Plan de Arizona suena tentador, pero las Grandes Ligas saben que por ahora es imposible
Lo que el lunes parecía posible, el martes ya no lo era tanto. La posibilidad de una temporada de Grandes Ligas corta e intensa en el área de Phoenix, Arizona, ilusionó a unos cuantos cuando se reportó en varios medios de prensa. La respuesta del Comisionado del Béisbol, horas después, trajo a todos de vuelta a la realidad.
Se ha estudiado, pero no hay nada concreto. Se ha pensado, aunque no existe plan alguno sobre la mesa. Apenas una idea que pudiera realizarse, no digo que no. Las ideas, sin embargo, no pasan de eso en estos momentos, a no ser que pertenezcas a la UFC y cuentes con una isla privada o contrates el casino de una nación nativa.
Esa idea, la de agrupar los 30 clubes de las Mayores y ponerlos a jugar en 10 facilidades de primavera más el estadio de los Diamonbacks con la mayoría de dobles partidos posibles, recuerda mucho a los torneos de infancia, a esas copas amateurs. Serían incluso, peores, sin público.
Pero así como el Comisionado de la NBA, Adam Silver, se vio obligado a forzar su mano y cancelar la temporada del básquetbol -la primera liga que lo hizo-, ahora volvió a dar una medida de los tiempos cuando le preguntaron el lunes, justo cuando cobraba fuerza la estrategia de Phoenix, si tenía una idea sobre el reinicio de su deporte.
“No podemos aventurar nada en estos momentos. De hecho, no volveremos a tocar el tema hasta el 1 de mayo’’, concluyó Silver, dejando en claro que la incertidumbre es tan grande que no vale la pena siquiera pensar en algo tan lejano como ahora como la reanudación de la contienda en la NBA.
El béisbol no ha llegado a tanto, aún puede darse el lujo -y esto sí que lo es- de darse un tiempo e ilusionarse con unos tres o cuatro meses de temporada. Bajo condiciones que tal vez no sean ideales, pero temporada al fin y al cabo. Ahora, sin duda, ese momento no ha llegado.
No ha llegado cuando se nos dice que estamos atravesando el ojo del huracán del coronavirus, cuando todavía los medios para las pruebas rápidas de control de la pandemia comienzan a diseminarse por todo el país y una vacuna no estaría disponible hasta el 2021.
Si el béisbol continúa con su plan de Arizona y desembarca en esta zona con sus 30 equipos de rosters expandidos, sus oficinas centrales, y todo el personal de apoyo, estamos hablando de unos cuantos miles de personas que habrán de interactuar de alguna forma u otra por mucho distanciamiento social que se predique y haga.
Un personal que estaría utilizando el transporte, alojamiento y servicios de otra cantidad similar de personas en espacios relativamente confinados. De pronto, pensar que esa idea sea posible en mayo o junio ya no se ve tan claro. A no ser que el COVID-19 dé unas muestras de retroceso ostensible y las autoridades levanten sus toques de queda.
Y si eso sucede. Si a fines de abril, digamos, la epidemia se repliega tanto que deja de ser el peligro que por estos días es y se dé la orden de play ball para mayo o junio, entonces lo mejor sería que cada cual vuelva a lo suyo, a su parque y su ciudad, sin público, pero en sus confines.
Ya de por sí se antojaba confuso ver a los jugadores sentados en las gradas, a seis pies de distancia y no en el dugout, que no se permitan las visitas al montículo y se transmitan las órdenes a distancia, además de una zona zona de strike dictada por un módulo electrónico para no hablar de los dobles juegos de siete entradas, pero hablar de todo eso, ahora mismo como está Nueva York, no tiene sentido alguno.
Amo el béisbol con todas mis fuerzas y quisiera contemplarlo ya. Hasta que no pase este enemigo invisible será muy complicado poner en práctica cualquier plan. Este de Arizona no me gusta. Aquí no vale eso de mejor algo que nada.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de abril de 2020, 11:19 a. m..