El colapso de uno de los radiotelescopios de renombre mundial deja un legado astronómico
El Observatorio de Arecibo nació a mediados del siglo XX de una confluencia de fuerzas terrestres y celestes: William E. Gordon, el científico que diseñó el enorme radiotelescopio, quería estudiar la atmósfera superior de la Tierra. La agencia federal de defensa que lo financió aspiraba a dominar la carrera tecnológica contra la Unión Soviética.
Y así, entre 1960 y 1963, en una época llena de ambiciones de exploración espacial y tensiones de la Guerra Fría, se construyó un radiotelescopio de potencia y tamaño nunca antes vistos en Arecibo, una ciudad costera en el norte de Puerto Rico.
El grandioso proyecto fue planeado en un enorme sumidero natural ubicado en los mogotes de piedra caliza del llamado Karst Country de la isla. La ubicación significó que necesitaban excavar menos. Su proximidad al ecuador—Puerto Rico está a solo unas 1,200 millas al norte de la latitud— ofrecía un campo de visión claro de los planetas en lo alto. A lo largo de los años, las capacidades del radiotelescopio se ampliaron para permitir una exploración más profunda del cosmos.
El radiotelescopio fue una herramienta para muchos logros importantes: desde el descubrimiento de los primeros planetas fuera de nuestro sistema solar hasta la elección de un lugar de alunizaje para la misión Apolo 11.
La cuenca natural sujetaba la placa reflectora blanca-grisácea de 300 metros de diámetro del telescopio. Sobre el plato fijo, tres torres suspendían una plataforma giratoria de 900 toneladas. Esta albergaba receptores, transmisores y otros equipos dentro de una cúpula que colgaba como media pelota de golf en el aire. El enorme tazón de aluminio capturaba las ondas de radio y las enfocaba en la plataforma; sus aparatos traducían entonces los “sonidos” del universo en datos e información para los científicos que estudian los misterios del cosmos.
El radiotelescopio sobrevivió muchos huracanes y terremotos. Pero la Fundación Nacional de Ciencias, propietaria del observatorio desde la década de 1970, anunció abruptamente a mediados de noviembre que demolería el telescopio. El instrumento había perdido estabilidad en los últimos meses por la falla de algunos cables. La agencia federal consideraba que las reparaciones eran peligrosas para los trabajadores y que no se podía garantizar la solidez estructural a largo plazo. Tras el anuncio, un grito de guerra para mantener la querida institución de Arecibo explotó en la isla y en todo el mundo.
Pero antes que ninguna máquina pudiera derribar el telescopio, la plataforma y la cúpula se desplomaron en el plato reflector la mañana del 1 de diciembre. Los hogares de todo Puerto Rico se despertaron con presentadores de noticias sombríos y llorosos, que confirmaron lo que se trató como una tragedia nacional. El sumidero, que alguna vez fue cuna de revelaciones cósmicas, se convirtió en un cementerio de metal y cemento. Una nube de polvo marrón se levantó entre los mogotes verdes mientras se estrellaba el radio telescopio, visible desde las casas cercanas. Un ex científico del observatorio que vive cerca dijo que el evento sonó como una “avalancha” o un “tren”.
Durante sus 57 años de funcionamiento, el Observatorio de Arecibo ha sido un motivo de orgullo y un trampolín de oportunidades profesionales para los puertorriqueños, así como un ícono mundial de cultura y logros. El telescopio era tan conocido que apareció en varias películas, como la película de James Bond de 1995 GoldenEye y la película de ciencia ficción de 1997 Contact. Su colapso repentino dejó el instrumento irreparablemente dañado y su destrucción ha tenido muchas consecuencias.
Para los científicos y estudiantes de Puerto Rico, es la pérdida de una institución que proporciona educación y trabajo de clase mundial en un lugar que carece de oportunidades de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. El observatorio también dio forma a algunas de las mentes más brillantes en casa mientras atraía a otras personas de todo el mundo— de India, Brasil, Canadá y más—a la isla.
Para la ciencia, el colapso se traduce en una gran pérdida de conocimiento: el envejecido telescopio produjo datos invaluables las 24 horas del día para científicos de diferentes disciplinas y países. Cada momento en que no se puede utilizar el instrumento es una oportunidad perdida, quizás para siempre. El universo opera en una línea de tiempo diferente a la de los humanos. Las ventanas de estudio pueden ser tan estrechas como una sola vez en la vida, o varias vidas.
“Es como si tuvieras un pelotero que le quitan el guante, la pelota y el bate”, dijo Luisa Zambrano, científica planetaria que ha trabajado en Arecibo durante siete años.
En cuanto a la humanidad, la desaparición del telescopio podría representar una amenaza existencial. El Observatorio de Arecibo fue una herramienta de primer nivel para la defensa planetaria. El instrumento examinaba las características y comportamientos de los asteroides cercanos a la Tierra, como el monstruoso Apofis, de más de 1,100 pies de ancho. La desaparición del instrumento no deja a los científicos a ciegas, pero deja a la Tierra con miopía meteórica.
“Vamos a disminuir significativamente nuestra capacidad de proveer seguridad al planeta en cuanto a posibles asteroides que vengan cercanos”, dijo Zambrano.
Los científicos, defensores del progreso humano y amantes de Arecibo están de luto. Pero los reclamos de quienes pidieron a la NSF que revocara su decisión de demoler el radiotelescopio —antes de que el instrumento hiciera el trabajo por sí solo— no se han quedado callados después de su colapso. En cambio, se ha levantado un coro de voces exigiendo que el observatorio se reconstruya y que el nuevo instrumento sea de igual o mejor capacidad. En todo el mundo, aquellos cuyas vidas han sido tocadas por el observatorio se están organizando para que los mogotes algún día puedan albergar un telescopio que rinda homenaje al primero.
Zambrano es una de las muchas personas, tanto científicos como miembros del público en general, que están abogando por un nuevo instrumento.
“Fue difícil, pues uno pasa por el proceso de duelo, pero como en cada duelo, tienes que recuperarte”, dijo. “El legado del observatorio fue tan grande que la única opción posible que todos vemos es reconstruir”.
Un lugar de muchas primicias científicas
Durante casi seis décadas, el observatorio ha sido fundamental en algunos de los descubrimientos más importantes en un amplio abanico de disciplinas científicas.
“Lo que hace que el telescopio y la instalación científica sean diferentes de cualquier otro es la amplitud de la investigación que realiza”, dijo el Dr. Robert Kerr, astrónomo y científico atmosférico quien dirigió del observatorio. “Ha hecho contribuciones de calidad Nobel a la astronomía [de radar y radio,] a la ciencia atmosférica, a la ciencia planetaria”.
Uno de los primeros descubrimientos de Arecibo fue determinar que la rotación de Mercurio era de 59 días, un mes más corto de lo que se pensaba. Un historiador de la NASA confirmó al Nuevo Herald que los mapas lunares de Arecibo se usaron para determinar donde aterrizar la misión Apolo 11, la primera visita humana a la Luna. Las observaciones del radiotelescopio también ayudaron a la agencia a elegir donde colocar las sondas espaciales en Marte para el programa Viking en la década de 1970.
El radiotelescopio recibía y enviaba ondas de radio, lo que lo hacía único entre sus similares. Se usó para transmitir el “Mensaje de Arecibo “ en noviembre de 1974, un rayo interestelar deliberadamente dirigido a un cúmulo de estrellas globulares a 25,000 años luz de distancia de la Tierra. Si se decodificaba correctamente, compartía, entre otras cosas, los números del 1 al 10, imágenes del Observatorio de Arecibo, un mapa de la Tierra y el sistema solar y una figura humana.
Ese “primer uso del nuevo transmisor de radar” fue parte de una ceremonia de celebración de importantes mejoras para el radiotelescopio, según un documento de 1975 escrito por el personal de Arecibo. El personal creía que una respuesta extraterrestre era poco probable, pero era tanto un mensaje para los extraterrestres como un testimonio de las capacidades del instrumento. El observatorio eventualmente se convirtió en una fuente constante de información para grupos, organizaciones y académicos que buscaban vida más allá de nuestro planeta.
El Observatorio de Arecibo también ha sido un lugar de muchas primicias científicas.
En 1974, los físicos Russell Hulse y Joseph Taylor, quienes más tarde ganaron el Premio Nobel de Física, descubrieron el primer pulsar binario, un dúo de estrellas de neutrones que explotaron y emiten grandes cantidades de radiación electromagnética. Fue un hallazgo que verificó la Teoría General de Albert Einstein.
En 1981, el radiotelescopio generó los primeros mapas de radar de la superficie de Venus, que anteriormente había sido difícil de capturar debido a las densas nubes que cubren el planeta.
En enero de 1992, los astrónomos Aleksander Wolszczsan y Dale Frail publicaron que habían encontrado los primeros exoplanetas fuera de nuestro sistema solar, girando alrededor de un pulsar. Ese sería un año decisivo para el Observatorio de Arecibo en más de un sentido: Arecibo detectó depósitos de hielo en las regiones polares de Mercurio. Veinte años después, la nave espacial Messenger de la NASA confirmó que había agua congelada en los oscuros y fríos cráteres de los polos del planeta.
“Cada noche y cada día, la gente descubría cosas nuevas”, reflexionó Kerr. “Era un lugar muy emocionante para trabajar”.
Kerr no solo pasaba sus horas de trabajo en el observatorio: durante sus dos períodos como director, uno entre 2007 y 2008 y otro entre 2011 y 2015, vivió allí unos cinco años, como un Merlín moderno en su torre.
“Cuando bajabas las escaleras, nunca sabías lo que la gente había encontrado la noche anterior”, dijo Kerr.
El ex director del programa describió con asombro los descubrimientos y hallazgos del telescopio. Pero más que nada, Kerr subrayó la maravillosa colegialidad y comunidad que fomentaba Arecibo. Los asteroides fueron objeto de fascinación para algunos científicos, mientras que otros ahondaban en la posibilidad de vida en planetas lejanos. Algunos investigadores pasaban su carrera buscando exoplanetas, mientras que otros usaban el espacio como un laboratorio cósmico para probar las leyes gravitacionales.
Pero desde la primera mano que maniobró el radiotelescopio en la década de 1960 hasta la última persona que exploró el cielo en agosto, cuando se suspendieron las operaciones, se formó un vínculo inquebrantable entre quienes miraban al espacio desde Arecibo.
Más de 350 personas usan el observatorio anualmente. Los científicos visitantes impartían conocimientos en conferencias y talleres en las instalaciones. Kerr describió las comidas con académicos de todo el mundo, quienes compartieron sus descubrimientos y experiencias. Su recuerdo favorito fue su almuerzo de despedida cuando dejó su puesto por primera vez. Todavía posee las hermosas pinturas de un artista local que le dio el personal del observatorio.
“El amor era increíble”, dijo Kerr.
‘Creo que ahí fue donde yo aprendí la palabra astrónoma’
El Observatorio de Arecibo está ubicado en el Barrio Esperanza. Una y otra vez, eso es lo que ha ofrecido a los puertorriqueños.
La isla ha experimentado inestabilidad política, económica, migración masiva y desastres devastadores en los últimos años. En 2020, incluso antes de que la pandemia de coronavirus azotara el mundo, varios terremotos estremecieron a la isla.
Pero a pesar de todo— la desesperación, la muerte, el deterioro— el Observatorio de Arecibo ha encarnado la búsqueda de lo que estaba más allá del ojo visible, más allá de las posibilidades del momento. Que el telescopio fuera testigo del cosmos desde la isla, aislada por su geografía natural, era una paradoja. Este pequeño archipiélago caribeño conectaba a toda la humanidad con el universo. Para muchos puertorriqueños, esa era una verdad de la que podían depender, sin importar qué tragedia ocurriera.
Después del huracán María en 2017, el radiotelescopio sufrió algunos daños. Aún así, se mantuvo alto y orgulloso, y el observatorio también sirvió como centro de acopio. Proporcionó agua y electricidad a las áreas cercanas. Algunos empleados se quedaron allí después de la tormenta y la FEMA usó el helipuerto de la instalación para entregar suministros esenciales.
“Esto fue mucho más que solo un observatorio científico”, dijo Kerr.
El observatorio ha sido una fuente de trabajo y educación. Emplea a más de 100 profesionales y atrae a casi 100,000 visitantes al año al centro-norte de Puerto Rico. Muchos visitantes son niños pequeños y adolescentes de escuelas de la isla. Una excursión a las instalaciones, ya sea con los maestros o la familia, es una tradición de la infancia boricua.
Para algunos, como Tamara González Acevedo, quien visitó por primera vez cuando era niña con sus padres y familiares, el observatorio los persuadió a dedicarse a la ciencia.
“Creo que ahí fue donde yo aprendí la palabra ‘astrónoma’, porque al menos desde que yo estoy en sexto grado dije yo quiero ser astrónoma”, dijo González, de 24 años. “El observatorio puso ese vocabulario en mí, ese conocimiento de lo que era la ciencia, de lo que es la astronomía, de lo que es el espacio”.
Muchas de las iniciativas del observatorio están orientadas a crear oportunidades educativas e involucrar al público. Los estudiantes incluso tenían la oportunidad de usar el radiotelescopio ellos mismos. Ese tipo de acceso educativo a herramientas y recursos de calibre mundial es inusual y forma parte de la cultura institucional.
En 2013 y 2014, González fue miembro de la Academia Espacial del Observatorio de Arecibo, un programa para que los estudiantes preuniversitarios se conecten con científicos y aprendan a investigar. Como estudiante universitaria de primera generación del pueblo montañoso de Lares, “conseguir este tipo de oportunidades fue un reto”, dijo.
Actualmente, estudia Física en la Universidad de Puerto Rico y aspira a un doctorado en la materia. Esperaba trabajar a tiempo completo en el observatorio algún día. Sus familiares se han unido a su dolor ante la pérdida.
“Aunque no saben mucho, quizás sobre la ciencia que existe detrás del observatorio y todas las cosas fascinantes que se hacen, ellos están muy tristes ”, dijo. “Creo que para ellos significa un símbolo cultural. Se ha convertido en algo que es parte de los puertorriqueños”.
Para muchos estudiantes, el desplome del telescopio los ha obligado a repensar sus planes futuros y considerar oportunidades fuera de la isla. Pero para los niños que nunca lo visitaron, es una pérdida de lo que podría ser la chispa que enciende su viaje hacia la ciencia.
‘’Todas estas facilidades no nacieron de la nada.”
La NSF indicó al Miami Herald que planea mantener abierto el Observatorio de Arecibo, así como algunas instalaciones e instrumentos en uso. Aún así, no hay noticias de la agencia federal sobre una reconstrucción del radiotelescopio.
“El proceso de la NSF para financiar telescopios y otra infraestructura a gran escala es un procedimiento establecido que involucra asignaciones del Congreso, colaboración con partes interesadas y evaluación de las necesidades de la comunidad científica”, indicó la declaración de NSF.
Los cálculos de cuánto podría costar el reemplazo del radiotelescopio varían. El Dr. Kerr indicó que sería alrededor de $200 millones, estimando que sería menos costoso que una “misión de escala mediana de la NASA”. Pero otros científicos han puesto la cifra en alrededor de $400 millones.
Tanto el público como la comunidad científica han planteado interrogantes sobre cómo la NSF manejó las decisiones durante los últimos meses del telescopio.
En una conferencia de prensa el 3 de diciembre, el director de la División de Astronomía de la NSF, Ralph Gaume, dijo que la Universidad del Centro de la Florida, que administra el observatorio, tenía “todos los fondos necesarios” para participar en los esfuerzos de reparación y estabilización después de que el primer cable auxiliar falló en agosto.
“Se había programado la entrega de los reemplazos del cable auxiliar que cayó en agosto”, dijo Gaume. “Y cuando el cable principal se rompió el 6 de noviembre, la NSF autorizó la entrega acelerada de cables temporales”.
Pero el actual director del observatorio, Francisco Córdova, dijo a Associated Press que creía que había otras opciones, “como aliviar la tensión en ciertos cables o usar helicópteros para ayudar a redistribuir el peso”. Otros en la comunidad científica de Puerto Rico concuerdan.
La NSF dijo que no era posible trabajar a ninguna otra velocidad o seguir otro curso de acción.
“No había forma de hacer todo lo necesario para una reparación completa de forma segura. Se buscaron opciones como aliviar la tensión de los cables, pero incluían actividades de alto riesgo que debían planificarse cuidadosamente ”, dijo la agencia federal al Herald.
Independientemente de la razón del colapso, existe un consenso generalizado entre el personal del observatorio y la comunidad científica de la isla de que debe construirse un nuevo radiotelescopio. Las coaliciones de científicos y el público en general se están movilizando rápidamente para crear conciencia sobre la importancia de Arecibo.
En cuestión de días, los empleados del observatorio se habían reunido con la gobernadora Wanda Vázquez para discutir los próximos pasos. Decenas de usuarios del observatorio, de hoy y de épocas pasadas, se han reunido en “vigilias” virtuales para recordar el radiotelescopio y discutir posibles acciones a tomar. CienciaPR, una organización de científicos puertorriqueños con más de 13,000 miembros, también se ha movilizado.
“Este es un esfuerzo que va a requerir un montón de dinero y tiempo”, dijo Mónica Feliú-Mójer, jefa de comunicaciones de CienciaPR. “Tiene que haber un esfuerzo sostenido de presión pública.” La científica puertorriqueña dijo que fue como “una daga al corazón ver ese ícono caer”.
También hay un fuerte impulso y activismo entre los científicos jóvenes. González es una de las líderes de la iniciativa Save the Arecibo Observatory, un movimiento dirigido por estudiantes de más de 160 personas de escuelas puertorriqueñas y americanas. El colectivo lanzó una petición para obtener los fondos necesarios del Congreso para construir un nuevo radiotelescopio.
La abrumadora respuesta de apoyo ha dejado a los empleados del Observatorio de Arecibo y a las personas afiliadas a la institución sintiéndose optimistas. También piensan que una vez más, como en la década de 1960, los factores geopolíticos, como la competencia entre Estados Unidos y China, podrían ser posibles motivadores para que el gobierno federal financie un nuevo radiotelescopio. Hasta 2016, Arecibo era el telescopio de apertura llena más grande del mundo, hasta que el FAST de China lo destronó. La misma semana del colapso se recibieron noticias de que China se había convertido en el segundo país en plantar su bandera en la luna.
El profesor Abel Méndez, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria, dijo al Herald que hasta 100 científicos de todo el mundo están escribiendo un documento técnico para proponer un radiotelescopio “Arecibo 2.0” y lo que podría hacer para avanzar la ciencia.
“Todas estas facilidades no nacieron de la nada. Nacieron de un white paper que presentó el caso de que tenemos que hacerlo así y necesitamos tal instrumento que no existe”, dijo Méndez.
Durante más de 50 años, el radiotelescopio fue un poderoso oído y boca para la Tierra en el espacio, enviando y recibiendo ondas de radio, que se convertían en datos, que a su vez se convertían en conocimiento científico, que explicaban el universo que habitamos de formas invaluables.
Hoy, el radiotelescopio está hecho pedazos, ensordecido y silencioso, en el fondo de su casa hundida.
Pero hay miles de personas en todo el mundo, como Méndez, González, Kerr, Feliú-Mójer y Zambrano, defendiendo el radiotelescopio y abogando por su sucesor.
“Ahora, pues, nos toca a nosotros ser la voz del observatorio, para volverlo a tener”, dijo Méndez. “y no quedarnos sordos y mudos”.
Para que un día Arecibo pueda escuchar el universo nuevamente y el universo a su vez pueda escuchar a Arecibo.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de diciembre de 2020, 8:06 a. m. with the headline "El colapso de uno de los radiotelescopios de renombre mundial deja un legado astronómico."