Lara regala una clínica de boxeo y demuestra que lo que pierde en edad lo gana en experiencia
Cuando le preguntaron a Erislandy Lara quién era el mejor boxeador cubano, el dos veces campeón profesional mencionó el nombre de Joel Casamayor. Por supuesto que hay otros, pero el guantanamero ofreció su razón: “es el mejor que yo haya visto’’.
¿Puede ser Lara el mejor que esta generación haya visto? Por ahora no hay una respuesta definitiva, pero tras ver cómo dispuso el sábado en la noche de Greg Vendetti y tras reafirmar su deseo de seguir combatiendo hasta ser el rey indiscutido de las 154 libras, su candidatura debe ser considerada.
Decir que Lara puso una clínica de boxeo el sábado en la noche ante Vendetti no le haría justicia a su actuación para vencer por decisión unánime y retener su faja de la Asociación Mundial del Boxeo. Quirúrgico, preciso y eficiente, el cubano recordó que sigue siendo uno de los mejores púgiles del momento.
A ratos en la zona interior, a ratos en la periferia del fuego, Lara desconcertó a un Vendetti que no supo resolver el enigma y que en ocasiones llegó a estremecerlo con impactos directos, como sucedió en el cuarto y séptimo rounds, además de mostrarle un truco -uno de los más viejos- al indicarle algo en el zapato.
Nadie que sepa mínimamente de boxeo puede criticar la actuación de Lara. Su accionar fue elegante, pero efectivo, inteligente pero sin perder el pulso. ¿Qué se echó de manos un nocaut? Eso sería como echar de menos un brochazo en una obra maestra.
Vendetti intentó y buscó, pero Lara lo hacía fallar pelando en retroceso. Digamos que fue un rival decente, aunque muy lejos de la excelencia del cubano, que quizá no tenga la movilidad de la juventud y, sin embargo, resulta capaz de blindar su defensa. Lo que uno pierde con la edad, lo gana en en experiencia.
Hace rato que Lara rompió el mito del “cubano aburrido’’ tras presentaciones duras como las que sostuvo ante Alfredo “El Perro’’ Angulo, Paul Williams, Jarrett Hurd y Brian Castaño, para poner algunos ejemplos. Y siempre quedará el debate sobre si mereció o no la victoria sobre Saúl “Canelo’’ Álvarez.
Más allá de cualquier consideración, no cabe duda de que Lara se mantiene en la élite de las 154 libras, una división revigorizada para la emergencia de figuras como Jeison Rosario, Jermall Charlo e Israil Madrimov, y la permanencia de otros como Tony Harrison y el propio Hurd.
Lara tuvo un gran profesor en Ronnie Shields y con él tuvo grandes momentos, pero realizó un cambio a tiempo para volver al lado del maestro Ismael Salas, quien entiende los trazos de un cuerpo veterano y lo que necesita para extender su carrera en medio de tantos leones jóvenes.
No cabe duda de que Lara ha dejado una huella y piensa ahondarla, pero eso solo ocurrirá contra rivales de mayor calado más allá de lo que puedan representar un Ramón “Inocente’’ Álvarez. y un Vendetti, en una categoría que ahora mismo anda en busca de un propietario pleno.
Durante mucho tiempo Lara fue dueño de un cetro y ahora tiene otro en la cintura. Él quiere los otros y los mayores, mientras quienes le rodean en las 154 libras desean su faja y el mérito que representa una victoria sobre uno de los boxeadores más inteligentes y eficientes que haya pisado un ring en la última década.
Poco a poco y sin estridencias, Lara ha ido entrando en ese espacio de excelencia y respeto en el boxeo. Cuando Vendetti le llama “uno de los mejores de esta generación’’ no se trata de un cumplido hueco para aumentar su reto, sino una verdad como un templo.
Todavía no lo está, pero quien sabe si algún día escribimos en la misma oración los nombres de Joel Casamayor y Erislandy Lara. Eso no sería poca cosa.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de agosto de 2020, 10:58 p. m..