Dice que puede ser uno de los mejores de Grandes Ligas, pero Miami lo envió a las Menores
La paciencia tiene su límite y la de los Marlins con Lewis Brinson parece estar agotándose. El jardinero de Miami fue enviado a las Ligas Menores a trabajar en su mecánica de bateo y la recuperación de una confianza averiada por los pésimos números.
Hace unos días el manager Don Mattingly había advertido que Brinson no disfrutaría del prolongado período de adaptación concedido en la temporada pasada y que el viaje a la granja era perfectamente posible.
Aunque la medida fue dura de aceptar, Brinson la tomó como un profesional y aseguró que volvería mejor que nunca tras resolver los problemas que le impiden cumplir su promesa.
“Definitivamente estoy molesto, pero no tengo excusa, porque no estaba haciendo el trabajo’’, comentó Brinson antes de limpiar su vestidor. “No se trata de mí solamente, sino de ganar, de hacer el trabajo. Tomaré este tiempo para reagruparme’’.
La partida de Brinson abrió un espacio a Garrett Cooper, quien estaba en la lista de lesionados con dolores en una muñeca y es otro pelotero de altas esperanzas y poco rendimiento, aunque por situaciones de salud.
Brinson llegó a Miami como parte del canje de Christian Yelich –actual Jugador Más Valioso de la Nacional- a Milwaukee, catalogado como la pieza más importante de todas las que vinieron en los tormentosos meses del inicio de la era de Derek Jeter.
Sin embargo, Brinson no ha podido cumplir las expectativas que existían a su alrededor, porque sus números en las Menores hablan de un jugador diferente, muy diferente al que ha vestido el uniforme de los Marlins.
“Tengo que hacer lo que sé hacer para ayudar a este equipo a ganar’’, agregó Brinson. “No hay duda en mi mente que puedo ser uno de los mejores jugadores de las Grandes Ligas. Tengo que encontrarme conmigo mismo para regresar pronto’’.
La línea ofensiva de Brinson esta temporada (.197/.247/.263) revela las dificultades que enfrenta para encontrar su espacio en las Mayores, a pesar de su tremenda ética de trabajo y el tiempo que dedica en las cajas de bateo y los cuartos de video para pulir su mecánica del swing.
Desde la llegada de Isaac Galloway su tiempo de juego se ha reducido y los días de descanso ofrecidos por Miami no han surtido efecto alguno en el chico de 24 años.
“Debo arreglar mi acercamiento mental al bateo, porque sé que lo puedo hacer, sé como batear’’, recalcó Brinson. “Las cosas no me están saliendo. Debe reconocer mejor los pitcheos, saber a qué le tiro y a qué no’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de abril de 2019, 5:06 p. m..