Tres partidos moleros, ese es el legado de la serie entre Cuba y El Salvador
En México tienen una frase perfecta: “partidos moleros’’. Se les detecta a la legua, se les advierten las costuras en personal y proyección. Son juegos de bajísimo nivel que nada dejan de positivo, como no sea dinero en la caja registradora de la selección nacional.
Son partidos moleros, porque en la imaginación popular al terminar el encuentro los jugadores se van tranquilamente a comer arroz con mole y tan amigos como siempre que aquí no ha pasado nada. La prensa los odia, pero los aficionados pagan lo que sean con tal ver a la Tricolor, aunque sea contra Islas Caimán.
Cuba acaba de tener los suyos en El Salvador. ¿Quién sabe el tipo de comida que se sirvió al acabar los choques, pero a esta serie de tres juegos le aplica perfectamente la frase tan conocida en tierra azteca. A la selección nacional de la isla no le servieron de nada y hasta le dejaron un arañazo.
¿Qué se fue a buscar a la nación centroamericana, donde el béisbol se encuentra en una infancia permanente, dónde apenas existe base de aficionados y el nivel –aparentemente- es bajísimo? Podrán decir lo que quieran. No van a convencer a nadie.
Jugar contra las “estrellas’’ de El Salvador no puede servir de medidor ni para el Premier 13, ni para los Panamericanos de Lima, ni para nada, pero allá se fue Cuba con 11 peloteros de los que asistieron a la Serie del Caribe en Panamá, más otros peloteros de nivel.
Era preferible asistir con una escuadra Sub-23 y no exponer a las principales figuras en partidos que, en principio, podrían superarse en una provincial o en choques entre clubes de la Serie Nacional, aunque resulta muy dificil que no a la posibilidad de un viaje, aunque sea a la Patagonia.
Al pitcheo de Cuba le fabrican seis carreras en el primer desafío y cuatro en el segundo. Algo no parece estar bien aquí. ¿Cuánto ha mejorado el bateo de los salvadoreños o empeorado los lanzadores de la isla para permitir 16 anotaciones en tres días? Sin embargo, nadie esperaba lo de la último fecha.
Cuba pierde con El Salvador en béisbol y, por alguna razón, ya no despierta el asombro de antes. Como que nos vamos acostumbrando a descender un peldaño más en las profundidades. Era un amistoso, sí, y Carlos Teller es un lanzador con historia. Las justificaciones, sin embargo, salen sobrando.
Vamos a suponer que Cuba ganó los tres juegos, que lo hizo por nocaut, que los centroamericanos no pisaran la goma una sola vez. Así y todo no hay razón para llevar a un equipo de envergadura a El Salvador. ¿Qué es lo próximo que viene, una serie contra Senegal o Samoa?
Qué bueno por los salvadoreños que vieron, según la prensa local, a la “temible escuadra’’ antillana. Qué malo por Cuba que viajó para regresar sin nada, o mejor dicho, con una derrota en tres partidos que un mexicano de pura cepa habría calificado de molero de todas todas.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de febrero de 2019, 10:16 a. m..