Béisbol

El gran capitán de Miami se quedó para ejercer su liderazgo calmado en los Marlins

MARTIN PRADO en foto posada del 18 de febrero en Jupiter.
MARTIN PRADO en foto posada del 18 de febrero en Jupiter. Getty Images

La promesa hecha a Martín Prado venía con un ala rota. Cuando el capitán de los Marlins se encontraba negociando un nuevo contrato con el club, el principal tema de discusión era la integridad del núcleo de peloteros jóvenes para la siguiente temporada.

Esa era una de las insistencias del venezolano, a quien además le agradaba la posibilidad de vivir en Miami con la seguridad financiera para enfrentar los próximos y quizá últimos años de su carrera.


"Lo que había vivido en esas dos temporadas, las experiencias, todo eso me unía mucho a este grupo de jóvenes'', expresó Prado en Jupiter, cuartel general de los Marlins en la primavera. "Sentía que podía ayudarlos a llegar a un nivel superior. Por eso decidí quedarme y no ir a la agencia libre''.

Sin embargo, Prado no sabía que a ese núcleo le iba a faltar una pieza primordial.

Cuando el acuerdo por $40 millones y tres contiendas se concretó, Prado no pudo sentirme más contento, pero esa alegría se vio opacada por la tragedia de la muerte de José Fernández el 25 de septiembre en un accidente marítimo.

Por aquellos terribles días, Prado hizo todo lo posible por no ocupar un mínimo espacio de luz en la oscuridad que envolvía a los peces y con un rostro impasible pero firme desviaba cualquier pregunta sobre su contrato.


Tras la muerte de Fernández, al alto mando de los Marlins les quedó claro que retener a Prado era la prioridad de las prioridades, pues no se podía perder su capitanía, ni su experiencia, y mucho menos su presencia.

"Me sentí querido y, además, sentía que era el momento de poner el hombro para el equipo'', agregó Prado, de 33 años. "La muerte de José ha dejado un vacío muy grande. Ha sido una de esas experiencias que te sacuden y a la vez te hacen más fuerte. Espero que a todos nos haga más fuertes al final''.

Más allá de una producción sólida como la del 2016, cuando bateó para .305 con 75 impulsadas y 70 anotadas, el aporte de Prado es invaluable en el apartado del liderazgo, de la manera profesional de conducirse en un clubhouse y prepararse para el juego.

El venezolano no es de esos que ejercen su primacía alzando la voz o señalando al companero, sino con el ejemplo personal como bandera y el consejo sosegado al que lo necesita.


"Cada equipo necesita alguien como Martín'', apuntó el manager Don Mattingly. "Es una influencia fenomenal para el resto del grupo. Somos muy afortunados de tenerlo por los próximos años''.

Y Prado oculta su alegría por quedarse en el área del sur de la Florida, donde ha echado raíces junto a su familia, donde nació su hija Martina y su esposa Valeria termina la residencia de medicina.

"Mi familia está feliz, yo me siento renovado y con muchas esperanzas de lo que podamos lograr esta temporada'', recalcó Prado, quien pronto partirá para unirse a Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol. "Yo empecé esta carrera sin muchas expectativas, o no me daban muchas. Alcanzar este momento es un regalo de Dios''.

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