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Ramón Carneado, el estratega olvidado del béisbol cubano

Ramón Carneado, tercero desde la izquierda, junto al equipo directivo de los Industriales al final de la temporada de 1965.
Ramón Carneado, tercero desde la izquierda, junto al equipo directivo de los Industriales al final de la temporada de 1965. Foto de cortesía

Hablar de Ramón Carneado es abrir una página selecta del béisbol cubano. Sin embargo, con su figura se cometió una grave injusticia: siendo el mejor manáger de la isla fue separado del equipo Industriales y nunca fue elegido para dirigir la selección nacional en eventos internacionales.

Se inició como receptor en la Unión Atlética Amateur de Cuba actuando con el uniforme del Vedado Tennis Club y luego con la Universidad de La Habana cuando los Caribes ganaron el campeonato en 1949. Luego fue firmado por los Tigres de Marianao en la pelota invernal, aunque tuvo poca actuación.

Pero la mayor virtud de Carneado era dirigir béisbol. Poseía una mezcla de erudición beisbolera, conocimientos enciclopédicos, metodología de enseñanza profesional y una estricta disciplina basada en un respeto recíproco con cada uno de sus jugadores. Tenía como concepto de que en béisbol no siempre se puede ganar con batazos y que cuando la ofensiva falla se necesita buscar la victoria con jugadas estratégicas.

“A Carneado lo tengo siempre en mi pensamiento. Fue un maestro y un estratega del deporte de las bolas y los strikes. Antes de cada partido reunía a los integrantes del equipo y con una pizarra y lapiz en mano analizaba los errores cometidos en el juego anterior’’, indicó el ex lanzador estrella Manolo Hurtado. “Además, era como un padre para todos los jugadores sin mirar la esteleridad de cada uno’’.

Cuando se elimina el profesionalismo en Cuba al terminar el torneo de 1961 ganado por los Elefantes del Cienfuegos, se inicia la Serie Nacional con cuatro equipos, el 14 de enero de 1962. Occidentales fue dirigido por Fermín Guerra, Orientales estuvo bajo la conducción de Pedro “Natilla’’ Jiménez, Azucareros lo hizo con Antonio Castaño y Habana con José María Fernández.

El equipo Industriales, que con los años se convirtió en el más emblemático en la historia de las Series Nacionales, comienza en 1963 bajo la dirección de Carneado. Esta primera novena industrialista se llevó el triunfo con 16 victorias y 14 derrotas.

Los Industriales repitieron el cetro en las próximas tres campañas (1964, 65 y 66). La última de estas victorias se produjo el 11 de marzo de 1966 cuando en un partido decisivo celebrado en el Estadio Latinoamericano derrotaron a Orientales.

La novena de 1966 dirigida por Carneado tuvo en sus filas a estrellas como Pedro Chávez, Urbano González, Agustín Marquetti, Eulogio Osorio, Tony González, Ricardo Lazo, Germán Aguila, Alfredo Street y Manolito Hurtado.

Ante 43,000 aficionados que se dieron cita en el parque de la capital cubana, los Industriales apabullaron con una ofensiva de 15 imparables a cinco lanzadores rivales: Roberto Valdés, Emilio Vargas, Lázaro Santana, Aristides Calistre y Ernesto Verdecia.

Chávez guió la nave azul en noche perfecta bateando tres imparables, un doble y dos carreras impulsadas. En pitcheo, Hurtado realizó un relevo magistral a partir del tercer episodio cuando los Orientales anotaron una carrera y amenazaban con hacer más ante el abridor Alfredo Street, deteniendo la ofensiva rival y pintándolos de blanco en los siguientes seis episodios.

“Carneado fue un tremendo mánager con elevados conocimientos”, aseguró el legendario pelotero Tony González, torpedero estelar de los Industriales y del equipo Cuba durante la década del sesenta. “Además, un ser humano excepcional que protegía a sus jugadores y era respetado por todos, incluyendo a los rivales’’.

Los Orientales también contaron con un equipo de estelares integrado por Elpidio Mancebo, Felipe Sarduy, Andrés Telemaco, Ramón Echevarría, Vicente Díaz, J. Serrano, Agustín Arias, Miguel Telemaco, Roberto Valdés, Santana y José “Chivo” García.

Con la victoria, Carneado sumó su cuarto título seguido con los Industriales. Desde entonces, ningún otro piloto ha logrado ganar cuatro coronas consecutivas en la Serie Nacional. Con tres al hilo están Pedro Jova (1993-94-95) con Villa Clara e Higinio Vélez (1999-00-01) con Santiago de Cuba. En su cuatro años, Carneado sumó 103 victorias y 66 derrotas (.609).

Después de ganar cuatro años consecutivos, a Carneado de manera inexplicable lo dejaron afuera de la dirección del equipo Industriales para la campaña de 1967, siendo sustituido por Fermín Guerra. Fue entonces que los capitalinos cedieron su trono ante los Orientales dirigido por Roberto Ledo que contaron con un soberbio pitcheo del estelarísimo Manuel “El Cobrero’’ Alarcón, que antes del choque decisivo en el Estadio Latinoamericano, declaró: “Cierren la Trocha y que salga el Cocuyé’’, en alusión a que la victoria se iba a celebrar en Santiago de Cuba.

Así ocurrió, Alarcón, uno de los más grandes lanzadores que ha pasado por las Series Nacionales, derrotó a los Industriales propinándoles 10 ponches sin regalar pasaportes teniendo de rival en la lomita a Angel “Lumumba’’ García.

“A José Llanusa, en ese momento presidente del Instituto Nacional de Deportes, le preguntaron la manera en que los Industriales podían perder para que los Orientales capturaran el título, y él respondió que podía lograrse sacando a Carneado como timonel”, indicó Victor Carneado, hijo del ilustre dirigente. “Y todo se hizo de acuerdo al plan, sacaron a mi padre como mánager de Industriales y los azules perdieron en 1967”.

Antes de ser el mentor principal de los Industriales, Carneado había sido asistente del equipo Cuba dirigido por Clemente “Sungo” Carreras en la Serie Mundial de 1952, en La Habana.

A pesar de que Carneado había ganado el campeonato en 1963 y ser el mejor mánager de la isla, el mentor del equipo Cuba en los Juegos Panamericanos de ese año en Brasil fue Gilberto Torres. Miles de personas en discusiones callejeras solicitaban que fuera Carneado el dirigente en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1966 en San Juan, luego de conquistar su cuarta corona nacional consecutiva. Pero a Carneado también lo dejaron afuera.

“Mi padre siguió dirigiendo a su manera. Convirtió su casa como centro de reunión para todos los que quisieran aprender a dirigir una novena”, dijo Vitico, “Entre la extensa lista que se unieron al aprendizaje estuvieron figuras que luego fueron famosas, como Servio Borges, Juan “Coco” Gómez, José Miguel Pineda, Miguel Valdés y José “Guanabana” Quintana, entre otros.

Carneado pasó a dirigir en la Universidad de La Habana debido a que su amor por el béisbol lo llevaba a desconocer niveles de ligas. De acuerdo con varios testigos de la época, cuando mencionaba a sus jugadores universitarios lo hacía con el mismo respeto, la misma admiración y el mismo cariño que usaba para referirse a las estrellas que tuvo con Industriales.

Carneado, que nació el 14 de octubre de 1919 en La Habana, tuvo un hijo y dos hijas: Víctor, Martha y Adria. Su esposa también nombrada Martha, tiene 92 años y vive junto a Vitico en Miami. El destacado dirigente beisbolero murió en esta ciudad el 23 de noviembre de 1992. Tenía 73 años de edad.

Las autoridades deportivas tienen una deuda con quien fuera el mejor mánager de la primera década de las Series Nacionales y que nunca fue elegido para dirigir la selección nacional cubana, reuniendo todos los méritos para hacerlo. La mejor forma de pagarle esa deuda al estratega olvidado de la pelota cubana es elegirlo al Salón de la Fama del Béisbol.

Ramón Carneado lo merece.

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