Lanzador de los Marlins alcanza marca importante, pero el equipo se hunde en una debacle final
Sandy Alcántara hizo lo que tantas veces se espera de él: tirar con jerarquía, dominar con autoridad y mantener a su equipo en el juego.
Durante siete entradas completas, el dominicano solo permitió tres imparables y dos carreras, mientras ponchaba a siete. Fue un guiño a aquel ganador del premio Cy Young que los Marlins sueñan recuperar.
A pesar de todo, Alcántara no se llevó la victoria porque los Bravos aprovecharon un desastre en la novena entrada de los Marlins para vencerlos el martes en la noche 11-2, en un desafío que tuvo dos caras: la brillante de Alcántara y la debacle del noveno.
“Todos se nos escapó en el noveno inning’’, reconoció el mánager Clayton McCullough.
“Pero Sandy estuvo muy bien. Cada vez nos recuerda más al Sandy de su mejor versión, con dominio de la recta de los lanzamientos secundarios. Es un profesional. Trabajó muy duro para llegar a este punto’’.
Con Alcántara en el montículo, Miami se mantuvo a flote y logró igualar el choque 2-2 en el séptimo capítulo gracias a un wild pitch que permitió anotar a Javier Sanoja.
Todo pintaba para un final cerrado en el loanDepot park, con la esperanza de que los bates pudieran hacer el resto.
Para el derecho dominicano no solo se trató de su tercera apertura de calidad consecutiva y darle un vuelco total a la temporada, sino de alcanzar la marca de los 900 ponches en su carrera de Grandes Ligas, convirtiéndose en el quinto lanzador de su país en lograrlo.
“No soy muy dado a celebrar esos números, pero es algo que me alegra’’, apuntó Alcántara.
“Ciertamente, este momento es una prueba de la resistencia, de no bajar la cabeza ni en los peores momentos. Ahora se trata de no retroceder, sino de avanzar más en las próximas aperturas’’.
Pero entonces llegó el noveno inning y con él la catástrofe.
El bullpen de Miami, incapaz de contener a la ofensiva de Atlanta, se desplomó -en los brazos de Tyler Zuber y Josh Simpson- en una secuencia que los fanáticos no olvidarán fácilmente: nueve carreras en un solo episodio, un verdadero derrumbe colectivo.
El verdugo mayor fue Ozzie Albies, quien conectó dos jonrones en la noche, incluyendo un tablazo de tres carreras en esa novena que sentenció el partido.
Antes, Vidal Bruján y Dylan Baldwin habían adelantado a los Bravos, mientras que Ronald Acuña Jr. y Eli White agregaban leña al fuego con más empujadas.
En cuestión de minutos, lo que era un empate vibrante se convirtió en una paliza.
Los Marlins, que habían conectado diez imparables y mostrado destellos ofensivos con Xavier Edwards, Jacob Marsee y Liam Hicks, volvieron a sufrir con la falta de bateo oportuno: se fueron de 7-1 con corredores en posición anotadora y dejaron a ocho hombres en circulación.
La otra cara de la moneda fue Hurston Waldrep, novato de los Bravos que mantuvo a raya a Miami durante 5.1 entradas, con ocho hits permitidos pero apenas una carrera limpia y sin otorgar boletos. El bullpen de Atlanta respondió y eso marcó la gran diferencia.
Al final, la historia del juego se escribe en dos capítulos: el brillo de Alcántara, que mereció mejor suerte, y la debacle del relevo en la novena, que permitió a los Bravos concretar un triunfo que parecía escapárseles.
Una vez más, el talón de Aquiles de los Marlins quedó expuesto a la vista de todos.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de agosto de 2025, 10:22 p. m..