¿Cómo cultivar una audiencia no cubana fuera de Miami? Luis Ortiz pudiera tener la respuesta
Ha pasado tan poco, casi nunca. Que un público en este país grite el nombre de un boxeador cubano parece un hecho de ciencia ficción. Hay tantos errores propios y ajenos, tanta mala prensa, que resulta muy difícil generar una verdadera afición más allá de las fronteras étnicas.
Y, sin embargo, aquí estaban más de 7,300 aficionados estadounidenses en su mayoría coreando el nombre de Luis Ortiz, o mejor dicho, el apodo por cual va siendo conocido en los corrillos del boxeo: King Kong.
En varios momentos de su pelea del sábado contra Christian Hammer, Ortiz sintió como el público lo aupaba, con una intensidad que quizá ni siquiera hubiera sentido en Miami. Un público que vino a verlo no por bandera ni nacionalidad, sino por lo que representa para el boxeo, por lo que se ha ganado.
Un público, sin duda, que recordó su nombre desde aquella pelea de marzo del 2018, cuando estuvo a punto de destronar a Deontay Wilder en una noche electrizante que ofreció una candidata a Pelea del Año. La afición del boxeo es dura, pero sabe premiar la entrega.
En todo mi tiempo de coberturas de boxeo, nunca había visto una asistencia no cubana tan identificada con un guerrero de la mayor de las Antillas, algo que Ortiz deberá capitalizar en lo mucho o poco que le reste de carrera. Al menos ya sabe que en Brooklyn tiene un público dispuesto y cariñoso.
Otro elemento que ha contribuido a la popularidad de Ortiz es que se mantiene vigente. Aquí habría que darles la mano a todos aquellos que se encargan de llevarle la carrera. El gigante pelea cada cuatro o cinco meses y así es fácil recordarle.
Por otra parte, cada vez que se toca un tema de Wilder, Anthony Joshua o cualquier otro pesado del momento, también se habla de Ortiz. Se ha ganado el derecho de estar en la conversación, de ser comparado y tomado en cuenta.
Esto no es poca cosa para un hombre que, como todos sus compatriotas en el boxeo, carece del respaldo de su patria natural y de los millones de aficionados que debían llevarlo en andas. Un hombre que tampoco domina el inglés, algo que afecta a todos los púgiles cubanos.
Pero Ortiz se ha ido labrando su reputación, creciendo su territorio personal. Lo conocen en Brooklyn, en Los Angeles en Londres. Que más de 7,000 personas lo hayan ido a ver –junto con Erislandy Lara- bajo una nevada de miedo en Nueva York, dice mucho de lo logrado en términos de aceptación y reconocimiento.
Ojalá al King Kong, a unos días de cumplir sus 40, se le den las peleas que busca, sobre todo la revancha con Wilder, porque eso cimentaría su estatus dentro del mundo del boxeo y haría crecer su base de fanáticos a otro nivel en todas las junglas del mundo.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de marzo de 2019, 11:11 a. m..