¿Gloria o farsa? ¿Cuál será la historia de Cuba en esta Serie del Caribe?
La historia se repite -valga la manida frase- como farsa o como tragedia, y a veces como gloria. ¿Cuál de estas variantes servirá para Cuba en la Serie del Caribe de Panamá 2019? La presencia de la isla en estos certámenes suele ser una caja de sorpresa, algo acentuado por la manera en que se eligió esta sede salvadora.
Cuba comienza su travesía este martes contra México, uno de los equipos que llega sin estridencia y siempre termina haciendo ruido, gracias a un béisbol fundamentado y preciso. Los aztecas no hacen la gran jugada, pero nunca fallan la de rutina.
Para esta ocasión, Cuba acude con el Cuba, que estos Leñadores de Las Tunas vienen reforzados hasta los dientes con lo mejorcito que pudieron sumar de la Serie Nacional, más tres peloteros contratados en la pelota profesional de Japón,
Más Cuba que este conjunto no lo hay. La polémica sobre si es provincia o nación quedó superada una vez más a favor del campeonismo, a ver si en esta ocasión los antillanos pueden aprovechar la novedad de la sede, e irónicamente, la presencia en una tierra donde tan bien les ha ido en el pasado, a pesar de lo remoto de ese pasado.
En los otras tres ocasiones que el país acudió a una Serie del Caribe en Panamá –las ediciones de 1952, 1956 y 1960- resultó una maquinaria imparable en los uniformes de los Leones de La Habana y los Elefantes de Cienfuegos.
Era otra época y otro béisbol. Los cubanos eran los evangelistas de la pelota y su presencia en el Caribe era vista con una mezcla de temor y respeto. Su campeonato profesional era el primero entre iguales y se vislumbraba, incluso, la posibilidad de una franquicia de Grandes Ligas.
Tras la desaparición de Cuba del firmamento de la región en el ámbito profesional, el regreso del 2014 en Isla Margarita trajo una bocanada de aire fresco, pero salvo el triunfo de Pinar del Río el país ha quedado a deber en un período donde las cosas han marchado de mal en peor para el pasatiempo nacional.
Este equipo que acude a Panamá posee una media de edad de unos 30 años, con algunos jugadores que ya vieron pasar sus mejores tiempos –cierto, aún aportan experiencia y producción- que apenas pueden desempeñarse en el terreno.
Defensivamente no luce nada del otro mundo. Desde la receptoría, hasta los infielders y los jardines hay ciertas carencias que pudieran aflorar en el estadio Rod Carew, mientras que el pitcheo abridor es llevado en hombros por veteranos como Lázaro Blanco y Freddy Asiel Álvarez, junto con Yoannis Yera.
Este equipo, si desea ganar, tiene que batear mucho, a borbotones. Exprimir las últimas gotas de Frederich Cepeda y el “prime’’ de Alfredo Despaigne y Yurisbel Gracial. Esperar que Jorge Johnson continúe el buen momento de la Final doméstica y que Yosvany Alarcón se suelte con el madero como para hacernos olvidar cualquier problema con la mascota.
Esa es la clave de Cuba. Batear como posesos y esperar que los otros aspectos del juego –unido a la estrategia del manager Pablo Civil- se comporten a un nivel decente que les permita sobrevivir su grupo y llegar al encuentro decisivo del domingo 10 de febrero.
Sólo así Cuba repetirá su historia con la gloria de aquellos Elefantes y Leones, y también Pinar del Río; y no con el destino de Villa Clara, Ciego de Ávila y Granma.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2019, 11:49 a. m..