Chicago despide al pelotero cubano Orestes Miñoso
Chicago rindió el sábado un sentido tributo de despedida a Orestes “Minnie” Miñoso, el legendario pelotero cubano de los Medias Blancas considerado como uno de los mejores jugadores latinoamericanos de la historia de las Grandes Ligas.
El oriundo de Perico, Matanzas, falleció repentinamente el pasado domingo 1ro. de marzo. Su cuerpo fue hallado por la policía del Condado Cook al volante de su automóvil cerca de una estación de gasolina en la cuadra 2800 de North Ashland Avenue.
Cientos de personas desafiaron el frío para asistir a su funeral en horas del mediodía en la Iglesia de la Sagrada Familia, donde se le ofreció una misa a la que asistieron sus familiares, el alcalde Rahm Emanuel, dirigentes de los Medias Blancas, amigos y ex jugadores de Grandes Ligas.
Al final del sepelio, se hizo escuchar la voz de Miñoso en un mensaje grabado a sus admiradores.
“Desde que llegué en 1951, ustedes me dieron su cariño, su respeto… Gracias por ser parte de mi familia y de mi parte”, dijo. “Les quiero y que Dios les bendiga”.
En ese momento, un coro juvenil procedió a cantar Take Me Out to the Ball Game, mientras se cargaba el ferétro para la procesión que pasó frente al estadio U.S. Cellular Field, el hogar de los Medias Blancas donde hay una estatua suya, y la zona donde estaba ubicado el home plate del desaparecido Comiskey Park.
Por último, sus restos fueron llevados para su descanso eterno al Cementerio Graceland.
“Nuestra familia aprecia las muestras de apoyo que hemos recibido por la organización de los Medias Blancas, amigos, fanáticos, peloteros y periodistas”, indicó al Nuevo Herald su hijo, Orestes Miñoso Jr.
El viernes en horas de la noche varios edificios de la ciudad de Chicago, en especial el Blue Cross Blue Shield, alumbraron todas sus ventanas con luces blancas y azules con el nombre de Orestes Miñoso y su número 9, en tributo a este gigante del béisbol mundial.
El fallecimiento de Miñoso representa para la pelota cubana lo mismo que significó para la música las muertes de Benny Moré y Celia Cruz. Con la diferencia de que el cantante cienfueguero murió en su patria, la Guarachera nacida en La Habana falleció en New Jersey y el jugador matancero en Chicago, lejos de su tierra y de sus compatriotas.
El alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, hablando a la concurrencia recordó que Miñoso siempre luchó contra dos condiciones consideradas desventajosas en su época: era negro y latino. Agregó que Miñoso respondió a las críticas conectando un jonrón de dos carreras en su primer turno al bate.
Su compatriota Alexei Ramírez, torpedero de los Medias Blancas, desde el campo de entrenamiento en Arizona envió un mensaje en honor a “Minnie” que fue leido en el funeral, que decía: “Miñoso le abrió camino a los restantes jugadores de su raza. Siempre me daba consejos y hoy estoy llorando a una persona a quien quería como a un padre”.
El gobernador Bruce Rauner dijo que Illinois ha perdido una leyenda y recordó a Miñoso como un pionero y líder, diciendo que el estado tiene con él “una deuda de gratitud”.
Al conocerse de su fallecimiento el domingo, el presidente Barack Obama envió un mensaje de condolencia a sus familiares.
Los principales diarios de EEUU, como New York Times, Washington Post y Chicago Tribune, lo recordaron. En los de Latinoamérica ocurrió otro tanto y en Cuba, su país de nacimiento, la prensa oficial de régimen mencionó el deceso.
Conocido como el “Cometa Cubano”, a Miñoso se le considera el Jackie Robinson latino, por ser el primer jugador negro latinoamericano en Grandes Ligas. Su aporte contribuyó al inicio de la verdadera época de oro del deporte en Norteamérica.
Antes de jugar en Grandes Ligas actuó por cuatro años en las Ligas Negras con los New York Cubans, contribuyendo a la victoria de la Serie Mundial de dicha liga en 1949 cuando derrotaron a los Cleveland Buckeyes.
En Cuba fue un ídolo de multitudes en la Liga Invernal con los Tigres de Marianao. Participó en las Series del Caribe de 1957 y 1958. En la década del cincuenta se popularizó una canción con un estribillo que decía: “Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila el cha, cha, cha.
Miñoso fue uno de esos peloteros que soportó humillaciones de fanáticos rabiosos, recibió muchos pelotazos de los lanzadores y tuvo que hospedarse en hoteles diferentes al resto de sus compañeros de equipo.
Pero el cubano supo enfrentarse con hidalguía a dichas actitudes para ganarse el cariño de los fanáticos y peloteros, tanto de su equipo como de los rivales. Fue un ser humano excepcional que practicó la sencillez y la naturalidad frente a la propia injusticia.
Su humildad fue su mayor grandeza. Y su legado en el béisbol será imperecedero.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2015, 9:50 p. m. with the headline "Chicago despide al pelotero cubano Orestes Miñoso."