Béisbol

Respeto a su verdadera historia: requisito vital para que la pelota cubana restaure su grandeza

El primera base cubano de los Medias Blancas José Abreu batea un jonrón contra los Mellizos, en un partido efectuado el 4 de septiembre de 2016.
El primera base cubano de los Medias Blancas José Abreu batea un jonrón contra los Mellizos, en un partido efectuado el 4 de septiembre de 2016. Foto: AP

El respeto a la historia es un elemento esencial para el desarrollo de una nación.

Desconocerla es sinónimo de ignorancia. La ignorancia conduce al fracaso y a la mediocridad. Millones de personas dentro y fuera de la isla piden a gritos la restructuración del béisbol.

Aunque no faltan los que creen que Cuba no regresará jamás al nivel de sus etapas gloriosas.

Debemos recordar a quienes lo olvidan o explicarles a quienes lo desconocen, que antes de comenzar la etapa de la Serie Nacional existió en Cuba el segundo mejor torneo profesional del mundo, y sin olvidar los defectos raciales de la época teníamos el primero como amateur.

Luego de casi seis décadas de eliminarse la liga Invernal, la pelota cubana no se ubica ni en octava posición. Sobran las razones para este descalabro. Las dos primeras fueron prohibir el profesionalismo y censurar en los medios de comunicación cualquier comentario o escrito sobre la grandeza del pasado beisbolero.

Al profesionalismo se le llamó béisbol esclavo y a sus peloteros mercancías. Y estas palabras absurdas se estuvieron pregonando hasta que estuvo con buen nivel el nuevo experimento de las Series Nacionales. Aunque desde antes, muchos pronosticaron el desastre que se avecinaba. ¡Y llegó!. Imposible negar que Cuba siguió produciendo estrellas desde las etapas de Braudilio Vinent, Antonio Muñoz, Armando Capiró, Luis Giraldo Casanova y Rogelio García, hasta llegar a las de Omar Linares, Antonio Pacheco, Víctor Mesa, Orestes Kindelán y Pedro Luis Lazo.

Estos peloteros y otros muchos no desarrollaron al ciento por ciento sus habilidades naturales por jugar a un nivel inferior teniendo las virtudes para ser luminarias de Grandes Ligas.

Ellos merecen ser recordados como estelares de una época del béisbol cubano.

Varias generaciones de fanáticos crecieron ignorando los nombres de las luminarias que antecedieron a sus ídolos y la historia del pasado glorioso. Sí, porque mucho antes de que aparecieran Linares, Casanova y los restantes estelares de Series Nacionales, en el profesionalismo cubano y en las Ligas Negras de Estados Unidos brillaron figuras como Silvio García, Martín Dihigo, José Méndez, Alejandro Oms y Cristóbal Torriente, considerados entre los mejores jugadores de ese béisbol.

Tres de ellos están en Cooperstown (Dihigo, Méndez y Torriente). Antes de llegar los peloteros estelares de Series Nacionales otros ya habían triunfado en Grandes Ligas como Armando Marsans, Rafael Almeida, Adolfo Luque, Miguel Angel González, Orestes Miñoso, Sandalio Consuegra y Camilo Pascual, con algunos otros haciéndolo en la misma etapa como Tany Pérez, Tony Oliva, Luis Tiant, Miguel Cuéllar, Bert Campaneris, Tony Taylor, Octavio Rojas, Zoilo Versalles, Leonardo Cárdenas, Diego Seguí y Tony “Haitiano” González.


Antes de que Linares, Casanova y compañía brillaran con los equipos Cuba en eventos internacionales, existieron figuras como Pedro Hechavarría, Mario Fajo, Andrés Fleitas, Conrado Marrero, Mario González y Antonio “Quilla’’ Valdés, que le dieron gloria a nuestra pelota amateur en Series Mundiales, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

En estos tiempos de información digital, las autoridades beisboleras siguen ocultando los nombres de leyendas del pasado y estrellas que crecieron en Estados Unidos pero que nacieron en Cuba, como Rafael Palmeiro y José Canseco.

Tratan de silenciar las actuaciones de estelares de Grandes Ligas como José Abreu, Aroldis Chapman y José Iglesias por el hecho de abandonar el país. Hace varios días, un entrañable amigo que se encuentra de visita en Estados Unidos y que fue un buen pelotero de Series Nacionales en la década del setenta, me aseguró con argumentos sólidos que la pelota cubana sigue su paso descendente y peligra como deporte nacional.


Sin quitarle las razones a mi amigo, sin quitárselas a los que piensan que jamás regresará a sus etapas de gloria, yo me niego a creer que no exista una solución.

Me niego a creerlo porque en Cuba se levanta una piedra y debajo de ella sale una futura luminaria del deporte de las bolas y los strikes. Hablamos de la tierra de Luque y Dihigo, de Méndez y Torriente, de Miñoso y Camilo, de Tiant y Campaneris, de Pérez y Oliva, de Capiró y Vinent, de Linares y Casanova, de Lazo y Chapman.

Lo que se requiere para levantar el béisbol cubano es dar los pasos correctos que conducen al desarrollo y al progreso. Pero una cosa es cierta, el primer requisito en busca de restaurar su grandeza es el respeto a su verdadera historia, desde su nacimiento.

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