Boxeo

Boxeador cubano destierra demonios y ofrece muestras de crecimiento en su segunda pelea profesional

Finalmente llegó el Tren que estábamos esperando. Robeisy Ramírez mostró un claro progreso en su segunda presentación profesional y desterró, en gran medida, los demonios de su terrible debut al imponerse por nocaut en el sexto asalto a Fernando Ibarra de Anda.

Existía mucha expectativa por ver al doble campeón olímpico en su segundo combate en el pugilismo de paga, tras caer por decisión dividida frente a Adan González en Filadelfia, pero Ramírez exhibió un progreso ostensible de la mano de su nuevo entrenador Ismael Salas.

Si en agosto pasado Ramírez era hundido por la autocomplaciencia y la sorpresa de su primer conteo, ahora se advertía a un guerrero comprometido consigo mismo, que no perdió el enfoque en ningún momento y golpeaba con una mayor convicción.

La visión de un Ramírez vencedor debe haber puesto un rictus de alivio en el rostro de los jerarcas de Top Rank, que inicialmente vendieron al cubano como una segunda reencarnación de Vasyl Lomachenko, sin percatarse de que cada guerrero escribe su propio destino de una manera diferente.

El de Ramírez tuvo ese tropiezo que quizá fue necesario para que entroncara con Salas, quien había prometido retornarlo a la conversación de gran prospecto en las 126 libras con una demostración que alejaría dudas en la capacidad para convertirse en un profesional con todas las de la ley.

Después de cuatro semanas de entrenamiento, Salas estaba convencido de que Ramírez no solo había recuperado la confianza en su tremendo arsenal de boxeador, sino que había dejado atrás algunos vicios del pugilismo amateur con el trabajo en su academia de Las Vegas.

El de este 9 de noviembre en Fresno, California, fue un Ramírez que pegó con precisión, combinó de manera oportuna, entró, salió y se movió a los laterales, jugó bien a la riposta y nunca perdió de vista el cuerpo de su oponente. En algunos momentos bajó la guardia, pero era algo premeditado para ponerle trampas a Ibarra.

Tras un primer round de establecer distancias y marcar territorios, Ramírez fue subiendo en intensidad y -cosa que hacen muy pocos cubanos, al menos en sus inicios- trabajó al cuerpo, dejándolo todo listo para esa andanada final del sexto round, con destaque para dos ganchos que doblaron el cuerpo del mexicano y decretaron la intervención del árbitro.

Ramírez se preparó muy bien, porque sabía todo lo que estaba en juego. Por eso realizó múltiples sesiones de sparrings con boxeadores de diferentes estilos, geografías y niveles, desde reconocidos campeones hasta chicos amateurs que están a punto de debutar.


Dos de los nombres que sobresalen entre quienes han realizado sesiones de sparrings con Ramírez son Kazuto Ioka, un japonés cuatro veces campeón del mundo, y el filipino John Riel Casimero, uno de los reyes del peso gallo que unos días enfrentará en Birmingham a Zolani Tete.

Ahora, con esta victoria bajo el brazo, Ramírez puede contemplar el porvenir con más calma, sus promotores en Top Rank respirar con alivio y sus miles de seguidores esperar nuevas presentaciones del cienfueguero. Ahora, al menos, hay un futuro.

Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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