Béisbol

Miami se encamina a una temporada terriblemente mala. Y no hay solución mágica

El abridor de los Marlins José Ureña lanzó seis entradas y permitió una carrera a la tanda de los Rays, en el partido celebrado el 15 de mayo de 2019 en Miami.
El abridor de los Marlins José Ureña lanzó seis entradas y permitió una carrera a la tanda de los Rays, en el partido celebrado el 15 de mayo de 2019 en Miami. dsantiago@miamiherald.com

Bestialmente malos en todos los departamentos ofensivos, existe una estadística escuálida y escondida que refleja mejor que todas la pobreza del ataque de los Marlins: es el único equipo de Grandes Ligas que esta temporada no ha recibido una base por bolas intencional.

En buen castellano, ningún bateador de Miami inspira el miedo suficiente como para recibir cuatro bolas malas inducidas por el manager rival, ninguno. No amerita el gesto de levantar la mano y mostrar cuatro dedos al árbitro de la goma.

“No tenemos una solución mágica, es algo que tenemos que resolver entre todos’’, apuntó el manager Don Mattingly. “Pocas veces había estado en una situación así. Nos falta un par de hombres en el medio de la alineación que generen ofensiva’’.


Los tenían, pero esa es otra historia, no la de este club que extendió su racha de derrotas a siete, fue barrido por quinta ocasión en la temporada y recibió su novena lechada.

Los peces volvieron a caer por lechada el miércoles en la noche 1-0 frente a los Rays de Tampa Bay, 24 horas después de ceder por la misma vía de los nueves ceros y, otra vez, delante de una penosa asistencia –la peor en lo que va de contienda- que bajó el listón de los 6,000 aficionados (5,947).

El equipo de Mattingly llega a los 40 juegos del 2019 con marca de 10-30, a un ritmo que proyecta un final de 41-121, una cantidad de derrotas que constituiría un récord –por llamarlo de algún modo- para el béisbol moderno, superando los 120 fracasos de los Mets de 1962.

Para encontrar algo peor habría que buscar en los albores del juego, cuando en 1899 los Spiders de Cleveland finalizaron con balance de 20-134, ¿pero quién cuenta esos tiempos? Lo de ahora es diferente, aterrador.

El 20 por ciento de esas derrotas de los Marlins han llegado por lechadas, mientras la ofensiva se hunde y desaparece entre los últimos y penúltimos lugares en las estadísticas de siempre o de nueva data.

“Nadie aquí quiere fallar ni jugar suave, por el contrario, todos quieren hacer demasiado y así viene la presión’’, expresó el venezolano Miguel Rojas. “Yo mismo quiero ponerme el equipo sobre mis hombros y eso es un error’’.


José Ureña lanzó no un juego, un juegazo. Una carrera en seis entradas. Como Caleb Smith la noche anterior, el dominicano tragó en seco y puso cara de buen compañero cuando le preguntaron por el poco apoyo ofensivo de un club que factura 2.6 carreras por partidos, en algunos. No en este, ni el previo.

Un botón de muestra: en la sexta entrada los Marlins colocaron hombres en tercera y segunda sin outs, pero los próximos tres bateadores fueron incapaces de sacar la bola del cuadro. Y es que faltan los que se fueron. Los que están no pueden, ni tienen con qué.

Así que para fines de julio o principios de agosto, sino ocurre algo fuera de lo común, Miami se habrá asegurado su 10ma temporada perdedora de manera consecutiva, una temporada que se insinúa atrozmente negativa, una temporada en la que nos decían que íbamos a ver signos de avance y esperanza de futuro.

Vaya cosa.

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