Béisbol

¿Harrison por Brinson en los jardines de los Marlins? Si no hay solución urgente, todo puede suceder

El momento del cambio se acerca inexorablemente. Si en la temporada pasada los Marlins fueron generosos con los problemas de crecimiento de Lewis Brinson, ahora no parecen dispuestos a concederle el regalo de más tiempo en las Mayores sin merecerlo.

Después del choque del domingo, el pozo mental en que se encuentra el jardinero de los peces parece no encontrar su fondo. Eso es lo que puede sacarse de sus 16 ponches en 27 encuentros, de su solitario hit en 11 juegos, de su promedio de .179.

Si no se produce una recuperación urgente, el chico que creció en Fort Lauderdale amando a los Marlins, será enviado a Nueva Orleans para que trabaje en sus dificultades al amparo del pitcheo de Triple A. Porque si algo queda claro es que la paciencia del club parece alcanzar sus límites.

“El año pasado fuimos pacientes, al punto que queríamos que él tuviera esa experiencia’’, apuntó el manager Don Mattingly. “Probablemente, no será lo mismo este año. Uno siempre está mirando al roster, tratando de encontrar qué nos hace mejores, qué es lo mejor para los jugadores. Siempre quieres mejorar tu equipo’’.

La presencia de Brinson en la alineación no está teniendo ningún efecto positivo. Uno de sus principales problemas es el contacto de manera consistente. Su porcentaje de ponches es de un 32.4, muy superior al 29.6 de la temporada pasada.

Y dentro de todo, Brinson –que suele estrellar cascos y bates en signo de frustración- realmente encuentra su vía crucis ante los envíos de rompimiento. Cada vez que utilizan esos lanzamientos secundarios contra él, el jardinero apenas conecta para .043.

“Uno es lo que come’’, agregó Mattingly, usando una comparación. “Si tú le vas a tirar a bolas malas, no vas a batear’’.

Si la situación continúa empeorando, ¿qué pueden hacer los Marlins? ¿Qué jugador podrían subir en lugar de Brinson? Una respuesta rápida diría que Monte Harrison, aunque el club intentará resistir cualquier deseo de ascenso repentino para darle más tiempo de formación al fornido guardabosque.

Considerado el tercer mejor prospecto de la organización por MLB Pipeline, Harrison está destrozando la bola en Triple A, donde su línea ofensiva de .357/.449/.619 con dos cuadragulares, siete impulsadas y tres bases robadas en 11 juegos hablan de su progreso.

Pero Harrison padece del mismo mal de Brinson: se va con muchas bolas malas, a pesar de que en esta temporada ha rebajado su porcentaje de ponches de 36.9 en Doble A durante el 2018 a 26.5 en Nueva Orleans. Los Marlins quieren darle algo más de desarrollo en la granja antes de subirlo.


Harrison, sin embargo, posee algo muy raro en los peces del 2019: poder puro, brutal. Al 44 por ciento de las pelotas que conecta las hace caminar con una velocidad de 105 millas por hora, muy por encima del promedio de Grandes Ligas.

Miami carece de un slugger al estilo de Giancarlo Stanton, alguien capaz de llevarse las cercas del cavernoso parque de La Pequeña Habana e infundir miedo en los pitchers rivales. No siempre se puede hacer carrera arañando la tierra o esperando los errores del contrario.

El sueño del nuevo equipo de propietarios fue contar con Brinson y Harrison al mismo tiempo en los jardines. Ahora, por el contrario, parece que será uno por encima de otro.

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