Béisbol

Los cubanos en Grandes Ligas y la violencia doméstica

Como un árbol caído, así está ahora mismo Héctor Olivera. Listo para que la prensa y la opinión pública hagan leña de su reputación, tras un incidente de violencia doméstica que pudiera tener repercusiones muy negativas para su carrera y su futuro en los Estados Unidos.

Olivera fue apresado en horas de la mañana de este martes, luego de que una mujer dijera a la policía que había sido agredida por el pelotero, sin que se conozcan más detalles de una situación personal embarazosa en medio de una situación de equipo caótica. Los Bravos, que siempre fueron ejemplo dentro y fuera del terreno, se encuentran bajo la inundación del desastre.

Más allá que se presenten cargos oficiales o no, la primera acción de Grandes Ligas no se ha hecho esperar y de acuerdo con su política contra la violencia doméstica y abusos, Olivera ha sido suspendido de manera administrativa por las Mayores, que no es otra cosa que dejarlo sin jugar hasta que todo se aclare y se pueda formular una resolución sobre lo sucedido.

Ya el hacha del comisionado del béisbol, Rob Manfred, estuvo muy cerca de cortarle una rama a Yasiel Puig y sí cayó con fuerza encima de Aroldis Chapman, a quien suspendió por 30 encuentros, a pesar de que no se presentaron cargos oficiales por otro incidente en el cual, incluso, se habrían disparado tiros.

No se trata, entonces, de sumar las manos y descargar el hacha del castigo sobre Olivera de manera despiadada, pero no hay que ser ingeniero de la NASA para advertir que los jerarcas de la pelota organizada sentarían con el de Santiago de Cuba una especie de precedente, que ya creían haber establecido con Chapman.

Puig, Chapman, José Reyes…Olivera. La violencia doméstica no conoce de fronteras ni idiomas, pero es triste comprobar que los cuatro investigados son latinos, y tres de ellos cubanos, algo que debe servir no para señalar una tendencia sino para detenerla en el futuro inmediato, sin que medien excusas como el cambio de cultura y la adaptación. Para lo horrendo no hay pretexto suficiente.

También deben preguntarse aquellos que lo rodean si han hecho lo suficiente para ayudarlo en la transición, en alertarlo sobre las trampas y los peligros de no respetar la ley, de apartarse de ese bien inmenso que significa ser un buen ciudadano, una persona cabal. No se trata solo de firmar el contrato millonario y ya. La Libertad, sobre todo la financiera, entraña responsabilidad.

Hasta que no se demuestre lo contrario, nadie tiene derecho a incriminar a Olivera. Sin embargo, no se puede pasar por alto el hecho, la denuncia y lo que puede acarrear. Reyes, por ejemplo, no está acusado formalmente, pero sigue en el dique seco, sin ver el sol de las Mayores hasta que al Comisionado le de su gana, como mismo le ha comenzado a suceder al jardinero de los Bravos.

Al final, los peloteros latinos y sobre todo los cubanos deben entender que cada acto trae consecuencias, que el dinero y la fama -los carros, las joyas, los supuestos amigos- son cosas pasajeras, que son figuras públicas y, quiéranlo o no, figuras seguidas por niños y jóvenes. Entender que este es un país de leyes y que, aunque no siempre lo parezca, nadie está por encima de ellas. Esto que sirva a los firmados y a los que van a firmar.

Cuando se ha alcanzado un nivel de notoriedad en cualquier rama de la vida, lo que separa al héroe del villano es la borrosa línea del libre albedrío. La capacidad para lo bueno o lo malo, o utilizando la filosofía de George Lucas, estar del lado oscuro o luminoso de la Fuerza.

Esta temporada se antojaba vital para Olivera, después de señales intermitentes en el terreno de juego, de firmar uno de los contratos más voluminosos para un cubano ($62.5 millones) y para aprovechar el tiempo que le quedaba de vida realmente útil en su carrera, pues con 31 años ya no es un prospecto.

Para Olivera -con promedio de .211 en el inicio- este es el tiempo de producir, ya, sin demoras y sin pausas, para demostrarle al mundo y a sí mismo que no está destinado a ser un fracaso, alguien a quien se le dio un contrato y no vivió a la altura del mismo.

Ahora todo eso está en una espera. Los Bravos contemplan el deplorable estado de una contienda que se les va de las manos de manera irremediable y Olivera la posibilidad de una pena severa, ejemplarizante. Veremos con que fuerza baja el hacha del castigo sobre el árbol de su vida.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de abril de 2016, 2:36 p. m. with the headline "Los cubanos en Grandes Ligas y la violencia doméstica ."

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