Béisbol

¿Hay razones para confiar en el futuro de los Marlins? Aquí una radiografía actual del equipo

Los jugadores de los Marlins Miguel Rojas, Starlin Castro, Rosell Herrera, Harold Ramírez y Curtis Granderson (de izq. a der.) celebran tras el triunfo ante los Gigantes de San Francisco, el 29 de mayo de 2019 en Miami.
Los jugadores de los Marlins Miguel Rojas, Starlin Castro, Rosell Herrera, Harold Ramírez y Curtis Granderson (de izq. a der.) celebran tras el triunfo ante los Gigantes de San Francisco, el 29 de mayo de 2019 en Miami. dsantiago@miamiherald.com

Necesitamos comentar sobre los Marlins. Vale la pena, pues todos deseamos que esta ciudad se convierta en una plaza que ofrezca un buen espectáculo beisbolero del equipo local. Hablemos de su mánager, sus jugadores y su futuro.

EL MANAGER DON MATTINGLY

No acostumbramos a culpar a un mánager por las derrotas de su equipo. Ellos no batean, no fildean, no corren y tampoco son lanzadores. Ni el mejor estratega de todos los tiempos sería capaz de ganar un campeonato largo de 162 juegos con un equipo mediocre en el terreno de juego.

Un buen mánager sólo puede ayudar (siempre lo ha hecho) a que su equipo sume victorias adicionales cuando logra cohesionar a sus jugadores y utilizan con acierto el uso de sus lanzadores.

Al recordar a Don Mattingly en su etapa de jugador debemos decir que fue un excelente bateador que terminó su carrera con promedio de .307, ganando una corona de bateo en 1984, un premio de Jugador Más Valioso de la Liga Americana (1985), sumó 222 jonrones, 1,099 carreras impulsadas (cinco veces por arriba de 100), un embasamiento de .358, con 2,153 imparables y actuó en seis Juegos de Estrellas durante 14 temporadas con los Yankees de Nueva York (1982-1995). A la defensa, un estelar inicialista que ganó nueve premios Guantes de Oro terminando con .996 de promedio defensivo.

Que nadie lo dude, Mattingly fue una estrella como pelotero. En lo personal, contó con mi simpatía, pues además de su estelaridad, entregaba todo su esfuerzo en el terreno de juego. Y como ser humano, fue y sigue siendo amable y respetuoso con todas las personas. Pero debemos decir otra verdad, en este caso negativa, como manager deja bastante que desear.

Aseguro que mi afirmación no está basada por la actuación de los Marlins, pues como ya dijimos anteriormente ningún manager puede ganar torneos largos con novenas malas. Lo decimos porque no es un buen estratega, en especial con la utilización de sus lanzadores. Ni tampoco lo fue con los Dodgers de Los Angeles entre 2011 y 2015 cuando ganó tres títulos de la División Oeste de la Liga Nacional (2013-15), pero sin ganar el campeonato de la Liga en cada una de esas postemporadas teniendo uno de los mejores equipos de ambos circuitos.

Decenas de veces hemos visto como Mattingly saca a los lanzadores cuando no es necesario hacerlo, incluso cuando no han tolerado carreras con menos de 90 envíos; y en otras los ha dejado actuando cuando no tienen nada que hacer en la lomita. En ambos casos, han traído como consecuencia derrotas para el equipo.

Pero el caso más reciente resulta escándaloso, al menos para mi concepto de lo que representa jugar un buen beisbol. Y si en estos momentos no es criticado por un elevado grupo de expertos, se debe a que estamos en presencia de un equipo joven con posibilidades reales de terminar con el peor récord de la Liga Nacional.


La última decisión absurda de Mattingly ocurrió el pasado domingo en el tercer juego de la serie ante los Bravos de Atlanta con el partido empatado a cinco carreras en la parte alta de la décima entrada después de llamar al relevista Tyler Kinley.

El serpentinero llegó con una bolsa de bolas en sus espaldas y tomando una a una las comenzó a tirar rumbo al plato, regalando cuatro pasaportes consecutivos y sumando 27 envíos de los cuales sólo 10 fueron strikes, mientras que Mattingly sin inmutarse lo dejaba en la lomita hasta que entró la carrera de la diferencia con la cuarta base por bola. Si los Marlins hubieran dado ese escón ganaban, pues después anotaron una carrera en la parte baja de esa misma entrada.

En estos momentos sólo recuerdo tres casos similares durante más de cinco décadas que llevó dentro del béisbol organizado, ni tan siquiera vi una decisión tan mala en los partidos de placeres o torneos aficionados de mi pueblo de Güira de Melena, ni en los restantes de mi querida Cuba.

La función de un relevista es tratar de mantener el juego cerrado cuando su equipo está perdiendo en busca de acercarse a la pizarra, o mantener la diferencia para una victoria. Pero cuando llega regalando base tras base, cualquier relevista (sea quien sea) debe salir de la lomita rumbo a las duchas. Y muchos más, cuando Kyle lanzaba hasta ese momento para un alto promedio de efectividad de 4.88 (ahora 5.12) donde en 24 entradas había tolerado 29 imparables, 13 carreras, tres jonrones y 15 pasaportes (ahora 14 carreras y 19 bases por bolas en 24.1 episodios).

Mattingly dejó que un lanzador con la mediocridad de Kinley otorgara cuatro pasaportes consecutivos en un partido de entradas extras para prácticamente regalarle el juego a los Bravos. Si los Marlins estuvieran discutiendo el pase a la postemporada, los medios de prensa deportiva estarían en estos momentos y durante muchos días en discusiones acaloradas.

Esta es una de las peores decisiones que he visto en un manager de béisbol.

EL EQUIPO 2019

Los Marlins se mantienen en el sótano de la División Este y es la novena con menos triunfos en la Liga Nacional (23). Solamente otros dos equipos de la Liga Americana en estos momentos suman menos victorias: Orioles de Baltimore (20) y Reales de Kansas City (20).

Los resultados tienen causas. Echemos un breve análisis en busca de la respuesta correcta.

PITCHEO: Como nota de esperanza para un futuro cercano o mediano plazo debemos decir que un factor clave en las aspiraciones de triunfo de cualquier equipo como es contar con un buen pitcheo, el grupo de lanzadores jóvenes de los Marlins ocupa el noveno lugar en efectividad (4.37) y el quinto en promedio de los bateadores rivales (.242) entre los 15 equipos de la Liga Nacional.

La rotación abridora de Miami está compuesta de figuras con brazos fuertes y variedad en sus envíos. El talento es innegable. Deben superar sus actuaciones en lo que resta de temporada y en la del 2020. Creo que necesitan mejorar el bullpen, pues de poco sirve que sus abridores trabajen efectivos cuando después los relevistas fallan en sus funciones.


DEFENSA: A la defensa, colectivamente los Marlins realizan un buen trabajo al ser el cuarto mejor equipo de la Liga Nacional en Eficiencia Defensiva con .709, el tercero con más doblematanzas realizadas (60), el sexto con menos errores cometidos (34) y en promedio de fildeo (.985). La posición más débil del equipo en estos momentos es el bosque central.

OFENSIVA: Aquí se encuentra el problema grave de los Marlins. Cuando analizamos las estadísticas colectivas hasta los juegos del domingo vemos que entre los 30 equipos de Grandes Ligas, Miami ocupa el último puesto en jonrones (48), slugging (.349), pasaportes recibidos (161) y OPS (.643, la suma de slugging y embasamiento).

Es el número 29 en carreras impulsadas con 217 superando sólo a una novena de la Liga Americana (Detroit), el 29 en carreras anotadas con 221 y en la cola de la Nacional, el 27 en embasamiento (.295, penúltimos sólo por arriba de San Francisco), el 24 en promedio de bateo (.235) donde sólo superan a tres equipos de su liga. En bases robadas están ubicados en el décimo puesto del viejo circuito con 22 estafas y en el 23 entre los 30 equipos de Grandes Ligas.


En la actuación individual carecen de un legítimo bateador que remolque carreras hacia el plato en la tanda fuerte compuesta por Garrett Cooper, Brian Anderson, Starlin Castro y Jorge Alfaro. Los bateadores con mayor número de impulsadas son Anderson y Castro con 27 cada uno, seguidos por Alfaro (25).

Tanto Alfaro, como Anderson y Cooper poseen talento a la ofensiva, pero como bateadores aún no han pasado a la etapa de estelaridad. Mientras que Castro ha bajado su ofensiva con relación a temporadas anteriores.

El único bateador por encima de la marca de los .300 es el colombiano Harold Ramírez (.312) con 92 turnos oficiales al plato. Le siguen Nel Walker (.295), Garrett Cooper (.281) y Miguel Rojas (.269). En embasamiento sus tres mejores hombres han sido Cooper (.375), Walker (.375) y Ramírez (.347).

Por otro lado, quienes ocupan el puesto de primer bate cuya función principal es embasarse con frecuencia, vemos que la labor es pésima. El veterano Curtis Granderson batea para un bajo promedio de .189 y pobre embasamiento de .282, sin bases robadas. Las otras tres figuras que en ocasiones actúan como primer bate es Rosell Herrera que acumula average de .216, con .290 de embasamiento y cuatro estafas; Miguel Rojas tiene embasamiento de .329, average de .269 y cinco bases robadas, mientras que Austin Dean (brilló el domingo) tiene promedio de .219, sin estafas y .227 de embasamiento.


La razón de tantas derrotas tiene una respuesta clave: Si sus bateadores no se embasan con frecuencia llegando a posición anotadora y no producen lo necesario con hombres en circulación, las carreras anotadas se reducen. Y sin sumar carreras, no se ganan juegos.

FUTURO

El equipo de los Marlins posee varios peloteros jóvenes con talento por explotar. Si este grupo de jugadores se mantiene unido con ese cuerpo de lanzadores abridores que debe seguir de manera ascendente en calidad y experiencia, lo que necesitarán es mejorar su ofensiva y su pitcheo de relevo.

La ofensiva se puede reforzar adquiriendo al menos a un bateador con credenciales de impulsar carreras y un buen primer bate. Si se hace, entonces se podría mejorar en la tabla de posiciones o avanzar a postemporada en corto tiempo. Pero si la fórmula para formar un equipo con posibilidades pasa en un futuro cercano sólo a través del desarrollo de prospectos sin adquirir uno o dos hombres poderosos a la ofensiva con algún relevista de calidad, entonces los seguidores de los Marlins deben esperar hasta que algunos de sus jugadores jóvenes se conviertan en estrellas.

De ser así, solo podemos pedir paciencia, mucha paciencia amigos, recordando que en la historia del béisbol varios equipos se convirtieron en dinastías utilizando el método de lograr un buen desarrollo de sus franquicias fortaleciendo sus sucursales de Ligas Menores.

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