Béisbol

El adiós de esta estrella de los Marlins dejaría en lo deportivo una onda expansiva similar a la del cubano José Fernández

El relevista de los Marlins Drew Steckenrider (izq.) celebra con el catcher J.T. Realmuto tras la victoria en el partido ante los Filis, el 5 de septiembre de 2018 en Miami.
El relevista de los Marlins Drew Steckenrider (izq.) celebra con el catcher J.T. Realmuto tras la victoria en el partido ante los Filis, el 5 de septiembre de 2018 en Miami. dsantiago@miamiherald.com

Cuando su supo de la tragedia de José Fernández en el 2016, varios scouts comentaron que la ausencia del lanzador haría retroceder varios años los planes de los Marlins, porque el peso específico del cubano era enorme en esa visión de futuro.

Algo parecido pudiera comentarse de la potencial partida de JT Realmuto, cuyo agente aseguró hace un par de días que el receptor vestiría un nuevo uniforme en la primavera, sin darle el chance siquiera a la organización de mostrarle ideas sobre una extensión de contrato.

Por supuesto, los peces pueden hacer caso omiso a las palabras del agente Jeff Barry y continuar dos temporadas –de arbitraje salarial- más con Realmuto, pero a estas alturas no parece lo más aconsejable retener a un pelotero que no quiere estar.

Si Realmuto no desea permanecer en el programa de reconstrucción está en todo su derecho de forzar un canje y Miami no tendría otra alternativa que satisfacer su pedido, pero esto no oculta una realidad dura y pura: cualquier plan de Derek Jeter de competir en serio se vería demorado tremendamente.

El famoso Proyecto Wolverine tendría que ser repensado de otra manera. La salida de Realmuto traería como mínimo cuatro buenos pospectos, pero un cambio de esta magnitud no sería garantía de nada, como ya lo han demostrado los de Giancarlo Stanton, Dee Gordon, Marcell Ozuna y Christian Yelich.

Perder al Jugador Más Valioso del 2017, al potencial ganador del premio al Más Valioso del 2018 y al mejor receptor de las Grandes Ligas en el momento son batacazos demasiados fuertes para aspirar a una recuperación a corto o mediano plazo.

Ni aunque vengan Gary Sánchez y tres prospectos más de Nueva York, ni aunque se reciban cuatro promesas de la portentosa granja de Atlanta. De momento nada paliaría el adiós de un Realmuto que no iba a llegar a la agencia libre hasta el 2020.

Realmuto no solo implantó marcas personales en cuadrangulares (21) y OPS (.825), sino que lideró a todos los enmascarados de las Mayores en esa controversial estadística del WAR (4.3).

El más veloz de los todos los catchers en Grandes Ligas, Realmuto implantó una marca personal de 38.2 cogidos robando gracias a ser el hombre detrás del plato que más rápido hacía llegar la pelota a segunda base (1.9 segundos). Sus talentos resaltan todavía más en un momento donde muchos equipos buscan alguien de su estatura en su posición.


¿Qué tiene Miami en casa para paliar el problema de su potencial marcha? En principio Bryan Holaday y Chad Wallach, aunque ninguno levanta pasiones ni esperanzas. A largo plazo, sin embargo, suenan dos nombres que quizá no estén listos, pero serían apurados en su desarrollo: Will Banfield y Rodrigo Vigil.

Elegido en el puesto 69 del Draft del 2018, Banfield conectó para .238 en las Menores y capturó al 38 por ciento de los corredores que le salieron al robo.Todavía estaría a un par de temporadas para hacer impacto en el equipo principal.

Por su parte, el panameño Vigil –seleccionado como agente libre internacional en el 2009- bateó para .245 con el Jacksonville, su porcentaje de cogidos robando fue de 36 y su porcentaje defensivo de .992.


En resumen, ninguna solución interna o externa –y los Marlins no le van a dar $20 millones anuales a Yasmany Grandal- supliría la ausencia de un jugador del calibre de Realmuto en una posición clave y en un momento donde el pitcheo joven de Miami requiere de una mano firme y segura detrás del plato.

La onda expansiva de la partida de Realmuto se seguirá escuchando por mucho tiempo, así como todavía se oye -ciertamente sin la carga emocional y humana- la de José Fernández.

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