Béisbol

De un cuarto oscuro en Cuba a cubrir a los Marlins, el sueño cumplido de un periodista

El colombiano Edgar Rentería, el héroe de la victoria de los Florida Marlins en la Serie Mundial de 1997.
El colombiano Edgar Rentería, el héroe de la victoria de los Florida Marlins en la Serie Mundial de 1997. Herald Staff

Nunca imaginé desde la oscuridad de un cuarto profundo que aquellos Marlins conquistadores de la Serie Mundial de 1997 serían tiempo después el objeto principal de mi trabajo en el Nuevo Herald. Si alguien me lo hubiera pronosticado, me habría reído en su cara.


Eran los difíciles días del mal llamado Período Especial en Cuba y por aquel entonces la vida en la isla era precaria y convulsa, sin espacio para los futuros y los sueños. El béisbol, una vez más se convertía en bálsamo, y esta vez venía desde el otro lado del Estrecho de la Florida, de la odiada Miami en los ámbitos gubernamentales.

Liván Hernández traía la cura momentánea. Su “I love you Miami'” era el grito de contracorriente, antisistémico, que sonaba como un trueno en el regocijo contenido de lo oculto, porque la celebración pública era fruta prohibida.


“I love you Miami”. Todos la adorábamos sin haber puesto un pie. No recuerdo a ninguno de mis amigos que no amara a la ciudad a la cual todos aspirábamos a llegar. El lanzador cubano lo recordaba con su triunfo en el Clásico de Octubre.

Paso adelante en el tiempo y llego a Miami a fines del 2000 tras una larga historia de intentos y fracasos. La suerte enorme de llegar a el Nuevo Herald y entrar al equipo de deporte fueron grandes regalos de la vida. El deporte es un tema noble, el béisbol es un tipo de existencia.

Comencé a cubrir los Marlins en el 2002, costaba trabajo creer que me pagaban para cubrir juegos de Grandes Ligas. Un robo y un placer. ¿De qué podía quejarme? Nada mejor podía suceder, ¿verdad?

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El logo de los Miami Marlins. el Nuevo Herald

Y justo al segundo año de seguir al equipo… otra Serie Mundial, contra los Yankees de Nueva York de Jeter y Clemens, de Mariano y Torre. ¿Ganar? No, hombre. Imposible que estos jóvenes Peces puedan desbancar a la maquinaria del Bronx con su nómina cargada de estrellas.

Qué equivocado estaba para mi bien. Primero los Gigantes, luego los Cachorros, y finalmente los Yankees, todos cayeron bajo el impulso de la sangre nueva que asomaba la posibilidad de una dinastía.

Comencé a cubrir los Marlins en el 2002, costaba trabajo creer que me pagaban para cubrir juegos de Grandes Ligas. Un robo y un placer. ¿De qué podía quejarme?

Jorge Ebro, columnista de el Nuevo Herald

Fue el último gran momento de gloria de los Marlins. Tras el 2003 vendría una cascada de “correcciones de mercado”, de intentos por competir que no pasaron de eso, y de diferendos entre el grupo comandado por Jeffrey Loria y los fanáticos. Los tiempos eran agrios, los resultados anémicos.

Los timoneles se sucedían de manera alocada, con destaque para la despedida de Joe Girardi días antes de que fuera reconocido como Manager del Año. Los peloteros de nivel no aguantaban la realidad financiera y eran cambiados en un ciclo nefasto e interminable: Miguel Cabrera, Mike Lowell, Hanley Ramírez.


Como John Henry previamente, Loria agitaba el fantasma de la mudanza a otra ciudad para presionar por un nuevo parque. Le construyeron uno magnífico, cinco estrellas, aunque el público siguió alejado por esa mezcla de incredulidad ante el producto en el terreno y la realidad económica de Miami.

El Nuevo Herald siempre estuvo en todo momento, en lo poco bueno y en lo mucho malo. Estará, como debe ser, en la nueva era que deberá inaugurarse a partir de octubre, cuando un nuevo grupo de propietarios, con Derek Jeter a la cabeza, tomen mando en la plaza de La Pequeña Habana.


Se abre un compás de esperanza y un nuevo reto para el diario. Jeter viene con recursos suficientes –la fuerza de un empresario como Bruce Sherman y el carisma de Michael Jordan– y el aura de vencedor, de Rey Midas que transforma aquello tocado por su mano. La diferencia óptica con Loria resalta claramente.

¿Podrá el gran capitán de Nueva York obrar su magia en Miami? Lo descubriremos todos juntos, periodistas y aficionados. Pero si de algo estoy seguro es que no puede ser peor. Y eso ya es ganancia pura.

Reportero y columnista de el Nuevo Herald desde el 2001. Ganador dos veces del primer premio en Sunshine State Awards en crónicas deportivas.

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