Boxeo

Kid Chocolate y El Perro, interesante pero irrelevante en un panorama desolado

A estas alturas de la vida, ninguno de los dos parece ir a ninguna parte. En un fin de semana desolado de boxeo, la pelea de Peter “Kid Chocolate” Quillin y Alfredo “El Perro’’ Angulo se invita sola ante la falta de competencia. Puede ser interesante, pero también irrelevante.

Ambos sostendrán un choque el sábado en Bakersfield, California, que se ubica entre esos altibajos de Premier Boxing Champions, una promotora capaz de poner combates de alto nivel como el del próximo 28 de septiembre entre Shawn Porter y Errol Spence jr., combinado con otros como este donde se enfrentan dos veteranos que vieron pasar sus mejores tiempos.

Puede ser interesante, porque donde quiera que se presente Angulo, a sus 37 años, la cordialidad está fuera de lugar. Alguna vez muchos le temían. Su pegada no era segunda de nadie, aunque su defensa fuera la peor de todas. El Perro trataría de morder a su adversario sin importante nombre ni condición.

Pero con el paso de los años se fueron agolpando las golpizas en su cuerpo. Quien no recuerda la ensangrentada batalla contra James Kirkland, el castigo que le propinara su compatriota Saúl Canelo Alvarez. Dos veces tiró a Erislandy Lara obligando al cubano a sacar de sus reservas de emergencia para ganar el combate.

Si no tuvo habilidades boxísticas en su esplendor, ahora menos le quedan recursos como no sea extender sus brazos e intentar podar lo que le pongan delante. El mexicano resulta apenas una sombra de lo que fue. Debería estar retirado, pero hombres como él no saben decir basta hasta que la vida se lo grita en la cara.

El cubanoamericano Quillin, con un año menos que su oponente, viene por un camino distinto. Alguna vez estuvo en la elite de las 160 libras, un campeón del mundo al que malas decisiones en su carrera y un nocaut devastador a manos de Daniel Jacobs lo tiraron a un recodo del camino.


Kid Chocolate prometía más que el Perro. Logró más que el Perro, pero al final sintió los colmillos de sus propios errores y ahora quizá sea demasiado tarde para recorrer el sendero de vuelta a la cima de la montaña. ¿De que le serviría a este hijo de un cubano llegado en el Mariel un triunfo sobre Angulo? Sospecho que no de mucho.

Así y todo, los veremos este sábado tratando de ahuyentar los fantasmas que suelen agobiar a los boxeadores veteranos, en pos de un último retazo de luz que les permita alimentar la esperanza para ser llamados a otra cartelera como esta. Quién iba a decir que todavía podían servir para protagonizar una noche.

Quillin aún piensa en títulos, en heroicidades de última hora y aplausos de multitudes. Angulo no se engaña. El sabe que está aquí para tirar golpes y recibir castigo, ni más ni menos. Claro que quiere ganar, pero si pierde eso no le corta la respiración ni le agita el pecho. Pase lo que pase, ya vendrá otro cartel y otro rival, que para eso está el Perro.

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