Clemens y Martínez, el cruce entre la gloria y el desprecio
De lo sublime a lo ridículo a veces hay solo un paso, en otros casos un puñado de percepciones y hasta alguna acusación, como en el de Roger Clemens, porque a nadie se le escapa el simbolismo de una jornada en la cual Pedro Martínez ha entrado en la historia de manera oficial, reverenciado al límite en la piel del lanzador más grande que Boston tiene para mostrar al mundo.
A muchos no se les escapa la ironía: el enorme Pedro tiene hasta la última gota de inmortalidad en su pequeño cuerpo de pitcher, pero en un mundo distinto el primero debió haber sido el gigante Clemens, cuyos números apagan la voz y nublan los sentidos ante su magnitud: siete Cy Youngs, 20 temporadas con 20 o más victorias, dos Triples Coronas, siete veces líder en efectividad...¿en serio? A no dudarlo, Clemens puede haber sido el mejor serpentinero que jamás haya vestido el uniforme patirrojo.
Pero mientras a Pedro esa misma prensa con la cual no siempre tuvo la mejor de las relaciones le abre las puertas a Cooperstown, a Clemens se la cierra cada vez más en su cuarto año de elegibilidad en la boleta con un porcentaje de aceptación –apenas 37.5- que no acaba de levantar cortesía de sus vínculos con sustancias prohibidas.
Clemens pasó 13 temporadas en Boston, casi el doble de Pedro, pero él mismo se trajo los polvos que ahora le enlodan, primero a raíz de la incriminación de su mejor amigo, Andy Pettitte, quien aseguró –aunque luego reconoció no estar seguro- que el temido lanzador le había iniciado en las dudosas artes del uso de los esteroides.
Luego vino el largo diferendo con el ex entrenador de los Yankees, Brian McNamee, quien en el funesto Informe Mitchell aseguró haber suministrado sustancias prohibidas a Clemens en las temporadas de 1998, 2000 y 2001. Baste decir que el nombre de Clemens aparece 85 veces en el informe, aunque el fornido lanzador jamás falló una prueba de antidopaje, lo cual tampoco dice mucho si recordamos la historia de Lance Armstrong.
A Clemens se le acusaba de Divo en sus retiros y regresos, de ser cruel con sus compañeros de equipo, de quejarse porque no le llevaban su equipaje, de criticar al Fenway Park por considerarlo anticuado, de hacer comentarios controversiales como cuando Japón y Korea disputaban la final del II Clásico Mundial y el derecho apuntó que “todos las lavanderías estaban cerradas, todos [los trabajadores] estaban en el juego’’.
Pero nada de eso hoy importaría si Clemens no estuviera bajo la lupa de la sospecha contrario a esos otros grandes que también entraron a Cooperstown al lado de Pedro, Randy Johnson y John Smoltz. Todos callaban y aceptaban porque era tan magnífico en el box, tan intimidante, tan dominante que otro tipo duro como Jason Giambi expresó que “hasta yo le llevaría su equipaje, mientras se encuentre lanzando en la lomita’’.
A pesar de todo, el hecho de que Clemens –al igual que muchos otros en su situación- vea como se reducen sus posibilidades de entrar al Templo no significa necesariamente una acusación directa, sino es apenas para muchos periodistas la inconformidad de no saber a qué atenerse con esta generación que echó mano a los esteroides. ¿Hasta qué punto estos siete Cy Youngs fueron obra de la química o de su propio esfuerzo? ¿Cuántos de ellos son limpios y cuantos manchados?
Todo es conjetura y los dueños del negocio, las Grandes Ligas, pretenden que los periodistas, maltrechos y agobiados por las crisis en sus respectivos diarios, aporten la solución definitiva en este tema fundamental que ha creado un cuello de botella que incomoda y al cual no se le ve luz alguna en ninguno de sus túneles.
Hoy, sin duda, es el gran día de Pedro. ¿Podrá alguna vez Clemens sentir lo que siente el dominicano?
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2015, 5:47 p. m. with the headline "Clemens y Martínez, el cruce entre la gloria y el desprecio."