Béisbol

Pobre béisbol de Grandes Ligas, prorrateado y desastroso. Lo que deja la intransigencia

Muy pocos habían escuchado antes la palabra “prorratear’’, pero nadie prestaba atención antes de que se pronunció el vocablo “desastre’’. No pudo encontrar mejor manera de describir lo que puede venir para el béisbol que su propio Comisionado, Rob Manfred. Así de simple, “desastre’‘.

Entre propuestas y contraofertas, entre porcentajes de salarios y posiciones recalcitrantes, los aficionados, los peloteros y los propietarios se dan de bruces con la posibilidad no ya de que se produzca una temporada de 100, 80 o 50 juegos, sino que no exista temporada alguna. Las trincheras se han cavado bien profundo como si pertenecieran a la I Guerra Mundial. Una batalla de desgaste donde el béisbol puede salir con un disparo en el corazón.

Ejecutivos y jugadores se acusan mutuamente, se levantan los dedos condenatorios, se restriegan constantemente negociaciones de mala fe, donde el engaño iría implícito, la desconfianza rampante y el recelo omnipresente. Nadie quiere ceder terreno y en eso se puede perder el mundo. Es el triunfo de la intransigencia.

Lo irónico es que cuando en marzo la Asociación de Jugadores y las Grandes Ligas negociaron un pacto para lidiar con el impacto del coronavirus, parecía que el béisbol era el deporte mejor posicionado para regresar, para aliviar los dolores y las tensiones del país. Ahora vemos cómo aquel acuerdo sobre la marcha sirvió de poco o nada.

Por un lado, los dueños afirman que la industria no es muy rentable. Del otro, el sindicato apunta al valor de las franquicias. Equipos que hace una década se vendían por $500 millones hoy pasan de mano por encima del $1 billón. Basta a mirar a los Marlins. Tal vez eso no lo diga todo, pero es motivo de desconfianza cuando los propietarios se quejan de las ganancias.

¿Qué puede pasar con una campaña de 50 juegos? Todo y nada. Los peloteros esperaban una contienda más larga y miran a esa cifra con desdén, como si un campeón de Serie Mundial con varios docenas de encuentros no llevara el peso de un rey propiamente coronado. Sería visto, más bien, como un usurpador de la verdadera realeza.

¿Qué puede pasar en el futuro? O mejor cabría decir, ¿qué está pasando ya? Al menos unos 70 prospectos que quedaron fuera de las cinco raquíticas rondas del Draft han firmado por $20,000, cuando en el pasado lo habrían hecho por mucho más, pero mucho más. Es fácil ver cómo se pierde el incentivo. Si el béisbol enfrentaba una férrea competencia por los mejores atletas jóvenes del país, ahora la derrota será total y en toda la línea.

Y si esta escaramuza le parece complicada, espere a que llegue el momento de negociar el nuevo convenio laboral en el 2021. Las posiciones fuertes de este momento se tornarán intransigentes. La estabilidad y la paz en Grandes Ligas será tan tenue como en una zona de conflicto del Medio Oriente. La visión actual perturba. La futura preocupa.

Mientras los otros comisionados de la NBA, el hockey y la NFL presentan sus planes de retorno, Manfred solo puede pronunciar la palabra “desastre’’, y apenas termina de decirla cuando ya el sindicato le acusa de doble cara y negociador de mala fe.

Pobre béisbol, prorrateado y desastroso.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de junio de 2020, 8:12 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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