El Caballo Loco cubano muestra su mejor galope en la senda del humanismo
El Caballo Loco ya no lo es tanto. Pero corre mejor. Después de vivir una vida de experiencias contrastantes que lo llevaron de la cima del glamour angelino a las oscuridades de las Ligas Menores, Yasiel Puig se muestra por estos días con esa serenidad interior que nace de saber bien lo que se quiere en la vida.
No se trata de cambios cosméticos. Si Puig salió al terreno el miércoles en la noche con los nombres de Puerto Rico y México pintados en el rostro, era apenas una continuación de su labor humanitaria, en bien de los otros, una declaración de principios afincada en sentimientos reales.
Hace apenas unos días, el jardinero cubano donó $20,000 a los damnificados del Huracán Harvey que devastó parte de Houston y participó en la recolección de artículos de primera necesidad, lo que confirma su madurez dentro y fuera del terreno
Con la confianza que le ha dado el manager Dave Roberts, Puig vive una era de renacimiento en el béisbol que más allá de sus 26 cuadrangulares -marca personal- y 70 impulsadas, se mide mejor por la cantidad de bases por bolas que recibe (11.3 por ciento) y la disminución de swines fuera de la zona de strike.
Puig es un hombre cambiado. Y todo comenzó en el invierno, cuando el de Cienfuegos se dedicó a labores muy distintas a aquellos que acapararon titulares por razones controversiales y ajenas al terreno.
A Puig se le vio en varios lugares de Miami compartiendo con la comunidad, en hogares de ancianos o escuelas infantiles, entregando bolsas de alimentos, firmando autógrafos, acercándose a la gente que lo quiere y le desea el éxito sin condiciones, que le brinda amor del bueno sin pedir nada más allá de una sonrisa en la calle y un jonrón en el diamante.
Luego visitó la República Dominicana con la fundación que lleva de nombre, nada más y nada menos, que The Wild Horse, repartiendo ayuda material y espiritual entre personas de bajos recursos y peloteros de ligas infantiles.
Qué distinto de aquel Puig recién llegado, que irrumpió en los Dodgers con la fuerza de un huracán y enamoró al béisbol con su forma agresiva de jugar, pero que cargaba algo de arrogancia en sus maneras, en sus palabras y en su mirada. Que parecía tener todas las respuestas.
Cuando Los Angeles decidió enviarlo a un lejano club de la granja, Puig pareció haber tocado fondo. El equipo lo castigaba, pero albergaba una esperanza. Quería ver su reacción. A un hombre se le mide no solo por sus manifestaciones en el éxito, sino por la forma de lidiar con la adversidad.
Y Puig comenzó a renacer, a refundarse en un crisol que todavía no ha convencido a todos, pero que levanta aplausos. Pidió perdón a quienes había vaciado de confianza, se entregó al béisbol con una disciplina nunca antes vista, intentó y sigue intentando ser el mejor de los compañeros. Hoy cabalga más fuerte que nunca.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de septiembre de 2017, 2:47 p. m. with the headline "El Caballo Loco cubano muestra su mejor galope en la senda del humanismo."