Béisbol

Carta abierta a los aficionados de Detroit. Hace una semana nosotros éramos ustedes

El jardinero de los Marlins Garrett Cooper celebra su primer jonrón en Grandes Ligas en el sexto inning del partido ante los Tigres, el 22 de mayo de 2019 en Detroit.
El jardinero de los Marlins Garrett Cooper celebra su primer jonrón en Grandes Ligas en el sexto inning del partido ante los Tigres, el 22 de mayo de 2019 en Detroit. Foto: AP

Fanáticos de Detroit, entendemos lo que están sufriendo. Hace apenas una semana nosotros éramos ustedes, deprimidos, sin esperanza, el hazmerreír del resto de los fanáticos en las Grandes Ligas. Ahora al menos tenemos una racha de cinco victorias.

Sus Tigres son malos, preocupantemente malos. Miami ganó 6-3 el miércoles por la noche y aseguró su segunda serie particular de la temporada gracias a la solidez de su pitcheo abridor y un bateo que, despertado de un largo letargo, si bien no es copioso al menos resulta oportuno.

Hace una semana los peces tocaron fondo. Sufrieron dos ominosas lechadas a manos de los Rays de Tampa Bay y las cábalas giraban en torno cuántas derrotas sumaría la escuadra de La Pequeña Habana, ¿50, 45, 40?, mientras se pedía la cabeza del manager Don Mattingly.

Después llegó la medicina perfecta en el momento exacto: los disfuncionales Mets desembarcaron en Miami con su circo ambulante y sus noticias increíbles, y entonces se produjeron tres victorias sobre Nueva York que voltearon la pregunta: ¿cuándo van a despedir al manager Mickey Calloway?

¿Se dan cuenta? Los Mets pasaron a ser el hazmerreír, el blanco directo de malsanas bromas en redes sociales –ninguna más que la famosa fractura de tobillo del cubano Yoenis Céspedes al meter el pie en un hueco de su rancho-, como ahora lo pasan a ser los Tigres. Entonces, los Marlins dejaron escapar un soplo de alivio.

Hace una semana, además, los peces exhibían una racha de siete fracasos, como ustedes han encadenado ahora ocho derrotas consecutivas. Lo primero es aceptar que se ha tocado fondo, si es que realmente se ha tocado; lo segundo es cruzar los dedos y esperar que Miguel Cabrera redescubra su poder. ¿A dónde fue a parar?

No fue nada del otro mundo la apertura de José Ureña, pero más que suficiente ante un Detroit que ha perdido la identidad, a pesar de contar con jugadores de experiencia e incluso un futuro Salón de la Fama como Cabrera.

Si el martes le tocó a Harold Ramírez, ahora fue Garrett Cooper quien pegó su primer cuadrangular en Grandes Ligas para ayudar un ataque que por estos días no se amilana y que en esta ocasión se recuperó de una desventaja de tres anotaciones para tomar el mando.

Brian Anderson, por su parte, sacó una bola del parque por segunda jornada en fila y parece cada vez más ese pelotero que despertó muchas esperanzas en la temporada previa. La estrellas comienzan a alinearse, antes de que venga la próxima noche oscura.

Todavía no sabemos si este momento es apenas un espejismo pasajero o la confirmación de algo que Derek Jeter, nuestro director ejecutivo y dueño minoritario, viene repitiendo en sus últimas entrevistas: “este equipo puede jugar mejor de lo que ha mostrado”.


Veremos qué sucede cuando volvamos a enfrentar a los caballos de la división –el fin de semana estaremos en una serie de cuatro juegos en Washington- en vez de los enloquecidos Mets o sus disminuidos Tigres, pero por ahora aguanten en firme y esperen que los Orioles o los Reales pasen pronto por Detroit.

Los observo molestos en su media primavera y el invierno testarudo que no quiere marcharse, castigando con el silencio y la ausencia al parque –si lo sabremos por acá con nuestras asistencias escuálidas al Marlins Park- a una gerencia incapaz de ofrecerles respuestas a corto y mediano plazo, con algún gran plan escondido bajo el brazo. Aguanten y esperen.

Recuérdenlo en lo peor. Nosotros éramos ustedes.

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