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Abadías y castillos medievales en Borgoña

Castillo de Chastellux.
Castillo de Chastellux. CORTESÍA

Antiguo principado feudal anclado en el corazón del reino de los francos, Borgoña alcanzó su máximo esplendor en tiempos de la expansión del Ducado, entre 1361 y 1477, con su capital en Dijón.

Centro estratégico en medio de la ruta entre París y Milán, el Ducado fue una de las plazas comerciales más importantes de Europa, y mercaderes y comerciantes que venían desde el otro lado del Rin y de los Alpes la visitaban asiduamente para vender e intercambiar allí sus mercancías.

No ha de extrañarnos que una de las joyas del arte románico francés se encuentre justamente en estas tierras, exactamente en el actual departamento del Yonne. Se trata de la abadía de Vezelay, de orígenes que se remontan al siglo IX, pero cuya configuración actual se debe al trabajo de los constructores del siglo XII.

La abadía de María Magdalena de Vezelay.
La abadía de María Magdalena de Vezelay. William Navarrete CORTESÍA

De puro románico borgoñés, la abadía fue consagrada a María Magdalena, una figura del catolicismo que tuvo gran impronta en Francia por considerarse, a partir de una leyenda del siglo X, que a este país llegó –exactamente a Marsella–, en donde predicó los Evangelios antes de morir y ser enterrada en la trastierra provenzal de esta ciudad, en Saint-Maximin la Sainte-Baume. Entre 1050 y 1250, la basílica se convierte en el mayor santuario de culto a la santa en Europa, pues sus reliquias fueron llevadas desde Provenza hasta Vezelay en el año 882, y buena parte de éstas se halla aún en la cripta del templo.

Vezelay es famosa por sus capiteles románicos historiados, considerados entre los más hermosos y mejor conservados de Francia, así como por los tímpanos que separan el nártex de la nave principal. La posición del poblado, en medio de diferentes rutas que comunican otras regiones de la propia Borgoña, lo convierten en un sitio ideal para alojarse y, a partir de allí, visitar muchos monumentos de gran interés de la zona.

A muy poca distancia del pueblo, a orillas del río Cure, la parroquia de Saint-Père, en un pequeño burgo típico borgoñés, es considerada una de las obras maestras del gótico en el antiguo Ducado. La iglesia se construyó a partir del siglo XIII, y se destaca por la esbeltez y fineza del conjunto, así como por las diferentes piezas que, como filigrana, ornamentan el atrio. Un sepulcro del 1258 precede la entrada principal del edificio. La entrada a ambos edificios religiosos es gratis.

Pórtico de la parroquial de Saint-Père.
Pórtico de la parroquial de Saint-Père. William Navarrete CORTESÍA

Nos encontramos muy cerca del castillo de Chastellux, uno de los sitios de obligada visita durante una estancia en la región. Imponente construcción que ha evolucionado con el tiempo, el castillo lleva la impronta de los siglos XIII, XV, XVII y XIX, que han marcado su imagen.

Torreón del Castillo de Chastellux.
Torreón del Castillo de Chastellux. William Navarrete CORTESÍA

En manos de la misma familia desde hace mil años, es posible realizar su visita tres veces al día guiados por su propietario, el conde Philippe de Chastellux, un personaje que, dados su vasta cultura y mucho mundo, no dejará indiferente a nadie. 1700 hectáreas de bosque circundante, lo convierten en el propietario forestal más grande de Francia y su castillo posee un bellísimo parque diseñado por Le Notre (quien diseñó también los jardines de Versailles). En otros tiempos, el feudo disponía de todos los elementos necesarios para una economía autosuficiente, desde su propia iglesia, estanque, establos, caballerizas, hornos, y hasta un burgo en donde vivía la servidumbre.

Al conde de Chastellux lo atan estrechos vínculos con Estados Unidos. Uno de sus ancestros participó en la guerra de independencia norteamericana y, por otra parte, él mismo vivió durante muchos años en Hollywood, donde, antes de heredar la propiedad se ocupaba de cuestiones relacionadas con el cine.

Un terrible incendio destruyó una de las torres del castillo y varias piezas en 1975, y desde entonces, de manera febril, se enfrasca, por deber con la historia familiar y local, en recuperar el patrimonio familiar que le fue legado y que durante diez siglos ha estado en manos de su familia.

Emparentados con él, los propietarios del castillo de Bazoches, a pocos kilómetros de Chastellux, son también herederos de un personaje singular: el mariscal Sebastien Le Prestre de Vauban, uno de los genios mayores de la arquitectura militar de toda Europa, autor del trazado de unas 300 obras, entre fuertes, ciudadelas militares y fortalezas en toda Francia.

Gran sala del castillo de Bazoches.
Gran sala del castillo de Bazoches. William Navarrete CORTESÍA

Bazoches, del siglo XII, posee un plano trapezoidal y sus torres redondas angulares le dan el aspecto militar que el propio Vauban quiso imprimirle cuando lo adquirió en 1675. Hoy día, las salas exhiben un rico mobiliario y obras de arte de los siglos XVII y XVIII, además de varias bibliotecas con más de 14,000 volúmenes valiosos. Los propietarios poseen también Cheverny, uno de los castillos del Loira más visitados.

Abadía de Reigny.
Abadía de Reigny. William Navarrete CORTESÍA

Al norte de Vezelay, en uno de los brazos del río Cure, la antigua abadía de Reigny es un sitio encantador y sus dueños ofrecen servicios de hostelería y de recepciones, banquetes, bodas y otras conmemoraciones. El edificio cisterciense original data del año 1134, aunque fue muy afectado durante la Revolución francesa, al punto de perder su claustro, la iglesia y muchas de las dependencias. Han llegado hasta nuestros tiempos el refectorio del siglo XIV, considerado como excepcional por la calidad de su arquitectura, así como por los dormitorios monacales y un típico palomar del siglo XVII. En esta abadía se alojaron el duque de Westminster y Coco Chanel. Los propietarios actuales, Louis-Marie Mauvais y su esposa, han sabido conservar y revalorizar las partes que se salvaron de la furia destructora de la Revolución.

Algo más lejos, en el departamento vecino de la Côte d’Or, las abadías de Fontenay y de Val de Chaux, deben también al arte del románico del císter notoriedad y grandeza.

Claustro de la Abadía de Fontenay.
Claustro de la Abadía de Fontenay. William Navarrete CORTESÍA

La abadía de Val de Chaux se halla en medio de uno de los espacios verdes más extensos del norte de Francia, el bosque de Châtillon, y tan aislada que la carretera estrecha que nos lleva hasta ella culmina delante de su pórtico. Inés del Mármol y Michel Monot, los propietarios de este antiguo recinto monacal fundado en el año 1203, han dado nueva vida a un sitio que, como muchos en el país, sufrió los estragos revolucionarios a finales del siglo XVIII. Además de la hostería, ubicada en parte de las antiguas dependencias monacales, existe un fabuloso museo dedicado a los temas de la caza y la naturaleza.

La abadía de Val de Chaux.
La abadía de Val de Chaux. William Navarrete CORTESÍA

La abadía es conocida por tener una jauría de más de 100 perros y por las batidas de montería de ciervos y jabalíes que organizan, a la usanza tradicional, durante la época en que se autoriza la caza. El huerto de los monjes fue transformado en jardín a la francesa, y el gran estanque es uno de los sitios más románticos del lugar.

Sala capitular de la Abadía de Fontenay.
Sala capitular de la Abadía de Fontenay. William Navarrete CORTESÍA

No lejos de allí, la abadía cisterciense de Fontenay, también privada, ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y es una de las más impresionantes y mejor conservadas de todo el país. Se destaca su claustro espectacular, intacto desde el siglo XII, además de la iglesia cisterciense (una de las más antiguas) de extrema pureza y simplicidad. A un lado de ésta, el dormitorio de los monjes es también impresionante por la estructura de madera del techo que imita la quilla de un barco.

Otro de los edificios interesantes del complejo es la herrería del siglo XII, a la que se le considera como una de las fábricas metalúrgicas más antiguas de Europa y cuyo molino hidráulico, recientemente restaurado y en funcionamiento, es digno de atención. La abadía realiza numerosas actividades y posee un centro de animación cultural muy activo, encargado de exposiciones y conciertos de música clásica.

También en Borgoña, en las tierras de la comarca de Puisaye, vinculadas a la vida y obra de la escritora francesa Sidoine-Gabrielle Colette que era originaria de Saint-Sauveur, se encuentra el célebre Castillo de Saint-Fargeau, conocido por el gran espectáculo medieval de carácter histórico que se lleva a cabo en sus jardines cada verano.

Castillo de Saint-Fargeau.
Castillo de Saint-Fargeau. William Navarrete CORTESÍA

Aunque la forma de fortaleza pentagonal actual data del siglo XV, el castillo se construyó a finales del X y sufrió sucesivas transformaciones hasta la época actual. Uno de sus huéspedes más ilustres fue la célebre Grande Mademoiselle, prima hermana de Louis XIV, condenada a vivir cinco años de exilio en este sitio por haber formado parte de una conspiración contra el rey, la famosa fronde.

Muchas de las dependencias del castillo han sido restauradas y se destaca, entre todas las piezas, el granero por la admirable carpintería de su techo, un auténtico bosque de maderos, para el que hubo que talar 60 hectáreas de árboles.

En la región de Puisaye, otros sitios de interés son el castillo de Ratilly, el pueblo de Druyes-les-Belles Fontaines (con las ruinas de un antiquísimo castillo del siglo XII) y la construcción del castillo de Guédelon que comenzó en 1997 y para la que sólo se emplean voluntarios y las técnicas que se aplicaban en el medioevo).

En esta parte del noroeste de Borgoña abundan los pueblos pintorescos. Montreal y Noyers sur Serein son dos de los más bellos. Alrededor de la célebre zona vitícola de Chablis pueden visitarse el castillo de Ancy-le-Franc, uno de los mejores ejemplos del Renacimiento de inspiración italiana en Francia, y la colosal abadía de Pontigny, la más grande de las abadías cistercienses conservadas en Francia.

Sin olvidar que la gastronomía, con platos típicos, abundante variedad de quesos locales y vinos de excelencia harán de una estancia en esta antigua región de Francia un momento inolvidable que muchos querrán repetir.

William Navarrete es un escritor cubano establecido en París. wnavarre75@wanadoo.fr

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de julio de 2017, 1:30 p. m. with the headline "Abadías y castillos medievales en Borgoña."

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