Béisbol

La pelota cubana se apaga y amenaza con morir lentamente

LUIS TIANT (der.) y Luis Giraldo Casanova, dos grandes de la pelota antillana en ambas orillas, comparten en el Juego de las Estrellas Cubanas, celebrado el 18 de enero de 2017 en el terreno de la Universidad Internacional de la Florida.
LUIS TIANT (der.) y Luis Giraldo Casanova, dos grandes de la pelota antillana en ambas orillas, comparten en el Juego de las Estrellas Cubanas, celebrado el 18 de enero de 2017 en el terreno de la Universidad Internacional de la Florida. Cortesía de Luis López.

Desde finales del siglo XIX el béisbol ha sido una de las pasiones del cubano. Un orgullo que se convirtió en sello de identidad y en expresión elevada de la cultura nacional.

Antes de 1961, Cuba fue la segunda potencia beisbolera a nivel profesional y la primera en el campo amateur. La eliminación de los torneos rentados detuvo el desarrollo de sus peloteros al torneo de Grandes Ligas.

A partir de esa fecha el amateurismo con sus Series Nacionales pasó a ser el principal espectáculo del país. La mejor etapa en calidad de este béisbol fue entre 1975 y 1999 donde jugaron centenares de figuras con todas las credenciales naturales para brillar en Ligas Mayores. Imposible mencionar todos los nombres en un espacio de publicación tan corto.

Es verdad que derrotaban a rivales amateurs y a selecciones nacionales universitarias de Estados Unidos que a pesar de que tenían gran nivel carecían de experiencia. Pero cada vez que se midieron a equipos profesionales en torneos amistosos, también los vencían. Y les ganaban porque aquéllos lanzadores y bateadores antillanos eran dueños de la excelencia beisbolera.

Toda esa gloriosa historia ha desaparecido a nivel colectivo con la excepción del buen papel realizado en el primer Clásico Mundial. Y las personas que fueron testigos de la calidad de los peloteros que actuaron en aquellas etapas pasadas coinciden con nosotros en que existe una diferencia notable con los que hoy juegan en eventos internacionales.

Muchos, en un intento por disfrazar las realidades, culpan de las derrotas a los managers. Y esto no es cierto, además de injusto, pues ellos hacen jugadas buenas y malas como los restantes estrategas en cualquier béisbol del mundo. Lo que sucede es que cuando no existe el material humano calificado no se puede aspirar a ganar en torneos donde juegan profesionales, incluso ante veteranos que han visto pasar sus mejores días.

Podemos mencionar varios factores que han causado el deterioro progresivo de las Series Nacionales y la caída cualitativa de la mayoría de los peloteros cubanos que juegan dentro de la isla.

El primer elemento que ha llevado a dicho deterioro fue la erradicación del béisbol profesional en un país que era la vanguardia mundial sólo superado por las Grandes Ligas de Estados Unidos.

Separarse de la modernidad significa atraso, unirse a ella representa superación. Cuando Cuba erradicó aquella tradición de excelencia profesional comenzó a transitar de forma lenta pero inexorable rumbo a la mediocridad.

De ser segunda potencia beisbolera mundial, hoy por hoy no es ni la octava. Es la realidad y se debe reconocer con la valentía que se requiere en busca de encontrar soluciones.


Nadie puede negar que el éxodo de peloteros hacia las Grandes Ligas y a otros torneos con mayor remuneración económica que la Serie Nacional, ha contribuido a dicho deterioro. Pero a la vez, debemos decir que este mismo éxodo fue provocado porque sus peloteros no tenían derecho a jugar profesional en otros países y regresar a su tierra como lo hacían los que jugaban antes de 1961.

Es cierto también que existe otra emigración de técnicos calificados que trabajan en otros países que lleva a frenar el desarrollo de los jugadores desde categorías inferiores que cuando llegan a la más alta traen muchas deficiencias técnicas.

Tampoco es un secreto que existe una escasez de implementos para practicar este deporte. Aunque en las décadas de mayor relieve de las Series Nacionales también faltaban en cada municipio de Cuba los bates, las pelotas, los guantes y los restantes medios. Y sin embargo, se jugaba una buena pelota.


No queremos negar que las leyes del bloqueo impiden que el pelotero cubano pueda ser firmado para franquicias de Grandes Ligas sin abandonar ilegalmente la isla. Pero tampoco podemos olvidar que el permiso para que los peloteros jugaran en torneos profesionales llegó a partir de las derrotas consecutivas en busca de mejorar la calidad. Antes de esa fecha, se impuso en el país una censura total hacia el profesionalismo.

En Cuba se eliminaron las llamadas Series Selectivas donde jugaban menos equipos y se concentraba la calidad. Estas Series con el mismo nombre o con otro distinto deberían regresar.

No podemos olvidar que se mantiene por parte de las autoridades beisboleras de Cuba las restricciones para que los cubanos que juegan en Grandes Ligas puedan actuar con la selección nacional en el Clásico Mundial de Béisbol o en Juegos Panamericanos. Los cubanos que deseen jugar con el uniforme del equipo Cuba deberían tener el derecho a ganarse un puesto en la nómina sin importar cuándo se marcharon del país, cómo lo hicieron y en qué lugar juegan.

El béisbol cubano y la historia de sus grandes luminarias debería ser un orgullo para todos sin importar sus etapas y el lugar dónde desarrollaron sus carreras. Esta intolerancia todavía no se ha superado al ciento por ciento.


Podríamos seguir enumerando otros factores negativos que ha llevado al béisbol cubano a la peor crisis de su historia. Pero ya con los mencionados sobran para entender el estado actual de las Series Nacionales y del equipo Cuba.

Algunos creen que los problemas del béisbol en la isla no tienen solución. Mis respetos para los que así opinan, pero yo no creo que la pelota no pueda volver a levantarse en una tierra donde nacieron Martín Dihigo, Cristóbal Torriente, José Méndez, Adolfo Luque, Orestes Miñoso, Tany Pérez, Luis Tiant, Tony Oliva, Armando Capiró, Luis Giraldo Casanova, Omar Linares, Braudilio Vinent, Pedro Luis Lazo y decenas de otras leyendas.

En Cuba se levanta una piedra y debajo de ella sale una futura estrella del deporte de las bolas y los strikes. Lo que se necesita es tomar el camino correcto sin desviarse.

La pelota cubana implora una revisión a fondo donde intervengan organismos deportivos, dirigentes, técnicos, exjugadores, periodistas y expertos sin importar el lugar donde residan, que estén dispuestos a ofrecer sus conocimientos y experiencias para que Cuba regrese a sus etapas de gloria.

De lo contrario, la pasión y el orgullo que caracterizó al béisbol cubano durante más de un siglo pudiera seguir apagándose. Y morir lentamente.

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