Boxeo

Entrenador de Miami vivió la amenaza del COVID-19 durante ocho semanas junto a sus púgiles en el gimnasio

Nada más puso un pie en el aeropuerto, Germán Caicedo supo la noticia. El país echaba el cerrojo por temor al coronavirus y con el el boxeo. El entrenador, que iba rumbo a una pelea con el cubano Liván Navarro, tuvo que regresar a casa, pero no a la suya junto a su familia, sino a esa otra donde suele pasar la mayor parte del tiempo: el gimnasio.

Durante ocho semanas y mientras el COVID-19 ha ejercido su terror en la sociedad, Caicedo se ha mantenido en su cuartel general de entrenamiento junto con seis boxeadores que no son de Miami y quedaron atrapados en la encerrona, sin poder trasladarse a sus hogares.

“No podía abandonarlos, no podía irme y dejarlos a su suerte entre estas cuatro paredes’’, comentó Caicedo, quien posee en su establo, entre otros, a Luis “King Kong’’ Ortiz. “¿Qué clase de líder sería yo, si me hubiera marchado, sin preocuparme por ellos? ¿Cómo podría exigirles sacrificio en el ring?’’.

Afortunadamente, Caicedo suele tener siempre provisiones de todo tipo para los largos campamentos de entrenamiento y ante la eventualidad de huracanes tan amenazantes en Miami, de modo que no faltaba la comida, ni elementos sanitarios para él y sus pupilos.

Por otra parte, el gimnasio de Caicedo es, literalmente, una casa. Dentro del edificio existen varias habitaciones que sirven de morada a quienes vienen desde lejos para entrenarse rumbo a peleas importantes o para quienes, a veces, no cuentan con los recursos necesarios durante un campamento.

“Durante estas semanas hemos tratado de hacer la mejor convivencia posible, guardando las medidas de distanciamiento social’’, agregó Caicedo. “Nuestro gimnasio es bastante completo. Así que los muchachos se mantuvieron entrenando, sin contacto físico, pero no han dejado de hacer cosas necesarias para cuando suene de nuevo la voz de box’’.

Al principio su familia real no entendía la decisión de aislarse en el gimnasio, pero Caicedo les hizo entender lo importante de convivir con sus púgiles durante semanas tan complicadas hasta que lo peor pasara y la “nueva’’ normalidad se instalara en el devenir de los días.

Precisamente, este martes Caicedo regresó a su hogar de familia, pero seguro de que sus boxeadores estaban sanos y salvos, y en la mejor manera posible para recomenzar los entrenamientos especializados con la mira puesta en un inicio de temporada bastante frenético.

Y si bien se mantenía en contacto estrecho con sus chicos en el gimnasio, Caicedo también abrías las líneas de comunicación constante con otros guerreras residentes en Miami, como Ortiz, quien se construyó un gimnasio en su casa y tampoco ha dejado de entrenar.

“Luis debe regresar entre agosto y septiembre, pero tú lo conoces bien, no puede estar inactivo’’, explicó Caicedo, quien aprendiera su arte del legendario Angelo Dundee. “Desde Luis hasta el último de nuestros púgiles, todos están deseosos de volver al ring. El coronavirus nos puso un alto, pero ya el boxeo empieza a revivir’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de mayo de 2020, 9:14 a. m..

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Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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