Boxeo

Al más abusador de todos los boxeadores, ¿le abandona el terror puro que inspiraba?

SERGEY KOVALEV entrena mientras Buddy McGirt lo contempla de lejos.
SERGEY KOVALEV entrena mientras Buddy McGirt lo contempla de lejos. Top Rank

El abusador sabe que está al borde del abismo. El hombre que generara toneladas de miedo con su sola presencia en el ring baila encima de una cuerda floja que se mueve sin malla de seguridad en lo profundo. Sergey Kovalev sabrá este sábado si logra conjurar la caída o se pierde en la oscuridad.

Su rival, Eleider Álvarez también contempla una encrucijada. ¿Ganó acaso con un golpe de suerte en la primera pelea o resultará un campeón legítimo y de larga duración? Pero su perspectiva es menos terrible que la del ruso dentro y fuera del cuadrilátero.

Queda por ver sí los problemas legales emanados de un supuesto ataque contra una mujer en California –le están pidiendo $3 millones- repercutirán en el cuadrilátero montado en Frisco, Texas. Si los ecos legales se apreciarán en la pantalla de ESPN.

Los reportes no son nada buenos para Kovalev. Dicen que abusó del alcohol, que estrelló su auto contra unos arbustos y se vio obligado a emprender un retiro espiritual en el monasterio del Monte Athos, en Grecia, una especie de Meca para los creyentes ortodoxos.

Kovalev niega su dependencia de la bebida, así como el acto de violencia que se le imputa en una corte, pero algunos pecadillos habrá debido de expiar en la soledad remota de su alejamiento. El hombre acostumbrado a destruir semejantes buscó algún tipo de paz interior.

Desde las dos derrotas –la primera creo que la ganó- frente a Andre Ward no ha sido el mismo. El fracaso ante Álvarez no hizo otra cosa que vulnerar su estatus de guerrero temido. Si a Kovalev le abandona ese miedo que suele proyectar en sus rivales, no le queda nada. A los 36 años, poco o nada.


No cabe duda de que iba delante en las boletas de los jueces, cuando llegaron los golpes del colombiano en el séptimo asalto. De cierto modo, Kovalev se hizo viejo en el momento que menos lo necesitaba. Le costó trabajo descifrar primero y asimilar luego el castigo de su oponente. No vio venir el impacto. Luego ya era demasiado tarde.

Álvarez va motivado. Estima que de aquella noche en que se convirtió en campeón a esta, Kovalev se ha hundido más, ha perdido cualidades, reflejos, pasiones. La acusación de asalto puede ser prueba de ello. Sin duda, los mejores días del “Krusher’’ son historia.


En un tiempo relativamente corto ha cambiado tres veces de entrenador. Ahora lo acompaña Buddy McGirt en la esquina, un hombre que ha insuflado vida en boxeadores que parecían acabados. Kovalev, sin embargo, resulta impredecible.

¿Le quedará alguna gran noche aún? Quién sabe. Desde el 2009 al 2016 era intocable, solo tres de sus primeras 27 peleas profesionales llegaron al límite de tiempo, pero precisamente eso, tiempo, ya no le queda mucho. Y él debe saberlo.

Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.


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