas de secundaria, las que se reportaron oficialmente en 36 secundarias públicas. Muchos otras, por varias razones, probablemente no se detectan o documentan y el programa no sigue a unas 55 escuelas privadas y charter que tienen equipos en deportes de contacto en todo el condado.

“Es la punta del iceberg”, dijo Gillian Hotz, directora del programa de control de conmociones cerebrales de UM y la fuerza detrás de la iniciativa de compilar información.

Aunque es demasiado temprano y Hotz sigue trabajando para mejorar la respuesta de las escuelas, el programa ya ha generado la información correspondiente a tres cursos escolares. Las cifras han comenzado a arrojar luz sobre con cuánta frecuencia los jóvenes sufren conmociones, por qué se lesionan y cuánto tiempo les demora recuperarse. Y lo más importante, cómo prevenir las conmociones.

“Lo que estamos tratando de hacer es mejorar la seguridad del juego”, dijo Hotz. “Esto nos ha permitido ver exactamente las cifras en el país y trabajar con los departamentos de deportes para determinar si lo que hay que cambiar es la hierba, o los cascos, o la dirección correcta del juego”.

Las investigaciones de Hotz muestran que el curso escolar pasado se reportaron casi 200 conmociones cerebrales –una pequeña fracción de los jóvenes que practican deportes en la secundaria– y que esas lesiones pueden pasar del campo de juego al aula. Después de una conmoción cerebral, los jóvenes pueden tener problemas incluso para leer durante días o semanas.

No sorprende que la mayoría de las lesiones ocurrieron en el football, pero también en una docena de deportes de contacto, desde el fútbol femenino hasta el polo acuático.

La Florida se ha esforzado en años recientes por mejorar la prevención de lesiones, y ahora hay límites en el contacto durante las prácticas de football, por ejemplo, y las jugadoras de lacrosse tienen que usar cascos.

Roger Dearing, director ejecutivo de la Asociación de Deportes de Secundaria, cree que en este momento los atletas se lesionan menos.

“Creo que ahora se reconocen más casos de conmociones cerebrales”, dijo Dearing. “No creo que suceden con más frecuencia, sino todo lo contrario”.

Ese pudiera ser el caso, pero la realidad es que nadie puede afirmarlo con seguridad. Hasta que Miami-Dade se alió con UM, probablemente sólo otro condado floridano, Orange, hizo un esfuerzo por compilar información sobre lesiones cerebrales en los deportes que se practican en las escuelas secundarias. Y aunque los investigadores, los medios de comunicación e incluso Hollywood, con la película Concussion, protagonizada por Will Smith, han dedicado cada vez más atención a esas lesiones en los jugadores profesionales de football, los deportes juveniles siguen siendo una pieza perdida en el complejo rompecabezas médico.

LAS TENDENCIAS

Después de tres años, el programa de UM ha comenzado a mostrar algunas tendencias extendidas.

La mayor parte de las conmociones reportadas –aproximadamente el 70 por ciento– han ocurrido en el football, que también tiene la mayoría de los atletas, con casi 1,600 jugadores el año pasado. Entre los jugadores de football, los linebackers son los que más probabilidades tienen de sufrir una conmoción, con 67 lesiones reportadas. Los wide receivers sufrieron 47 conmociones.

Los jugadores de fútbol y baloncesto ocuparon el segundo y tercer lugar en la cantidad de conmociones, aproximadamente 12 y 7 por ciento del total, respectivamente, además de otra media docena de deportes.

Un área que ha mostrado un alza significativa son los deportes femeninos, que han pasado de 15 lesiones el primer año a 39 el año pasado, un aumento de 160 por ciento.

Es difícil saber qué importancia tienen esos cambios anuales, porque las cifras indican claramente grandes diferencias entre las escuelas. La Secundaria Coral Gables, con 3,400 alumnos, lidera en todo Miami-Dade con 56 conmociones reportadas, seguida de South Miami con 40. Al final de la lista están North Miami Beach y South Dade, las dos con equipos de football, con dos y cuatro conmociones reportadas.

Hotz cree que la diligencia de los entrenadores, quienes son los responsables de compilar las cifras, explica las grandes diferencias entre las escuelas, y dijo que trabaja en programas de capacitación para alentar normas más uniformes para reportar los casos.

DEFINICIÓN DE CONMOCIÓN CEREBRAL

Una conmoción cerebral es un trauma invisible que incluso puede no detectarse con una tomografía. Ocurre cuando el cerebro es sacudido dentro del cráneo después de un golpe. Los jóvenes son especialmente susceptibles porque tienen los huesos del cráneo menos gruesos y el cuello más débil. Un estudio del Consejo Nacional de Investigaciones e Instituto de Medicina mostró que los jugadores de football de secundaria tienen dos veces más probabilidades que los universitarios de sufrir una conmoción.

Las conmociones son tratables y la mayoría desaparecen a los pocos días o semanas. Pero los casos serios pueden dejar consecuencias que duran meses o incluso años.

“Algunos muchachos presentan muchos síntomas. Otros no presentan síntomas de ningún tipo”, dijo Hotz.

Elise Carlos, de la Secundaria Miami Central, trata los dolores, desgarramientos y esguinces de 450 atletas. Y cuando informa sobre las conmociones, les dice: “Es la vida lo que está en juego. Si se lesionan, no lo oculten”.

Los síntomas –dolor de cabeza, náusea, mareos, modorra, incapacidad para concentrarse, sensibilidad a la luz y los ruidos– tienden a ser peores y a durar más entre las mujeres jóvenes. En Miami-Dade, las jóvenes atletas tuvieron más conmociones que los varones en fútbol y baloncesto durante los últimos dos años, según un análisis de UM. Esa diferencia se refleja en una investigación a nivel nacional.

El equipo de fútbol femenino de la Secundaria Coral Gables comenzó esta temporada con cinco jugadoras en el banco debido a conmociones cerebrales. Una portera levantó por los aires a la delantera Brianna de la Osa, quien cayó de espaldas y se golpeó la cabeza en la grama en el Traz Powell Stadium. Tres días después, comenzó a sentirse mareada. Al día siguiente tenía mareos y confusión.

“El lunes, en la clase de matemáticas, no entendía nada de lo que decía el profesor”, dijo De la Osa, quien no aprobó varias pruebas de cognición que le administró el médico.

Faltó una semana a clases y sufrió fuertes dolores de cabeza que le provocaban náuseas. Le dijeron que no podía siquiera mirar televisión, leer o textear.

De la Osa demoró un mes en regresar a la cancha.

EL PROGRAMA

Parte de esa recopilación de pruebas se desarrolla en escuelas de Miami-Dade.

Los resultados ofrecen información valiosa sobre quiénes se están lesionado y por qué. El año pasado, cuando Hotz notó un aumento en las conmociones en el football en un escuela, llamó al entrenador.

“El individuo dijo: Creo que sé la razón. Son los cascos. Los muchachos están cambiando los cascos’. Y como sabía eso, envié a mi gente allí. Trabajamos con el equipo para adaptar los cascos y el problema desapareció”, dijo Hotz.

Miami-Dade le sigue la pista a las lesiones de los estudiantes desde hace años, pero sólo para propósito de seguro. No fue hasta el 2011 que el sistema escolar se alió con la Universidad de Miami para compartir su información.

El programa de seguimiento de Miami-Dade funciona porque cada escuela secundaria tiene un entrenador deportivo a tiempo completo quien está obligado a entregar a UM los reportes de conmociones. En todo el país, buena parte de las investigaciones sobre conmociones cerebrales a nivel de escuela secundaria depende de los entrenadores deportivos, quienes recopilan y reportan la información, porque tienen la experiencia para detectar las lesiones y asisten a los eventos deportivos como parte de su trabajo.

Cuando un alumno se lesiona, Miami-Dade sigue un protocolo para diagnosticar y tratar las conmociones. Los entrenadores supervisan el regreso de los alumnos lesionados a las actividades deportivas. Los alumnos deben someterse a un regreso gradual al deporte, donde se les permite participar en prácticas cada vez más intensas si no vuelven a mostrar síntomas.

Algunas veces eso puede demorar meses.

Ingrid Espinoza-Hueck era nadadora y alumna de primer año en la secundaria Miami Senior High cuando un entrenador le gritó que cambiara de carrilera en la piscina, se resbaló de la plataforma de salida y se golpeó contra el piso. El sonido de la cabeza contra el concreto se escuchó en toda la piscina. El entrenador Tim Tornillo corrió hasta donde quedó tendida la nadadora.

“Pensé que podía estar muerta”, dijo Espinoza-Hueck.

Recuperó la conciencia en los brazos de Tornillo con la sensación de que se había golpeado muy fuerte la cabeza. Ese fue el principio de una agonizante recuperación de seis meses para Espinoza-Hueck.

Antes de mejorar y volver a jugar polo acuático la primavera pasada, sufrió de tartamudeo y a veces sangraba por la nariz. La legibilidad de su letra manuscrita se deterioró y tenía que usar gafas de sol a todas partes porque la luz le molestaba.

Andre Fernández y Manny Navarro, reporteros del Miami Herald, contribuyeron a este reportaje.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de enero de 2016, 3:20 p. m. with the headline "Conmociones cerebrales, problema más allá del cine."

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