Béisbol

Bajo una lluvia inclemente, EEUU logra una meta que siempre le fue negada en el Clásico

EL ABRIDOR de Estados Unidos Tanner Roark lanza contra los japoneses el 21 de marzo del 2017.
EL ABRIDOR de Estados Unidos Tanner Roark lanza contra los japoneses el 21 de marzo del 2017. TNS

Parecía que nunca iba a llover en el sur de California, pero bajo el pertinaz aguacero que asedió el Dodger Stadium solo hubo un equipo feliz. Estados Unidos está por primera vez en su historia en la Final del Clásico Mundial de Béisbol.

En un juego sin estridencias ni gestos eternos, la selección nacional del país que inventó este deporte derrotó en la madrugada del miércoles 2-1 a Japón en Los Angeles y apenas tendrá tiempo para recuperar fuerzas y medirse a un Puerto Rico que es todo pasión, devorador de cuanto cuanto encuentra a su paso.

No le digan a estos americanos, sin embargo, que ellos apenas saben mostrar su emoción, pues la sucesión de abrazos en el centro del diamante era como un alud humano desbordado, luego de la contención tenaz del equipo nipón.

"Esto no ha terminado'', comentó el jardinero Adam Jones sobre el choque restante para definir al campeón del torneo. "Me quito la gorra ante el equipo de Japón. Este fue un choque de esos que se decide más con la voluntad que con los músculos. Japón fue un gran rival''.

Pobres japoneses, tan lejos de su Tokyo Dome, con su ambiente controlado y su grama sintética, ajenos a una lluvia incómoda que posiblemente tuvo mucho que ver en el resultado de este decisivo encuentro.

La defensa usualmente hermética de los asiáticos cometió un par de errores en jugadas de rutina que propiciaron carreras en la cuarta y octava entradas, a manos de infielders -Ryosuke Kikuchi y Nobuhiro Matsuda- que de manera combinada han ganado nueve Guantes de Oro en la pelota profesional de la tierra del sol naciente.

En un partido donde se cruzaban dos maneras de entender y practicar el béisbol, Estados Unidos jugó a la japonesa, aprovechando cualquier resquicio, sin pretender la heroica en cada momento. El país de las Grandes Ligas supo acomodarse bien a la pelota chica.

Conscientes del peso del momento, los estadounidenses se dieron a la tarea de proveer cada mínima oportunidad posible, intentando descifrar a un soberbio abridor como Tomoyuki Sugano, casi una copia al calco de Masahiro Tanaka, con sus ángulos de salida y sus secuencias de pitcheos que crearon confusión en los de casa.

Tanner Roark, que tan mala impresión dejara en su primera apertura del Clásico, esta vez no tuvo reproche y se enfrascó en un duelo con Sugano que luego fue prolongado por los relevistas de ambos conjuntos.

Al final, cuando la lluvia amainó, se pudo apreciar mejor la primera sonrisa del manager Jim Leyland en casi dos semanas y la promesa en el horizonte de un partido final con todos los ingredientes para dejar una memoria perdurable.

"Va a ser algo tremendo el choque contra los puertorriqueños'', recalcó el torpedero Brandon Crawford. "Pero esta es una victoria especial para Estados Unidos. Voy a estirar estas horas al máximo. Estamos en la Final''.

A diferencia de Puerto Rico, Estados Unidos no ha demolido a sus rivales con la emoción a flor de piel y colores en los cabellos, como una maquinaria infernal. Pero ha sabido hacer lo necesario para avanzar a la cita más importante del Clásico Mundial.

Veremos si este miércoles sigue lloviendo en el sur de California o si era mentira lo que siempre nos dijo la canción. Lo cierto es que nunca antes marzo había traído tanta emoción al béisbol de este país.

 

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de marzo de 2017, 0:43 a. m. with the headline "Bajo una lluvia inclemente, EEUU logra una meta que siempre le fue negada en el Clásico."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA