Béisbol

En Cuba arrastró multitudes, en Grandes Ligas se impuso a palo limpio y su nombre es sinónimo de grandeza

Pocos peloteros en el mundo supieron elevar con igual dignidad el deporte de las bolas y los strikes como lo hizo el cubano Orestes Miñoso.
Pocos peloteros en el mundo supieron elevar con igual dignidad el deporte de las bolas y los strikes como lo hizo el cubano Orestes Miñoso. Especial para el Nuevo Herald

Pocos peloteros en el mundo supieron elevar con igual dignidad el deporte de las bolas y los strikes como lo hizo el cubano Orestes Miñoso.

Él representó para los jugadores y fanáticos latinoamericanos lo mismo que Jackie Robinson para los afroamericanos.

Miñoso fue un héroe dentro y fuera del terreno de juego. Como cualquier otro negro de su época viviendo en Estados Unidos el cubano recibió insultos y humillaciones.

En muchas ocasiones se vio obligado a quedarse en hoteles diferentes a los de sus compañeros de equipo, comer separados y entrar a baños diseñados solo para las personas de su raza debido a la segregación racial existente.

Pero el antillano logró superar dichas afrentas con valor, vergüenza y decencia, para abrirse paso y triunfar en Estados Unidos donde ubicó su nombre en el sitio sagrado donde se encuentran los inmortales del béisbol: Cooperstown.

Su nombre completo fue Saturnino Orestes Armas Miñoso Arrieta.

Llegó al mundo el 29 de noviembre de 1923 en la finca La Lonja en Perico, Matanzas. Hoy, queremos recordar el 102 aniversario de su nacimiento.

Provenía de familia pobre, y siendo niño tuvo que cortar caña y marabú para el Central España donde se jugaba béisbol en la llamada Liga Pedro Betancourt.

En el estadio España Park, fundado en 1927, dio sus primeros pasos en este deporte.

En su etapa de juventud en Cuba no permitían a jugadores negros participar en la Liga Amateur (Unión Atlética), por ello tuvo que hacerlo con las novenas semiprofesionales de Partagás y Ambrosía donde ganó un título de bateo. También militó con la novena Cuban Mining, de Santiago de Cuba.

En 1945 firmó contrato con el Club Marianao del torneo profesional cubano y conquistó el premio de Novato del Año. Se inició como tercera base para luego pasar al jardín izquierdo y durante 14 temporadas ser el pelotero más popular de Cuba.

Gracias a su presencia los Tigres de Marianao lograron mejorar en las entradas de fanáticos a sus partidos, pues todos querían ver a ese impetuoso pelotero que siempre encontraba la manera de embazarse para salir en jugada de robo a la siguiente almohadilla donde se deslizaba de pie o de cabeza preparando el camino para luego anotar la carrera que ayudara al triunfo de su equipo.

En su patria arrastró multitudes. Su popularidad fue tan grande que durante la década del cincuenta en Cuba se escuchaba tanto en el Estadio del Cerro como en las vitrolas de cualquier pueblo o ciudad, en la radio y en la televisión, una canción interpretada por la Orquesta de Enrique Jorrín que tenía como estribillo: “Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila el cha-cha-cha.

Además del galardón Novato del Año el matancero sumó otros dos de Jugador Más Valioso (1952-53- 1956-57). Impuso un récord de triples para una temporada con 13, que después fue igualada por Wilfredo Sánchez en la VII Serie Nacional (1968-69).

También conquistó un título de bateo en 1956-57, así como fue líder en otras ocasiones en carreras anotadas, robos de bases y triples. Terminó su carrera en Cuba con average de .280, sumando 839 imparables y 88 bases robadas.

Ligas Negras y Grandes Ligas

Alex Pompez, un cubanoamericano propietario de los New York Cubans de las Ligas Negras, fue quien firmó al entonces joven de 23 años.

Para adaptar a las condiciones de vida en la ciudad de Nueva York el dirigente le asignó como compañero de cuarto a otro cubano que luego estuvo en los planes de Branch Rickey para la integración racial, el oriundo de Limonar en Matanzas Silvio García, que a pesar de no poder pasar el código de conducta (tolerancia con el racismo) que estableció el famoso dirigente estadounidense, sí le sirvió a Miñoso como guía en sus primeros pasos en Norteamérica.

“Silvio García me enseñó a vivir, comer y jugar en Nueva York”, nos dijo Miñoso en entrevista que nos diera en una ocasión para este mismo diario el Nuevo Herald.

Se inició en las Ligas Negras de Estados Unidos en 1946 con los New York Cubans. Actuó en tres temporadas acumulando un promedio de .313, con 150 imparables, nueve jonrones, 66 impulsadas, 91 anotadas y 11 bases robadas en 109 juegos con 480 turnos al bate.

En esta pelota estuvo en dos Juegos de Estrellas (1947-48) y en una Serie Mundial (1947) donde por su juego estelar fue un factor decisivo en la victoria de su equipo sobre los Cleveland Buckeyes.

Con la entrada de Jackie Robinson a Grandes Ligas (1947) que rompió la barrera racial en este béisbol, el matancero recibió en 1948 un contrato de Cleveland. Luego de un breve paso por Ligas Menores (Dayton Indians) debutó el 19 de abril de 1949 para convertirse en el primer negro latinoamericano en Grandes Ligas.

A pesar de tener sobrada calidad para establecerse en Ligas Mayores, Cleveland le dio pocas oportunidades de juego debido a que ya tenía en sus planes a otro jugador negro estadounidense y lo envió en 1951 a los Medias Blancas de Chicago en una transacción que involucró a tres jugadores.

Chicago ubicó al cubano en su alineación diaria y desde ese mismo momento se abrió paso para convertirse en una legítima estrella de esta pelota.

En 1951 terminó con promedio ofensivo de .326 y 111 carreras anotadas, liderando en triples (14) y bases robadas (31), números que le sirvieron para discutir el premio de Novato del Año la Liga Americana con el jugador de los Yankees, Gil McDougald.

El trofeo de Mejor Novato lo ganó McDougald, decisión que generó una protesta por parte del equipo de Chicago y por miles de aficionados de este deporte debido a que los números de Miñoso fueron superiores a los del estadounidense.

De igual forma, este mismo año el cubano finalizó cuarto en la votación para el Jugador Más Valioso.

Luego de esta primera campaña, el llamado “Cometa Cubano’’ se mantuvo brillando durante la década del cincuenta y parte del sesenta, terminando entre los primeros en varias ocasiones en diferentes renglones ofensivos. Además de Chicago y Cleveland, el antillano actuó con los Cardenales de San Luis y los Senadores de Washington.

Terminó su carrera de Grandes Ligas (incluye Ligas Negras) con promedio de .299, sumó 2,113 imparables, 1,228 anotadas, 1,089 impulsadas, 216 bases robadas, 195 jonrones, .387 de embasamiento, .461 de slugging, .848 de OPS, 197 pelotazos recibidos y un WAR Jugador de 53.2.

Sumando todos los niveles en 32 temporadas (Estados Unidos, Cuba, México y Dominicana), Miñoso acumuló promedio de .304 con 3,375 imparables en 11,089 turnos, 305 jonrones, 1,747 impulsadas, 1,874 anotadas, 312 robadas, 1,268 pasaportes y 5,057 en total de bases.

Durante su etapa de esplendor superó en 12 temporadas los .300 de promedio, estuvo en 13 Juegos de Estrellas y en cuatro ocasiones terminó entre los 10 primeros en la votación del Más Valioso, fue líder en pelotazos recibidos en 10 campañas y a la defensa capturó tres premios Guantes de Oro.

Miñoso falleció el primero de marzo del 2015 en Illinois, Estados Unidos. Fue elegido en 2021 al Salón de la Fama en Cooperstown, a través del Comité Especial de la Época Dorada.

Junto a él fueron admitidos su compatriota Tony Oliva (Comité Especial), el dominicano David Ortiz (Asociación de Escritores de Béisbol), el inicialista de los Dodgers Gil Hodges (Comité Especial), el pitcher Jim Kaat (Comité Especial), Buck O’Neill (Ligas Negras) y Bud Fowler (Ligas Negras).

En otras ligas

Militó en diez temporadas de Ligas Menores. Lo hizo en las Ligas de Verano y del Sureste de México, como mánager y jugador. Con Jalisco fue apodado “El Charro Negro’’.

En la Liga del Pacífico ganó dos títulos de bateo con Hermosillo y Mazatlán. En 1966, fue elegido al Salón de la Fama de este país.

Como mánager lo hizo en siete temporadas con Orizabal (1), Puerto México (2), Unión Laguna (3) y León (1). En 1968 dirigió al Carmen, en la Liga del Sudeste, de Clase A.

En 1976, en la doble función de mánager y jugador, con Puerto Vallarta, se produjo un hecho histórico cuando él y su hijo del mismo nombre dispararon jonrones consecutivos que sirvieron para darle la victoria al equipo en el juego final de postemporada. También jugó en República Dominicana con los Leones del Escogido (1963-64).

Algo inédito en la historia del béisbol

Su retiro oficial en Grandes Ligas ocurrió el 5 de julio de 1964, con los Medias Blancas.

Pero reapareció con varios turnos al bate el 11 de septiembre de 1976 (53 años) como designado fallando tres veces ante Frank Tanana. Al día siguiente se convirtió en el jugador de mayor edad en pegar un imparable en las Mayores al hacerlo ante Sid Monge.

Militó en diez temporadas de Ligas Menores. Lo hizo en las Ligas de Verano y del Sureste de México, como mánager y jugador. Con Jalisco fue apodado “El Charro Negro’’.

En la Liga del Pacífico ganó dos títulos de bateo con Hermosillo y Mazatlán. En 1966, fue elegido al Salón de la Fama de este país.

Como mánager lo hizo en siete temporadas con Orizabal (1), Puerto México (2), Unión Laguna (3) y León (1). En 1968 dirigió al Carmen, en la Liga del Sudeste, de Clase A.

En 1976, en la doble función de mánager-jugador, con Puerto Vallarta, se produjo un hecho histórico cuando él y su hijo del mismo nombre dispararon jonrones consecutivos que sirvieron para darle la victoria al equipo en el juego final de postemporada. También jugó en República Dominicana con los Leones del Escogido (1963-64).

Cuatro años después (1980) pasó a ser junto al lanzador Nick Altrock, los únicos con cinco décadas en el terreno.

En 1992, el comisionado Ray Vincent se opuso a que bateara, meses después el presidente de la Americana, Bobby Brown, lo autorizó para hacerlo el 30 de septiembre, pero Chicago se negó.

Teniendo 70 años salió al terreno el 30 de julio de 1993 con el Saint Paul, en Ligas Menores, siendo dominado en roletazo al lanzador Seo Yoghi, del Thunder Bay.

El 16 de julio del 2003, con 80 años, se convirtió en el primer jugador en participar durante siete décadas al menos en un partido en la pelota organizada, siendo el de mayor edad.

Con el Saint Paul, de la Northern League, recibió boleto como designado ante el zurdo Tim Byrdak (Railcats).

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