Béisbol

Billonarios vs. millonarios, la batalla del béisbol por rescatarse de la irrelevancia en un momento crítico

Billonarios contra millonarios. Así contempló en el pasado y así contemplarán ahora los aficionados la batalla contractual entre propietarios y jugadores para traer de vuelta las Grandes Ligas en tiempos donde la incertidumbre persiste en torno al coronavirus, pese a la reapertura del país.

La batalla que viene será feroz entre los que controlan el espectáculo y quienes lo protagonizan. Una solución compartida 50-50 de ingresos es vista por el Sindicato de Peloteros como una especie de techo salarial que contradice lo más sagrado de su existencia: al dinero, cero límite, como sucede en otras ligas como la NBA. Quien no entienda, que siga las quejas de LeBron James sobre este tema.

Uno espera que el marco negociador sea lo suficientemente flexible de ambos lados para que la propuesta de contienda recortada de 81 juegos con una postemporada extendida vea la luz del 2020 antes de que sea demasiado tarde. Para una segunda primavera a mediados de junio y un Día Inaugural a principios de julio no va quedando mucho tiempo para el intercambio y el entendimiento. Apenas dos o tres semanas.

Uno espera, además, que tras los nubarrones de las palabras fuertes y las posiciones firmes reaparezca el fantasma de 1994, cuando el béisbol se detuvo en seco y fue visto muy mal por los fanáticos que, volviendo a lo mismo del principio, solo percibían el diferendo entre millonarios y billonarios, sin percibir las sutilezas de números e ingresos. ¡Qué trabajo y qué tiempo tomaron para recuperar el corazón del público!

Ahora no estamos en 1994. Ahora es peor. No habrá un Calp Ripken con récord de juegos consecutivos, ni competencia de jonrones entre Mark McGwire y Sammy Sosa, ni la dudosa explosión de cuadrangulares de Barry Bonds que sirva de salvavidas ante los ojos de la opinión pública. Aunque nos duela y nos rasguemos las vestiduras, el béisbol no posee la relevancia de antes.

Eso de “Pasatiempo Nacional’’ resulta un título nominal, cuando la edad promedio de un aficionado es de 57 años, cuando el tiempo promedio para observar un juego en televisión apenas supera los 13 o 15 minutos en tres horas de imagen. ¿Por qué existe esa obsesión de acortar los encuentros y hacerlos más atractivos a los Milennials? Y no se trata solo de la pantalla chica, las asistencias a los parque también descienden.

Este es, sin duda, un momento crítico para el béisbol por las incógnitas dentro y fuera de su radio de acción. ¿Y cuál es la primera respuesta a todo esto? Aplazar el Clásico Mundial, el único evento internacional que vale la pena, donde participan varios de los mejores exponentes de las Mayores. La miopía de la Oficina del Comisionado no puede ser más extraviada.

El béisbol retrocede en toda la línea, se repliega en las fronteras internas o no es capaz de ir más allá de los bolsones donde siempre fue un bastión: ciertas naciones asiáticas y el Caribe. El Clásico era la esperanza, la imitación de una Copa Mundial de fútbol, la ilusión de que podría echar raíces en sitios donde va último en la fila o se le desconoce por completo.

Pero el miedo actual echó a andar el pánico del futuro. Cierto que no existe un convenio laboral que contenga los parámetros de vida del evento, ¿pero no era mejor esperar un poco más adelante para tomar una decisión sobre el Clásico? Iba a ser en marzo del 2021, no mañana mismo.

Claro que había dificultades, pero así como se busca rescatar la temporada, también se habría hecho un esfuerzo por mantener una cita que sí despierta pasiones, no como el Premier 12 ni esas copas que ni pintan ni dan color en el paisaje internacional. Esto no es un aplazamiento, sino una retirada en toda la línea, sin garantías de supervivencia.

Propietarios, ejecutivos y jugadores deben calcular muy bien sus próximos pasos. Por unos millones más -y créanme que entiendo a ambos bandos- en estos o aquellos bolsillos estaría en juego algo más profundo. El béisbol se aleja cada vez más del corazón de este país, cede en la arena foránea.

Y en este forcejeo de billonarios vs. millonarios se puede ganar mucho o perderlo todo. Un nuevo 1994 sería una estocada a fondo y lo peor es que a muchos les daría igual. No hay nada peor que la desidia sobre aquello que alguna vez se amó.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de mayo de 2020 a las 8:14 a. m..

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Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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