La Puigmanía promete no dejar piedra sobre piedra en Cincinnati
La placidez de Cincinnati está punto de quedar rota. Yasiel Puig amenaza con no dejar piedra sobre piedra, con ser un revulsivo que saque a la organización de esa medianía en la cual ha vivido en los últimos tiempos, demasiado confiada en el fondo de su división.
No es que regresen los tiempos de La Gran Maquinaria Roja, que para eso se necesita mucho más. Tampoco parece que se puedan desbancar a otras potencias del Centro como Chicago, San Luis y Milwaukee, pero al menos se hará ruido, quizá un estruendo.
Desde que llegara el cubano, se efecto se ha hecho sentir dentro y fuera del terreno. En el Festival del Fanático todos parecían gravitar a su alrededor. Su carisma desbocado al principio de su carrera ha dado paso a una alegría constante, pero con cierta contención.
En medio de golpes y equivocaciones, Puig ha aprendido a relacionarse mejor con los aficionados, la prensa, los ejecutivos y hasta con sus propios compañeros. Sin embargo, su arrastre permanece intacto y supera por mucho cualquiera de los actuales miembros del club.
Joey Votto y Eugenio Suárez eran las figuras más visibles de este grupo antes de la llegada de Puig procedente de Los Angeles. Ahora la dinámica es diferente, porque Puig se ha robado los reflectores en la primavera con todo lo que eso implica.
Ciertamente, una personalidad deslumbrante como la de Puig necesita de un respaldo en el terreno. Sin producción se vacía. Hasta el momento, el de Cienfuegos ha estado soberbio en la Liga del Cactus con cuatro cuadrangulares y 11 impulsadas con un extraordinario OPS de 1,272 y un promedio de .375 en apenas 32 turnos al bate.
¿Podrá trasladar estos números exuberantes a la temporada regular? Por conversaciones con el jardinero, creo que por primera vez entiende las herramientas que Dios le dio para jugar al béisbol, empieza a vislumbrar lo que puede alcanzar si se aplica, algo que anteriormente no tenía tan claro.
Por otra parte, Puig estará jugando en el 2019 por su próximo contrato, ese que puede asegurar su futuro y el de sus futuras generaciones, cuando apenas lleva tres meses de cumplir 28 años. Piénsenlo bien, 28. Se encuentra en su “prime’’ y sabe que debe aprovecharlo al máximo.
Parece mentira que pasaron seis temporadas en su carrera. Su extenso período con Los Dodgers estuvo marcado por intensos contrastes, salpicado de controversias y momentos sublimes. A pesar de todo lo que pueda argumentarse a favor y en contra, Puig lideró a los angelinos durante esos años en triples (19), cuadrangulares (108) y extra bases (256).
En esta ocasión tiene no solo el reto de convencer a los que toman decisiones y meten la mano en el bolsillo para encontrar su próximo contrato, sino de erigirse en una de las primeras estrellas del béisbol, de sacarle el máximo a su potencial. En mi opinión, Puig está muy lejos de tocar su propio cielo. ¿Y quién sabe cuál sería el límite?
Cincinnati, entonces, puede estar lista para vivir su propia versión de la Puigmanía, que no será nada comparado con La Gran Maquinaria Roja, pero al menos servirá de motor para alejarse de la mediocridad y el aburrimiento en la acorazada División Central.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2019, 0:05 p. m..