Béisbol

Cuba gana partido intrascendente a Colombia. Ahora comienza la larga soledad sin Juegos Olímpicos

Cuba regresa con una derrota que no puede ni debe dejar alivio. La ofensiva antillana, que no ha sido la principal culpable de la debacle, cayó con toda su fuerza encima de Colombia, como si en ese exorcismo de ataque quisiera lavar en parte la mancha de la ausencia a los Juegos Olímpicos.

Ante un equipo cafetero que dejó mucho que desear, los cubanos cerraron su travesía por el Preolímpico de las Américas con un triunfo 16-3 que quedará como un recuerdo lejano y olvidable, un salvamento de honrilla que se perderá en el tiempo o muy probablemente cuando este equipo aterrice en La Habana.

Más allá de movidas cuestionables por la dirección del club, del descenso evidente del pitcheo y la falta de oportunidad, muy poco o bueno puede sacarse de esta escuadra que posee varios hombres con experiencia en torneos profesionales, porque este no es el típico equipo del pasado que se desayunaba con el tope ante los peloteros de paga.

Desde Erisbel Arruebarrena a Yadir Drake, para poner ejemplos, estos no son chiquillos recién salidos de las academias, sino figuras con experiencia en distintos niveles o circuitos, además de esos brazos jóvenes insertados en la liga de Japón. De alguna manera, esa justificación de los “amateurs’’ contra los “profesionales’’ ya sale saltando en pedazos.

Pero de alguna manera, esta selección cubana a ratos pareció un Frankenstein, hecha a retazos y con algunas costuras a flor de piel, siempre faltándole cierto menudo para el peso que ya en La Habana se encargarán de analizar los que toman decisiones sobre vidas y haciendas.

La ausencia de los mejores (en Grandes Ligas), de los súper prospectos (en República Dominicana), y la lejanía en el panorama de la reactivación del acuerdo con las Mayores no augura nada bueno para el béisbol cubano, que tampoco alista su regreso a las Series del Caribe y que no podrá ilusionarse con otra clasificación olímpica hasta los Juegos del 2028. Eso suena a eternidad.

Cuba, entonces, por motivo de fuerza mayor pensará menos como equipo y más como individuo, permitiendo y negociando que cada vez más peloteros puedan jugar en México u otros circuitos profesionales, y aceptando otras “repatriaciones’’ de quienes lo intentaron y no lo consiguieron.

En estos bateadores cubanos se ve algo más de oficio, aunque no tanto el sentido de la conexión situacional. En la isla pueden trabajar todo lo que quieran, pero el único estímulo -más allá de la medalla y el diploma- será jugar en el extranjero y mejorar la economía personal.

Lo del pitcheo es punto y aparte. La hermana pobre de los departamentos. Ciertamente, hay unos cuantos brazos jóvenes y potentes, pero que no forman un movimiento, una especie de ola generacional. Y hablando de generaciones, este debe ser la despedida de Frederich Cepeda del equipo principal. El y Alfredo Despaigne son recuerdos vivos de lo que alguna vez fue una selección sólida y respetada.

Un comentarista de Tele Rebelde, en medio de la vorágine ofensiva de Cuba contra Colombia, comentó que “otra cara ha mostrado este equipo y nos ha dado la esperanza que vendrá el despertar del béisbol cubano que tanto esperamos’’, pero su frase iba de la mano de un desgano en la voz que ni él mismo creía en ella.

Pero lo visto en el Preolímpico de la Florida ya es la norma. Cuba va, compite y regresa sin nada. Un regreso a aquellos tiempos arrolladores resulta una quimera. Mientras la Serie Nacional sea mantenida por el estado no habrá cambios sustanciales de mentalidad y fondo.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de junio de 2021, 10:08 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA